Oscar Martínez habla de “Kóblic”

El actor le contó a “Río Negro” sus impresiones acerca de interpretar a un policía violento y corrupto en tiempos de la dictadura. Estrena mañana.

Entrevista

Argentina, 1977. Tomás Kóblic (Ricardo Darín) es un piloto militar que se esconde en un pueblito tras haber presenciado y vivido una experiencia atroz. Kóblic no sólo es perseguido por sus camaradas, sino también por su conciencia. Su llegada a esta pequeña localidad distará mucho de pasar desapercibida, ya que atrae la atención de todos su pobladores. Sobre todo de dos personajes en particular: Nancy (Inma Cuesta), una mujer que trabaja en una estación de servicio y vive un infierno personal, y el comisario Valverde (Oscar Martínez), un hombre de la ley violento y corrupto que ve amenazado sus negocios por la presencia del piloto y comenzará a acecharlo implacablemente.

De esto trata “Koblic”, este largometraje de suspenso y acción escrito y dirigido por Sebastián Borensztein, en su vuelta al cine, tras “Un Cuento Chino” (2011). El realizador vuelve a trabajar con Darín y por primera vez en cine con su cuñado Oscar Martínez, que forma junto al primero una dupla actoral de inmenso talento.

Leo González

Mirá el trailer de “Kóblic”

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– ¿Cómo fue la transformación en tu personaje?

– Lo más difícil fue el salto que tuve que dar desde leer el guión a imaginarme haciendo eso, porque me di cuenta ni bien lo leí que se trataba de un personaje muy alejado, y de que tenía que hacer una composición. Y me asustó un poco el riesgo de tener que hacer una tan extrema en el cine, porque este medio te delata mucho por el ojo de la cámara, por el tamaño de la pantalla. Me parecía que yo no reunía las condiciones, el physique du role sobre todo como para un personaje de esa naturaleza. Pero a partir de que Sebastián (Borensztein) me comió la cabeza y me explicó por qué quería que lo hiciera yo tomé el desafío y juntos fuimos imaginando a ese “muñeco”.

– ¿Qué fue lo que te dijo para convencerte?

– Me habló de mi capacidad para transformarme, porque él me conoce. Me dijo también que le gustaba mucho la dupla de Ricardo (Darín) conmigo y le parecía que el hecho de que hiciera una composición le agregaba un ingrediente atractivo adicional a la película, y que confiaba absolutamente en que lo podía hacer.

– Tu personaje es del campo, está muy caracterizado. ¿Cómo evitaste caer en la parodia?

– Bueno, ese era mi temor. Toda esa apariencia externa, de un tipo rústico, ordinario, sucio, con un aspecto físico tan rechazable es la consecuencia de un ser, de una manera de vivir, de relacionarse con el mundo, de pensar y de accionar. Una vez que tuvimos todo eso, más el guión, en donde está muy claro qué es lo que este hombre hace, no fue tan difícil hacerlo. La primera escena que filmo es cuando le comunico a ese coronel que hay un extraño en el pueblo, y ahí estoy como pisando en puntas de pie, no estoy tan mandado quizás porque fue el primer día de filmación. Así como el encuentro que tengo con Ricardo en la ruta la primera vez que aparece mi personaje fue lo último que filmé. Así es el cine.

– Se entiende cuánto tiempo te lleva en adoptar al personaje, ¿pero cuánto tardás en despojarte de él?

– Nada. Lo tengo muy incorporado, solamente mientras estoy haciendo la escena. Sólo me quedaba un poco más con el personaje si en alguna oportunidad surgía el hacer una broma: comiendo ponía su voz o pedía las cosas con ese tono carrasposo que tiene. Pero si estoy trabajando, estoy trabajando. Incluso los dientes, por ejemplo, los primeros días me los ponía y los tenía 10 o 12 horas. Eso entraba a presión arriba y abajo entonces me oprimía mi dentadura, y cuando me los sacaba esa prótesis me hacía como un trabajo de ortodoncia y me dolía un poco el paladar. Después me avivé y los usaba sólo para la toma, y cuando terminaba me los sacaba y los ponía en un vaso con agua porque si no al cabo de usarlo muchas horas me hacía daño. Igual que el pelo, mi propio pelo me lo agarraban con unos clips que son como resortes, entonces me tironeaba mucho y después de un tiempo me empezaba a doler el cuero cabelludo.

“Es un placer trabajar con Ricardo (Darín), nos conocemos desde hace más de 40 años”, reveló. Foto: Martín Heer.

– ¿Es uno de los mejores villanos que encarnaste?

– He hecho bastantes, pero lo que pasa es que el personaje es siempre el personaje y el contexto en el que está, la calidad de la obra en la que está metido, del relato y lo que cuenta. La historia es muy potente, la trama te agarra del cuello desde que empieza la película y no te suelta hasta el final.

