Otra fiesta piojosa en Neuquén
La banda de Ciro Martínez vuelve hoy, a las 21, al Ruca Che. En una entrevista con "Río Negro" repasa los temas de "Civilización".
Se venían los noventa, empezaban a vender el país y Los Piojos salían a pequeños escenarios porteños.
En el verano 89/90 de Villa Gesell actuaron trece veces en quince noches; dormían con pulgas en camas marineras; los vieron unas cien personas por recital. Como con casi todas las bandas de rocanrol, sus primeros espectadores fueron amigos fieles. A esa altura, los temas ya se teñían de sonidos que el grupo aseguró luego como marca registrada. Un acento rioplatense y tanguero asomaba y se expandía de boca en boca. Promediando 1991 dieron un paso grande e inesperado: fueron invitados al Festival de Música Antirracista de Países del Tercer Mundo, en París, junto a agrupaciones locales, de Cuba, Marruecos, Burkina Faso, Malí y España. Y desde entonces la bola no paró: se sumaron los conciertos y las giras. Con «Civilización», último compacto, vienen de tocar en España. Y esta noche, a las 21, estarán en el Ruca Che de Neuquén.
Hoy, Piojos son Gustavo Kupinski (guitarra, bandoneón y coros), Sebastián «Roger» Cardero (batería y percusión), Miguel Ángel Rodríguez (bajo y coros), Juanchi Bisio (nuevo guitarrista que reemplaza a Daniel Fernández desde el 10 de setiembre) y Andrés Ciro Martínez (voz, guitarras y armónica), con quien dialogó «Río Negro» poco antes de tomar el vuelo a Neuquén.
«Que todo ya está montado que millones de despidos» (*)
-Fue el último tema que salió, dos días antes de entrar a estudio. Parecen versos escritos para lo que ahora sucede, consecuencia inmediata de la crisis financiera mundial? Si no fuera producto de tu inteligencia, ¡podría decirse premonición!
-Es que se ve, analizando un poco las cosas que van pasando, cómo está armada toda la historia. Es inevitable ver cómo aquellos que dominan las fuentes de energía, que tienen en sus manos el petróleo y todo lo que mueve máquinas e industrias, no quieren dar ni dan pasos importantes para que se utilicen energías alternativas. Entonces, toda la economía está armada en base a un monopolio y a un sistema que no contempla más que el interés de una minoría. Por lo tanto, lo que ocurra en consecuencia va a afectar a la gran mayoría de la gente, a las grandes masas y es producto no sólo del cambio climático o por las fuentes energéticas que se acaban sino también de decisiones políticas.
«Y si viene un río gris que separe al mundo en dos» (*)
-Eso se refiere a un cataclismo natural, a una respuesta de la naturaleza. Uno describe lo que ve, lo que le parece que ocurre. Por ejemplo, en «Marado» que lo hice en el noventa y? cuatro, salió en el 96, dice: «Y la champaña que descorchan hoy / guarden los corchos para un bote hacer / que viene el río del hambre y de la sed / y ya no hay goles que den de morfar»? Es todo el festejo menemista. El problema no es que yo sea un genio vidente sino que una gran cantidad de personas no quería ver lo que pasaba. Esa fiesta era insostenible.
-Y así nos fue con el derrumbe del 2001. Cuando los hechos evidencian textos fruto de tu creación intelectual y emocional, ¿qué pensás?
-Depende de qué hechos se trate. Si son cataclísmicos, es un bajón, no es algo que me ponga contento. La verdad es que uno puede ver ciertas cosas con anticipación, pero no por una cuestión de videncia, como dije, si no por pensar. Nada más. Y analizar y leer y tener inquietud y curiosidad. A partir de ahí, se puede ver. Y también leyendo historia, puede verse cómo las cosas vuelven a suceder o se van dando.
-Parece que siempre estuviéramos llevándonos la misma piedra por delante.
