Pasión por los detalles: así se hizo la maqueta del "vaporcito" Río Negro

Pieza por pieza, y después de un espectacular trabajo del modelista Andrés Cieslinsky, la emblemática embarcación tiene su propia maqueta en el Museo Naval de la Armada Argentina.



Quienes enterraron en 1325 (A.C.) al faraón egipcio Tutankamón nunca imaginaron que los pequeños barcos en miniatura depositados en su tumba servirían como guía para el modelismo naval. A más de 3 mil años, ese hallazgo dio lugar, por hobby o en forma profesional, a la recreación de embarcaciones emblemáticas como el “vaporcito” Río Negro.


La magia de la construcción milimétrica de este modelo a escala de una embarcación regional, con horas de pasión por su trabajo, el mar y los ríos, tiene nombre: Andrés Cieslinsky.

Esta proporcionalidad surgió de sus manos en el taller de modelismo del Museo Naval de La Nación de la Armada Argentina. Allí luce en la actualidad, en el marco de los objetivos de sus galerías que buscan la conservación y restauración de piezas de colección.

Paralelamente, se mantiene como premisa la construcción de nuevos símbolos de la historia, acrecentando así el patrimonio histórico de ese recinto expositivo. El museo está ubicado en la ciudad bonaerense de Tigre.

En este caso, la decisión de la construcción de este modelo fue la particular e importante tarea de exploración del territorio patagónico por parte de la Armada Argentina hacia fines del siglo XIX. Ese sitio posee una sala dedicada a este tema, y a sus mentores les urgió la importancia de construirlo y exponerlo.

Las primeras fotos de la maqueta del “Vaporcito” Río Negro, el espectacular trabajo del modelista.


“El proceso de construcción de un modelo a escala sin poseer planos pero sí datos técnicos, iconográficos y dos fotos originales en nuestros archivos, es complejo y requiere mucho estudio e investigación previa, y durante 2019 se realizó el estudio y la construcción, explica Cieslinsky.

Según los antecedentes rescatados por el museo de la marina, en 1878 se formó una comisión para realizar el estudio de las condiciones que deberían tener las naves para la navegación en los ríos Patagónicos.

Fue formada por los ingenieros Luis Huergo, Guillermo White, el doctor Estanislao Zeballos y el teniente coronel Ceferino Ramírez. Esta comisión recomendó la construcción de tres vapores a ruedas. Dos de ellos, el Neuquén y el Rio Negro fueron construidos por contrato en Inglaterra.

Llegaron desarmados a Buenos Aires en el vapor inglés Herschell, y durante el desembarco de las piezas y demás parte de ambos vapores, seis chapas pertenecientes al Rio Negro cayeron al agua. Esto hizo que se tuvieran que pedir nuevamente a Inglaterra y es por este motivo que el Neuquén fuese primero en ser traído a Patagones. Fue ensamblado en su muelle, botado en mayo de 1880 y realizó ese año las primeras navegaciones.


Meses más tarde y tras la llegada de las chapas faltantes del Rio Negro, el 6 de Octubre de 1880, bajo el mando del capitán Erasmo Obligado, es botado en Patagones comenzando a formar parte de la escuadrilla del Rio Negro junto con el vapor Triunfo.

El mejor desempeño para la navegación en estos ríos patagónicos lo tuvo el Rio Negro. Su diseño permitía la navegación a la sirga (uso de malacate desde la costa) y a la espía (cabo que sirve para mover una embarcación hacia el muelle o boya). También era muy importante por su diseño el poder realizar la maniobra de la ciaboga (uso del timón hacia una banda y retroceso con el motor).

El hito histórico de mayor relevancia ocurrió en los meses finales de 1883. El 8 de noviembre el vapor pasa por el Fortín Nogueira (cerca de Piedra del Águila), continuando su navegación hasta el peñón “Rio Negro” (una curva muy pronunciada cerca de la desembocadura del Collón Cura en la que hay un gran peñón que la expedición de Obligado bautizó con el nombre de la actual provincia). Allí, el 12 de ese mismo mes, se deja el buque en amarra (como en años anteriores por la imposibilidad de seguir el curso del río por su poco caudal) y se prosigue la navegación en una embarcación menor (falúa).


El 13 de Diciembre de 1883 a las 14.40, la falúa con la cual se continuó el viaje, asomó su proa en el Lago Nahuel Huapí. De ésta manera se convierte en la primera embarcación que une el mar con el Lago. Esta falúa, el teniente O´Connor (al comando de ella) la llama Modesta Victoria.

El vapor tuvo un triste final. Se estima que entre 1902 y 1903 estuvo amarrado en Patagones sin tripulación, con dotación mínima, y era utilizado como pontón-depósito. En 1904 su casco se fue a pique, y luego de ser reflotado parcialmente se lo vendió desguazado como chatarra.


La magia del astillero en miniatura



Cieslinsky tuvo que adaptar las medidas a escala sobre el porte original de la histórica nave.

El modelista se tomó tres meses para desarrollar el proyecto. Empleó madera de cedro para el casco. Acompañaron horas de torno, bronce y plástico de alto impacto para desplegar la sensación de estar haciendo algo “imposible”.

Una de las barcazas varadas en la Prefectura maragata.


El “Polaco” (53) como cariñosamente lo llaman en el museo tuvo que apelar a diversas fuentes ante la falta de planos de la embarcación. El basamento fueron archivos, datos de arqueología naval, fotografías similares a las que hay en Patagones.

También se inspiró en fotos que le dieron la línea de agua, libros y un óleo del masón Santiago Juan Albarracín (1855-1929), quien además de pintor fue marino y diplomático argentino. En ese cuadro, la embarcación “está navegando de través , lo pintó mirándolo, y eso cerró el círculo”, apunta.


La historia bajo la alfombra y la pandemia



Las comunidades de Viedma y Patagones, tras el cierre del puerto fluvial que movía el comercio regional hasta la década del ’50, vivió desde entonces de espaldas al río, salvo excepciones de carácter deportivo. Nadie se preocupó por mantener a flote los emblemas y encima, dejaron hundir la Ytaparica, una embarcación secuestrada al imperio brasileño que pretendió tomar estas costas en 1827. Sus maderos permanecen bajo metro de arena del lecho del río cerca del muelle de Viedma.


A metros del edificio maragato de la Prefectura Naval yace, tras años de vandalismo la barcaza B 345 que desarrolló viajes río arriba hasta 1949 trayendo frutos del país hacia el puerto maragato. En la margen sur, la chata P 226 que también perteneció al Servicio Oficial de Navegación operando en aguas del río Negro entre 1924 y 1950, fue rescatada de un virtual hundimiento sobre la costa capitalina a principios del siglo XXI. En la margen norte, la Prefectura tiene su propio museo aunque cerrado por disposición de las autoridades nacionales por efectos de la pandemia del coronavirus.


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