Para un Piazzolla nada mejor que otro Piazzolla

Daniel “Pipi” Piazzolla, nieto del compositor y bandoneonista y baterista del grupo de jazz Escalandrum, homenajea a su abuelo con “Piazzolla plays Piazzolla”, un disco que recrea los clásicos inevitables y también temas menos transitados del creador que este año hubiera cumplido 90 años.



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El baterista Daniel “Pipi” Piazzolla hace 12 años que está al frente del sexteto de jazz Escalandrum. Pero este año decidió homenajear a su abuelo con “Piazzolla Plays Piazzolla”, un deseo que nació a partir de la intención de imprimirle al grupo “un sonido más urbano, más de Buenos Aires”.

Se trata de uno de los músicos con más trabajo en la escena de local del jazz -participa en más de 10 proyectos aunque Escalandrum siempre es prioridad-, nacido en 1972 con el sello peculiar que implica ser el nieto del bandoneonista y compositor Ástor Piazzolla.

“Nacés así, es algo cotidiano para mí, y siempre imaginé que en algún momento le iba a hacer un homenaje a mi abuelo, sobre todo tocando tan regularmente en una banda como Escalandrum, donde nunca nadie especuló con mi apellido ni nada por el estilo”, aclara “Pipi” Piazzolla en una entrevista que mantuvo con Télam en su casa del barrio de Belgrano.

Respetando el sonido del ya muy afianzado grupo -que aquí no propuso cambios en su orquestación- y sin perder de vista la belleza de la obra de Piazzolla, Escalandrum editó este sólido álbum, una idea que el baterista pensó en las primeras vacaciones que tomó después de años de viajes y actuaciones diarias. “Fue un mes en el que paré todo y aproveché para pensar: En enero de 2009, en una de las reuniones anuales que tenemos con Escalandrum para encarar el año, tiré esta bomba y nació todo esto”, recuerda el músico.

“Editamos cinco discos y la verdad es que utilizamos mucho la influencia de la música folclórica argentina para tocar y no tanto la del tango -continúa-, entonces pensé que con el sexteto hacemos todo en Capital Federal y que no teníamos un sonido de Buenos Aires”.

Bajo ese concepto y con la intención de entrar en ese clima musical, el baterista evoca que “un día tocamos en un ensayo ‘Lunfardo’ y nos voló la cabeza, nos emocionamos porque habíamos mantenido nuestro sonido, la música sonaba bien y habíamos encontrado un pequeño espacio para improvisar”.

Así empezó a tomar vida este tributo al cumplirse los 90 años del nacimiento del genial artista, que Escalandrum encara con soltura pero sin perderse en la improvisación, ya que respeta la estructura de las piezas elegidas.

Conviven clásicos inevitables como “Libertango” (en una oscura y muy diferente versión) y “Adiós Nonino”, con la bella “Oblivion” (en la que los vientos toman la posta) y obras menos transitadas como “Lunfardo”, “Escualo”, “Fuga 9” y “Romance del diablo”.

El pianista Nicolás Guerschberg, el contrabajista Mariano Sívori y los saxofonistas Damián Fogiel, Martín Pantyrer (también en clarinete bajo) y Gustavo Musso completan la formación.

Admirador del baterista Tony Williams (tocó con Miles Davis) “Pipi” Piazzolla, quien el año pasado editó su libro “Batería contemporánea”, reparte su tiempo entre las clases de batería y sus actuaciones junto agrupaciones como Argentos, Mariano Sivori Sexteto, Ligia Piro, Guillermo Klein, Ute Lemper, Carlos Cutaia Trío y Cirilo Fernández Trío.

–¿Cómo lograron mantener el sonido Escalandrum sin perder la esencia de la obra de tu abuelo?

–No cambiamos nuestra orquestación, no agregamos nada, no sacamos nada. Escalandrum se manejó con saxo alto soprano, saxo tenor, saxo barítono, clarinete bajo, piano, contrabajo y batería. No hubo ni flauta, ni trompeta, entonces la idea era hacer lo que originalmente hace el bandoneón y el violín con los tres saxos, y elegir temas de mi abuelo en los cuales no haya algunas frases del bandoneón o del tango que tocadas con saxo quedaran de mal gusto o no compatibles.

–Se escucha mucho trabajo en lo rítmico…

–En lo rítmico está mucho lo nuevo, hay muchas cosas desde la improvisación como el arreglo de “Libertango”, donde si bien el tema es el mismo, lo que pasa entre el bajo, la batería y el piano es completamente diferente a la versión original. La melodía es abordada por los vientos que forman acordes muy disonantes, lo que hace que suene muy raro y oscuro.

–¿Cómo fue el trabajo de encarar a Piazzolla desde el jazz?

–Es difícil explicar, si querés que suene más jazzero olvidate de incluir un bandoneón o un violín, creo que pasa más por la orquestación. Nosotros lo hicimos así y nos dio un buen resultado, ése mi modo de ver. Hay que tener mucho cuidado porque hay gente que hace la música de mi abuelo como si fuera un standard de jazz, agarran un par de cositas de la melodía nada más y con eso hacen el tema y después improvisan. La música de mi abuelo es mucho más profunda que eso, creo que tenés que pasar por todos los sectores, y si querés improvisar en cada sector está bien, pero el tema hay que hacerlo de principio a fin porque está todo pensado.

–¿Con qué criterio eligieron el repertorio?

–Fue democráticamente, cada uno eligió sus 15 temas preferidos y de ahí se fue viendo. “Libertango” tenía 200 votos, seguido “Adiós Nonino”, los que sorprendieron fueron “Vayamos al diablo”, que yo se los había mostrado a los chicos porque parece más de nuestra onda que del tango y “Escualo” que es una suerte de milonga candombe.

–¿Tiene una carga emotiva importante interpretar la música de tu abuelo?

–Sí, pero lo vivo bastante naturalmente, como si estuviera tocando el repertorio de Escalandrum de música original. Yo soy muy versátil y dejo todo, y voy a dar todo siempre. No quiero que la emoción me invada, quiero llevarla bien, con resto.

–¿Cómo determinó tu vida musical el hecho de que Piazzolla sea tu abuelo?

–Siempre fue algo natural, porque cuando tenía 4 o 5 años me pusieron un organito naranja y la primera propaganda que pasó en la tele ya la saqué. Después pasé al piano, estudié clásico durante cuatro años. Después empecé a ir a ver a River y me empecé a copar con la percusión de las hinchadas. Mi papá tenía un montón de instrumentos de percusión en casa, empecé a experimentar hasta que una vez escuché un solo de batería en un recital y me di cuenta que en la batería estaba todo: es como si fuera varios instrumentos de percusión en uno solo. (Télam)


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