Ecocidio patagónico: reconocer a brigadistas y bomberos

Todos estamos admirados, conmovidos, asombrados y orgullosos de su entrega. Pero con medallas, diplomas, espacios periodísticos y aplausos, ¡no alcanza!

Por estos días, nuestros brigadistas y bomberos voluntarios se juegan la vida batallando en desigualdad de condiciones y sin pertrechos apropiados suficientes (logística, aviones hidrantes, etc.) contra los fuegos y sus connotaciones que nos afectan puntual e inéditamente con creciente fiereza, desastre y devastación.

Ante ello resulta justo y necesario poner de relieve a cada uno de nuestros nuestros bomberos, los que aún en supina inferioridad de condiciones, no retacean su “voluntaria” disponibilidad personal, vital, absoluta, permanente e inmediata harto probada; su arrojo, valentía y heroísmo; la hidalguía de su noble temperamento, grandeza de espíritu y generosidad intergeneracional sin intermitencias.

Los titulares de semejantes destratos públicos y privados, son al fin y al cabo quienes, magnánimamente, están logrando en la medida de lo imposible salvar vidas, fauna, biodiversidad, recursos naturales (vg., flora, biomas, biósfera, etc.), propiedades, paisajes y mucho más.

Agravaría e incrementaría nuestra deuda e ingratitud, la implícita influencia social altruista de valores y actitudes solidarias absolutamente ejemplares que se desprende de todos los bomberos voluntarios -con y sin uniformes- sobre la conducta y el comportamiento humano en la sociedad.

Valores, gestos y actitudes sostenidas, definitivamente invalorables, insuperables e interpelantes en la genérica perspectiva reflejada en las redes en hashtags de #Entrega, #Cuidado, #Generosidad y #¿Reciprocidad.

A todo esto, recurrentes, flagrantes e inexplicables mezquindades, omisiones y excusas desde el poder, nos permiten preguntarnos: ¿Qué más hace falta que hagan, ofrenden y demuestren nuestros bomberos , ya en categoría de “héroes anónimos, vivientes” para activar con trámite exprés la legislación necesaria, apropiada y suficiente para abastecerlos, pertrecharlos y viaticarlos diariamente, remunerarles mensualmente y asegurarles un retiro decoroso (no como el actual)?

Para que cada uno de estos ciudadanos que “en el océano de la disparidad” se entregan por nosotros, “los demás”, dejen de trabajar en condiciones cada día más absurdamente expuestas, ridículamente extremas e inmanejables.

Se trata de hombres, mujeres y jóvenes que dejan a sus familias, tareas, estudios, intereses, talleres u oficios para combatir las llamas… cuándo, cómo, dónde, con lo que tengan o puedan y hasta que sea necesario.

¿Cuántos bomberos en su periodo laboral ordinario de vacaciones, cumpleaños, festejo o adversidad familiar, nochebuena o año nuevo, en lugar de pasarla con sus familias y amigos, tienen que estar en la primera línea y al frente del combate ígneo, manteniéndonos a salvo de éste, aquél u otro incendio, cada vez más feroces e inclementes?

Bienestar de los bomberos


Su servicio, entrega y ofrenda personal sin reservas, deben ser generosamente reconocidos, enaltecidos y estudiados (Educación Constitucional Ambiental) en términos institucionales y éticos. Su sacrificio ejemplificador y “contagioso” ya no debe ser ignorado ni despreciado con el fuego de las excusas.

Lo cierto es que todos estamos admirados, conmovidos, asombrados y orgullosos de nuestros bomberos.

Pero con medallas, diplomas, espacios periodísticos y aplausos, ¡no alcanza!

Entonces enoja y cuesta admitir que, por ahora, las cosas aún son cómo no deberían ser, cuando la escala de valores y consideración axiológica institucional, son ajenas y adversamente extravagantes para los urgentes e importantes intereses y derechos humanos de la gente afectada por cada incendio o tragedia; un cuadro agravado por la eventualidad de otro ecocidio, impune.

Por último, toda conciencia de ciudadanía como virtud cívica nos urge activar responsabilidades y deberes tanto institucionales, personales solidarios como profesionales y comunitarios.

Ésta, y no otra, es la mejor garantía de la consagración de los derechos, como emanación natural del entrecruzamiento de los deberes de todos.

Ese es el horizonte de una civilización fraternalmente relacional, colaborativa y cooperativa de sujetos éticos para la cual, un sólido, noble y cabal reconocimiento, una segura protección y una digna estimación concreta para el bienestar de la comunidad de nuestros bomberos, ya no debe esperar.

Al menos cuando sobra dinero para legisladores y miembros del tribunal superior de Santa Cruz, por sólo citar un ejemplo.

*Abogado y experto en cooperativismo.


Por estos días, nuestros brigadistas y bomberos voluntarios se juegan la vida batallando en desigualdad de condiciones y sin pertrechos apropiados suficientes (logística, aviones hidrantes, etc.) contra los fuegos y sus connotaciones que nos afectan puntual e inéditamente con creciente fiereza, desastre y devastación.

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