PALIMPSESTOS: Ríos de España
Gran parte de la geografía española no se caracteriza por la humedad de su clima, y es por eso que los ríos juegan un papel vital en la economía, en la cultura, en la vida cotidiana de aquellos que habitan el territorio español.
Unamuno sintetizaba en un libro de viajes su pasión por los ríos y su deseo de conocimiento: «Un río es algo que tiene una fuerte y marcada personalidad, es algo con fisonomía y vida propias. Uno de mis más vivos deseos es el de seguir el curso de nuestros grandes ríos, el Duero, el Miño, el Tajo, el Guadiana, el Guadalquivir, el Ebro. Se les siente vivir. Cogerlos desde su más tierna infancia, desde su cuna, desde la fuente de su más largo brazo, y seguirles por caídas y rompientes, por angosturas y hoces, por vegas y riberas».
Estos y otros ríos españoles añorará el poeta Rafael Alberti, cuando contemple en el exilio un río francés y? «Desgraciada viajera fluvial que de mis ojos/ desprendidos arrancas/ eso que de sus cuencas desciende como río/ cuando el llanto se olvida de rodar como lágrima./ Mis ventanas/ ya no dan a los álamos y los ríos de España».
Y uno de esos ríos evocados por Alberti seguramente es el Guadalquivir, ese que según Machado es «un alfanje roto, [que] reluce y espejea»; y que Luis de Góngora rememora en sus paseos madrileños? «Rey de los otros, río caudaloso,/ que, en fama claro, en ondas cristalino,/ tosca guirnalda de robusto pino/ ciñe tu frente, tu cabello undoso?».
Gerardo Diego, otro cantor de ríos señoriales, resumió la historia del Guadalquivir en estos dos versos: «Canta que canta el Betis su sempiterna copla/ en latín y ladino y rabino y arábigo». Lorca contrasta el gran río con los de su Granada natal: «El río Guadalquivir/ va entre naranjos y olivos,/ los dos ríos de Granada/ bajan de la nieve al trigo/ [?]Darro y Genil, torrecillas/ muertas sobre los estanques».
El Tormes cruza la erudita Salamanca, en uno de sus puentes está la estatua de Lázaro, aquel que nació en un molino sobre el río y que a falta de apellido se llamó para siempre «El Lazarillo de Tormes». Su paso por Alba de Tormes lo inmortalizó Garcilaso de la Vega: «En la ribera verde y deleitosa/ del sacro Tormes, dulce y claro río,/ hay una vega grande y espaciosa/ verde en el medio del invierno frío,/ y en el otoño verde y primavera/ verde en la fuerza del ardiente estío». En el locus amoenus de la Flecha, la finca que los agustinos tenían próxima al río Tormes, Fray Luis de León sitúa la acción «De los nombres de Cristo».
Hace poco más de medio siglo, un río se hizo libro y quedó unido definitivamente a la novela de Rafael Sánchez Ferlosio, «El Jarama», aquel río alegre y bravo, en el que «el agua recobraba su prisa a la parte de abajo del embalse, a donde las compuertas desaguaban». De aquel río en que se hacinaban los bañistas llegados de Madrid, nada queda; salvo la novela que lo rescata.
NéSTOR TKACZEK
NTKACZEK@HOTMAIL.COM
Gran parte de la geografía española no se caracteriza por la humedad de su clima, y es por eso que los ríos juegan un papel vital en la economía, en la cultura, en la vida cotidiana de aquellos que habitan el territorio español.
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