Cannabis medicinal, un debate pendiente

01 jun 2018 - 00:00

Es legítimo prohibir una medicina que ha comprobado su eficacia? ¿Quiénes se benefician con la prohibición del cannabis?

Dos preguntas sencillas. Dos simples preguntas que de ser contestadas con sinceridad permitirían superar un debate que desde hace tiempo muchas familias necesitan resolver.

Ninguna de las personas que promueven y recurren al autocultivo quiere vivir en la ilegalidad, nadie desea quebrantar la ley y mucho menos convertirse en un “delincuente”. Antes que eso –muchísimo antes que eso– son mamás, papás, abuelos y hermanos que aman, que aman en mayúscula porque de tal magnitud debe ser el amor para darnos el coraje de enfrentar la ley y desobedecer. Amor que los expone a posiciones límites, frente a una sociedad ausente y estructuras estatales hipócritas.

Y al mismo tiempo el dolor. Dolor del que padece y del que acompaña. Dolor de la enfermedad y de la sociedad enferma, que se niega a ver ese malestar. Dolor de saberse solos, de estar solos, sin ayuda y con dolor.

Es imposible hablar del cannabis medicinal y no hacer referencia a estas dos emociones que cubren todo el debate. El ejemplo de lucha que brindan las madres nos lleva a replantearnos para qué sirve una ley, si acaso no le sirve a la gente.

Estigmatizada durante años, la marihuana es una planta que ha demostrado ser altamente eficaz en el tratamiento de ciertas patologías. No es mágica, ni es milagrosa, es una sustancia que en determinados casos resulta muy útil. Existen estudios médicos que avalan esta afirmación y habría muchos más si se promovieran investigaciones.

Lamentablemente, no parecería ser del interés de los gobiernos impulsar estas acciones. Concretamente en nuestra provincia, los legisladores de JSRN que responden al gobernador Weretilneck han negado sistemáticamente el debate. Hace semanas, y luego de “dormir” durante dos años en los cajones del oficialismo, finalmente caducó el proyecto de ley que proponía incorporar el Charlotte’s Web al vademécum provincial, otorgándole a los rionegrinos los mismos derechos que ya gozan los hermanos chubutenses.

Durante más de un año han sufrido el mismo destrato los restantes proyectos de ley tendientes a adherir al marco nacional. La mera adhesión a una ley nacional que ya rige en el país es para Weretilneck y sus legisladores un tema del que se debe impedir siquiera su tratamiento en comisiones. Nada les importa el dolor de las familias, la incertidumbre y clandestinidad a las que son expuestas.

Es difícil comprender por qué tanta obstinación en torno a este tema. Qué fundamentos pueden estar impidiendo que estos derechos sean reconocidos o qué interés inconfesable los obliga a postergar el debate. No lo sabemos, no lo entendemos y, obviamente, tampoco se explica.

Esta ausencia de un marco legal que los contemple hizo que las familias deban recurrir a la Justicia a peticionar por los derechos que el mismo Estado les niega. El año pasado acompañé a una familia de Cipolletti que necesita que su obra social le cubra esta medicina recetada por un médico. La sentencia fue favorable y el antecedente jurisprudencial será útil a otros casos.

Días atrás, una mamá y una abuela sanantonienses debieron enfrentar los fríos mármoles del Juzgado Federal para pedir por Joaquín. Miles de firmas de una sociedad que está despertando las acompañan con planillas donde cada vecino estampa su afecto. Porque no es por Joaquín, no es sólo por él, es por todos los que necesitan y son ignorados. Es por los cientos de personas que no pueden recurrir a un abogado, o no conocen que por vía del amparo podrían acceder al derecho que les están negando.

Recientemente, y no sin puja mediante, logramos romper el letargo e incorporar el tratamiento de los proyectos de ley para la próxima sesión. Finalmente los rionegrinos podremos darnos el debate que ya han tenido casi todas las provincias y que de manera parcial resolviera el Congreso nacional. Después de dos años de insistencia, posiblemente podamos escuchar y compartir el testimonio de esas madres. Si acaso cumplen con su palabra, los obedientes legisladores de Weretilneck podrán apreciar el amor y el dolor de los que padecen. Quizás así puedan cambiar la posición política de este gobierno, que hasta el momento no ha hecho más que ignorarlos.

Como legislador provincial debo agradecerles a todas las familias que con su ejemplo nos recuerdan cuál debe ser la función que estamos llamados a cumplir en nuestro mandato. Agradecer también el valioso y desinteresado aporte del Dr. Federico Ambroggio, a quien le debemos todos los méritos jurídicos de las acciones impulsadas. Y también pedir perdón por no haber logrado en estos dos años derrotar la obstinación incongruente e infundada de un gobernador al que parece no importarle el dolor de los que sufren, o peor aún, privilegiar el interés inconfesable que lo mantiene en la supresión de este derecho.

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