-Sí, particularmente nuestro país me parece muy así, que todo el tiempo es el gran comienzo, todo el tiempo es la gran oportunidad. Y siempre se desaprovecha, nunca hay un proyecto más allá de los cuatro años que dura un gobierno? Lo único que interesa es salvar las cuestiones del día y conseguir los votos. Igual, las lecturas son muchas y uno no puede hacerse cargo de todas. Cada quien, individualmente, le da la que quiere y puede. Y habrá una mayoría o una cantidad que se acerque más a lo que fue mi intención, pero las interpretaciones son libres.
-Al escuchar reiteradamente un tema por radio o de tanto cantarlo, se termina pasando la letra sin trabajar su sentido, su idea.
-Sí? Tiene que ver con el fenómeno de la repetición. Si la palabra se reitera, va vaciándose de sentido. Pero, cada tanto uno vuelve a caer en el mensaje. Cada tanto se vuelve a escuchar detenidamente.
-Venís de un tour europeo y están de gira nuevamente acá, cantando ene veces la misma canción? ¿Aparecen otros aspectos que los que la motivaron, para darle sentido y motivarte?
-En realidad, a veces, va cambiando la interpretación, lentamente va surgiendo algún arreglo o una melodía, una cosa, otra, pero? Además vamos cambiando la lista de temas, no siempre hacemos los mismos, entonces no me ocurre eso de aburrirme.
-¿La salida de la crisis cíclica será social, individual, o el río gris se viene de todas maneras?
-No lo sé. Creo sí, que queda en cada uno hacer algo y luchar por una idea, por un sentido? Una cosa es la lucha y otra, lo que se logre o que ocurra a nivel mundial. Queda en uno, si se resigna o lucha. Ahí está la diferencia, yo creo. Finalmente, los resultados son ajenos en un punto, influyen muchos factores. Lo único que se puede hacer es luchar por un mundo mejor desde uno mismo y tratar de tener amor por el otro, respeto.
Yo veo, muchas veces, gente que atiende en un banco o en una municipalidad y cuando no me reconocen me tratan de una manera y si alguien les dice, lo he escuchado, «Boluda, es el de Los Piojos», cambian la cara y me atienden bien y rápido, sonríen. ¿Por qué no se puede hacer lo mismo con todo el mundo? Sin necesidad de ser conocido o famoso para que nos traten con buena predisposición. Tener buena disposición hacia el otro ya cambia el mundo, es un comienzo y parte del amor hacia el otro.
El tipo que se queja del municipio o de cualquier otra institución muchas veces tiene la perilla de la luz del baño sin tapa y alguien distraído se puede electrocutar. Digo, si vas a quejarte, tené en orden lo tuyo. El cambio por uno mismo es importante; mejorar uno, respetar al otro es notable. No se trata de tirarlo a la mierda, sino de no darle lo que uno puede, de la onda, de la atención, del amor sin siquiera sacrificio. Si tuviéramos en cuenta al otro, el mundo no sería el mismo.
-Desde el escenario, ustedes respetan al oyente, demuestran amor por lo que hacen, respeto por la inteligencia ajena en las letras?
-Absolutamente, sí. Incluso nos fijamos en confeccionar la lista de temas según el lugar, que la gente se divierta, la pase bien. Ponemos todo en cada recital, no lo hacemos de taquito ni tocamos exclusivamente temas del último disco que grabamos o los que tenemos ganas de hacer nosotros. Consideramos a la gente y eso la gente lo aprecia, lo ve, lo valora. La respuesta masiva del público se relaciona con eso.
-¿Qué te pasa cuando estás delante del público con los brazos abiertos, como queriendo abrazar a todos?
-Es muy difícil de describir, no hay modo de ponerlo en palabras. Son sensaciones intensas, de mucha adrenalina y plenitud. No sé?
Y, a la vez, es bastante tranquilo, no es algo que me saque. No es ir en moto a toda velocidad. Es una sensación más relajada y también adrenalínica. Tiene que ver con la entrega y la plenitud.
(*) De «Civilización», tema que da título al último CD de Los Piojos.
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