Pablo Bernasconi, el creador autodidacta

El artista, que vive en Bariloche, volvió a hacer de las suyas con la segunda parte del genial “Retratos”, en la que caricaturiza a Cortázar, Steve Jobs, Piazzolla, y Messi, entre otros.

LITERATURA

Rostros intervenidos con animales, caracoles, timones de barco y hojas de árboles conforman las composiciones que Pablo Bernasconi reúne en “Retrato2”, en los que sobrevuela la pintura, el dibujo, la fotografía y la escultura, aunque este artista, cuya obra es ya una marca registrada, nunca haya pisado un taller de arte, ya que se confiesa “extremadamente autodidacta”.

“Siempre lo vi a García Márquez con esa nariz”, dice Bernasconi que estampó un loro en medio del rostro del autor de “Cien años de soledad”, puso en los ojos dos granos de café y en el lugar de las cejas, bombachas de encaje rosa viejo, y reemplazó su grueso bigote por un papel escrito a máquina, todo lo cual remite a la obra e imaginario del escritor colombiano.

“Detrás de cada representación hay una decisión tomada a la que le di cabida”, señala en diálogo con Télam. Algunos de los personajes “tienen más acercamiento desde lo visual, otros, desde lo poético, por eso en algunos casos reemplacé la cabeza por un objeto que lo haga reconocible”, explica.

“Creo que a veces la cara no representa al personaje, si no su profesión y lo que construyo tiene más que ver con lo que hizo o dejó de hacer, entonces expongo lo positivo y lo negativo del personaje, porque en realidad nunca me interesó hacer caricatura”.

En el caso del retrato que realizó sobre Jorge Luis Borges, los caracoles que colocó en los ojos “son el símbolo del espiral, del infinito del que hablaba Borges, y de la ceguera; para mí el infinito, el caracol y la ceguera son tan contradictorios y hermosos como concepto que debían estar”, dice Bernasconi, autor de “Bifocal” y “Finales”.

Con 41 años y desde la ciudad de Bariloche, adonde vive desde el 2001 cuando perdió los ahorros que había reunido para comprar una casa en la Ciudad de Buenos Aires, el artista cuenta que construyó un camino muy personal.

“Nunca hice un taller de dibujo, ni de literatura, tengo una especie de fobia, soy extremadamente autodidáctico para las cosas, entiendo que la forma de aprendizaje convencional nunca me funcionó; toco el piano, intenté ir a clases de piano pero para mí es imposible”, confiesa Bernasconi, cuya carrera se inició como diseñador gráfico -que cursó en la UBA- y continuó como ilustrador.

“No se dibujar, no se tocar el piano, no se sacar una foto, todo eso no se, pero el tipo de arte que hago es muy complicado, y voy reforzando continuamente lo que quiero decir”, asegura.

Como artista, manifiesta su profunda admiración por Quino y Fontanarrosa y los pone en sus inicios junto “a los polacos de posguerra John Hershey y Roman Cieslewicz, que utilizaron el collage para hacer cartelería contra la guerra, con una fortaleza y una valentía inmensas con las que relacionaron de una forma muy directa el arte y la comunicación”.

En su taller, trabaja rodeado de un piano, una mesa muy larga con pinturas, una computadora, un escritorio sobre el que escribe y una biblioteca, ya que la literatura es la otra pata fundamental de la que se nutre para realizar las composiciones y ya haber escrito ocho libros infantiles.

“Elijo objetos viejos, porque para mí tienen alma, belleza, una carga emocional, donde se ve que ha trasmutado algo”. De esos objetos se vale para que alumbre la creación, así como de: “máquinas de escribir enteras, otras desmanteladas, pedazos de relojes, muñecas, resortitos, cuerditas, miles de cosas”, que guarda para buscar en el momento indicado.

Claudia Lorenzón

“En la cultura de lo visual en que vivimos lo táctil está subvalorado, pero tomar una pieza y palparla ya está generando algo” que da lugar a la creación, y que en Retrato2 (Edhasa) inspiró además la figura de Julio Cortázar, Steve Jobs, Astor Piazzolla, Lionel Messi, Michel Foucault, Nelson Mandella, Marilyn Monroe, Neil Armstrong, Luis Alberto Spinetta, Juan Domingo Perón y el papa Francisco, entre otros.

“El de Perón es justamente el retrato más fisonómico de todos, es el único que hice a partir de una foto en la que está de perfil y es tan categórica, tan sólida como una escultura, y dije me tengo que inspirar en esta foto, entonces calqué la foto y después la cargué simbólicamente”, explica.

“Perón simboliza al estadista, es el tipo que entendió lo que significa timonear un partido, un montón de gente, un país, por eso el tamaño de su nariz, que está hecha con un timón de barco; el choclo en la parte de la boca tiene que ver con la concepción agrícola ganadera que tenía del país y con su carisma; en la cabeza está lo mecánico, lo industrial, y la dirección que le hizo tomar al país”, detalló.

Del Flaco al Papa

Spinetta surgió a partir de la muerte del músico. “Debe ser el más cargado de emoción, lamenté muchísimo su muerte”, confiesa Bernasconi que confeccióno el retrato escuchando el tema del compositor “Todas las hojas son del viento”, lo que lo inspiró a llenar el cabello del artista con las hojas de un maitén que tiene en su jardín.

“Hay como una evolución de la hojita carnosa, verde, que se van poniendo más amarilla porque se seca, se muere y es la representación de la vida de un artista y completo con una frase de una de sus canciones: Cielo o piel, silencio o verdad, sos alma de diamante”.

En el caso del papa Francisco, Bernasconi hizo especial hincapié en la forma en que Jorge Bergoglio hizo su entrada al Vaticano, y cómo se tomó a la iglesia, por eso colocó en el centro del rostro “una representación clásica de San Francisco de Asís dado vuelta, haciendo equilibrio”, dice.. Junto a la representación de Francisco postuló la frase del papa: “Dios ama las novedades”.

Para Marylin Monroe eligió la imagen “tortuosa, porque para mí siempre fue pura sombra y vivió torturada por sus amantes y sus empleadores. Nunca vi en ella esa imagen naif, de ingenuidad que no entiendo, porque para mi le pusieron una careta”.

En base a esa concepción, ubicó en su cabello rubio hecho con hierva seca unos cuervitos negros realizados con rollos de fotografía, que intercaló con píldoras verdes y fucsia, y le dibujó los ojos cerrados y llorosos.

Acompañó la representación con una frase de la actriz: “En Hollywood te pueden pagar mil dólares por un beso, pero solo cincuenta centavos por tu alma”.


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