– Es la primera vez que trabajás con Sebastián en cine, ¿cómo fue esa experiencia?

– Claro, antes de que fuéramos familiares hemos trabajado en televisión. Hice Tiempo Final (2000-2002), también fui convocado cuando él hacía el programa del viejo –NdR: se refiere a Tato de América (1992)-, como invitado de Tato. Tenía una muy buena relación con él pero todavía no era pareja de Marina. La experiencia fue estupenda. De entrada me expresó una confianza tan grande que mi reto era no defraudarla. También es cierto, y esto no lo dije hasta ahora, el hecho de que también fuera mi cuñado a mí me agregaba una exigencia adicional. Porque él había depositado en mí eso y no era sólo que si fallaba lo hacía a un director, sino que también le fallaba al hermano de mi mujer. Yo sentía eso. Siempre, de todas maneras, trato de hacer lo mejor que puedo y estar bien pero en este caso era doblemente así.

– ¿Qué tal fue volver a trabajar con Ricardo Darín?

– Es un placer para mí trabajar con Ricardo. Nos conocemos hace más de 40 años. Nos entendemos muy bien, muy, muy bien. Nos gusta trabajar juntos, y creo que eso se nota y se ve en la pantalla.

El director Sebastián Borensztein, entre “el comisario Velarde” y “Tomás Kóblic”.

– ¿Qué recordás de la época en que está ambientada “Koblic”?

– Me acuerdo todo. En el año 1975 estaba trabajando en Canal 13, y en el 76 ya estaba protagonizando un programa con Pepe Soriano y Leonor Manso (NdR: “La Batalla de los Ángeles”), que tenía un elenco impresionante. También estaban María Rosa Gallo, Miguel Ángel Solá, Carlo Carella, Walter Santa Ana, y al día siguiente del golpe militar nosotros teníamos que ir a ensayar al canal y no nos dejaron entrar. Poco tiempo después me enteré de que estaba en una lista. En el primer período del golpe se repartieron áreas, entonces yo estaba aparentemente en la mira del servicio de inteligencia de la Marina, y como esa fuerza armada tenía Canal 13 fui prohibido ahí. Después me llaman de Canal 7, que lo tenía el Ejército; pero primero me llama Kive Staiff para el Teatro San Martín. Cuando hablo con él le aviso que estoy en una lista. Recién empezaba esto y no se sabía qué alcance iba a tener, ni el horror que iba a pasar, obviamente. Staiff me dijo que no me preocupara que ahí no estaba prohibido. Me nombró cuatro o cinco actores que estaban en la misma situación que y que no había ningún problema, y así fue como entré al elenco estable del teatro durante dos años.

– ¿Y en la vida cotidiana?

– Recuerdo salir del teatro, ir con el auto, doblar en una esquina y toparte con los controles en donde había un camión del ejército, una tanqueta y te paraban y te revisaban todo. Te levantaban la tapa del baúl, revisaban debajo de los asientos. Me acuerdo de episodios de violencia, de bombas, de ruidos, de estallidos de noche. Yo vivía en Almagro, cerca de la Unión Obrera Metalúrgica, a veinte metros de mi casa tenía el estudio Antonio Berni, que le pusieron una bomba en el portón. Me acuerdo de muchas cosas.

El afiche oficial de “Kóblic”

– El diseño de producción de la película es fantástico. La ambientación, los coches… ¿Te transporta un poco a esa época en algún momento?

– Yo tenía en el año 1977 un auto exactamente igual al que usa Ricardo, un Peugeot 404 blanco, con tapizado en pana y cuero rojo. En cuanto a si te transporta, sí, pero no al horror de la dictadura, pero sí al espíritu de la ficción. Manejar ese Torino que tiene el comisario fue increíble. Un día llegué y me dijeron cuál era el auto que tenía que manejar mi personaje, y que me lo habían traído para que lo pruebe porque al otro día tenía que hacer la escena manejándolo. Me subo, lo manejo y claro, lo que era un autazo en esa época te subís hoy y cualquier auto berreta es mejor: la transmisión es dura, el embrague, etc. Ese coche estaba perfecto, hasta la pintura y el tapizado eran originales.

– ¿Por qué en tu carrera hacés cine y después por unos años dejás? ¿Es una elección filmar películas cada tanto?

– Es que no fui muy convocado para hacer cine. No es una elección personal. Después de “El Nido Vacío” (2008), con la que me fue muy bien y hasta gané el premio al Mejor Actor en el Festival de San Sebastián, me ofrecieron dos libros que no me gustaron hasta que llegó “Relatos Salvajes (2014)”. Algo pasó con el film de Damián Szifron que a partir de ese momento, que afortunadamente coincide con lo que yo quería que sucediera y que es lo que quiero hacer, me llovieron, y todavía me llueven, propuestas para hacer cine. Después de Relatos… vinieron siete películas seguidas.


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