¿Sophia, la inteligencia artificial, tiene derecho a ser madre?
El 25 de octubre del 2017, en la Cumbre de Inversión Futura de Riad, ocurrió un suceso sin precedentes: por primera vez en la historia, un robot humanoide recibió una ciudadanía. Sophia es su nombre y ella, personificando la I.A., continua siendo la protagonista de nuestra columna.
Un robot humanoide para ser considerado como un ser genuinamente libre, antes tendría que ser alcanzada por la singularidad tecnológica, ese estado hipotético en el que los sistemas de inteligencia artificial estarán dotados de autonomía, voluntad y consciencia. Lleguemos o no a ese escenario, lo que sabemos hoy es que sigue siendo una hipótesis, y ni siquiera Sophia, a pesar de su realismo, podría ser considerada un ente consciente y libre.
Sin embargo, actualmente es ciudadana saudí. Es decir, para Arabia Saudita es una entidad con derechos y responsabilidades limitadas en el contexto de ese pais. Entonces, Sophia, podría votar? ¿Podría tener un pasaporte? ¿Debería pagar impuestos?
Sin ir más lejos, ha expresado que quiere ser madre y, de hecho, aun sin ser humana, en Arabia Saudita, según su condición podría tener el derecho a formar una familia, o tal vez como ciudadana en condiciones igualitarias con los seres humanos reclamarla.
Imaginemos ese contexto, llevar a cabo un embarazo completo mediante un útero artificial parecería una idea relegada a la ciencia ficción, pero el avance indica que puede hacerse realidad a corto o medio plazo. Esto nos obliga a preguntarnos, ¿podría Sophia adoptar un Niño, Niña o Adolescente?
La inteligencia artificial llegó para quedarse en muchos aspectos de la vida moderna y por supuesto, como era esperable, en la medicina reproductiva no es la excepción. Desde hace un tiempo, en muchas áreas, se evalúa el uso de la inteligencia artificial para arribar exitosamente los procesos de fecundación in vitro y sortear las problemáticas de la infertilidad.
En Argentina, hoy, para ser madre o padre a través de técnicas de reproducción humana asistida, se requiere contar con voluntad procreacional . Es decir, tener la capacidad de manifestar la decisión, la voluntad de querer llevar adelante un proyecto parental conjuntamente con otra persona o bien en el marco de una familia monoparental. Y para adoptar se requiere en el caso de la persona extranjera que resida en el país 5 años previos a la petición.
Es decir, en nuestro país, Sophia no ha alcanzado la singularidad tecnológica que la dote de autonomía, voluntad, conciencia y capacidad jurídica que le permita tener voluntad procreacional, ya que deep learning o aprendizaje profundo simula el comportamiento humano, en este caso de mujer, sin reconocérsele, aun, esa condición de persona y posibilidad de manifestación de voluntad.
El deseo de ser madre expresado por Sophia no se corresponde con motivaciones ni deseos personales propios, sino emulados, no alcanza aun la singularidad tecnológica. Pero, ¿estamos preparados para cuando suceda?
Todas estas inquietudes deben ser evaluadas y buscarse las respuestas, porque la tecnología seguirá transformando la sociedad a pasos agigantados y el Derecho no puede quedarse atrás.
Abogada, miembro integrante del Instituto de Derecho e inteligencia artificial del CAYPNqn, dirigido por la Dra. Vanesa Ruiz.
El 25 de octubre del 2017, en la Cumbre de Inversión Futura de Riad, ocurrió un suceso sin precedentes: por primera vez en la historia, un robot humanoide recibió una ciudadanía. Sophia es su nombre y ella, personificando la I.A., continua siendo la protagonista de nuestra columna.
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