Patricio Machado: “Revaloricemos el tronco, que es la cordillera”
Nacido en Necochea, vive en la región desde el 2001. La línea Patagón es la más demandada en el exterior. Identidad de los objetos a partir de la carga cultural.
Racional hasta el extremo, el diseñador industrial Patricio Machado sabe exprimir lo mínimo hasta llegar a lo justo: ese es el sello de sus creaciones. Nacido en Necochea, se lo conoce en la zona desde el 2001. Vive en la montaña misma, en San Martín de los Andes, junto a su mujer Estefanía y su hijo Camilo. “Mi hábitat es increíble, lleno de luz y vida, motivador, ideal para estar todo el tiempo diseñando”, comenta.
P- ¿Qué sensaciones provoca en tu cuerpo trabajar la madera? Verla, elegirla, palparla, pulirla, transformarla según tu diseño…
R- La madera me parece un material muy sensorial, se huele, palpa, ve, oye y si querés también se puede degustar. Esta sinfonía sensorial es de placer total para mí. Mirar una veta en la madera puede ser hipnotizante; parece exagerado pero es como un fuego estático. Una vez leí una metáfora que me gustó: decía que cuando arde un fuego se libera el sol que fue captado. La palabra “material noble” está muy usada pero no por eso pierde fuerza el significado. La madera realmente lo es. Por eso me parece que a tan noble entrega de la naturaleza lo menos que podemos hacer es agregarle el mayor valor posible; de alguna forma continuar el camino y valorar y respetar este material sagrado.
Para trabajarla, la manipulo cuando estoy desarrollando un prototipo, o diseñando algo. Una vez que los muebles están en producción ya están en manos de los carpinteros de la fábrica. Cuando lo hago trato de comunicarme con la madera, es muy particular. Por lo general, me levanto del escritorio con el diseño a medio terminar y de jo que el material, las formas y las texturas que voy descubriendo me digan cómo seguir. La madera es muy expresiva … depende mucho de cómo la trabajás, si es rústica, si es lustrada, teñida, si se curva, si se deja a la intemperie, si la encastrás, si la encolás, si la vas a ver forrada de pedazos de madera… todo te lleva.
P- ¿Cómo llegaste al diseño de muebles?
R- Al diseño de muebles llegué casi por necesidad. Luego de vivir 13 años del diseño industrial en Buenos Aires, y haber diseñado todo tipo de cosas, desde stands, pasando por una línea de televisores para Hitachi o una pila de platos de 60 metros de alto para la marca Magistral que figura en el libro Guinness, decidí cambiar el rumbo de mi vida, como dice Stephen Covey. Estaba subiendo muy bien una escalera que estaba apoyada en la pared equivocada: me di cuenta y cambié de pared.
Durante mi desarrollo profesional en Buenos Aires tuve mucha interacción con el diseño y la fabricación de cosas con todo tipo de tecnologías: metales, plásticos, fundición, inyección, matricerías, grandes y pequeños talleres. Por suerte o por vocación, pese a que cuando egresé de la carrera de diseño industrial en el 93, la industria y las pymes estaban destrozadas, siempre trabajé y algo hice. Cuando decidí que no quería vivir más en Buenos Aires, y orienté mi rumbo para San Martín de los Andes, pensé que guardaba mi carrera para siempre. En ese momento no me importaba, estaba detrás del sueño de vivir de otra manera. Pero llegando al sur vi la oportunidad de desarrollar algo que entendí que nadie había atendido: el diseño de muebles. Y se me ocurrió la locura de armar una empresa de diseño y fabricación de muebles. No tenía idea en qué me metía, sobre todo por el tema de armar una empresa. Años más tarde estaba nuevamente lidiando con un montón de problemas que pensé habían quedado en la ciudad pero con la motivación de haber creado algo que valía la pena y de estar en el lugar que había elegido.
P- ¿Cuál fue tu recorrido profesional ?
R- Empieza a los 17 años en el secundario. Tuve la enorme oportunidad de que mis padres puedan solventar mis estudios y me dieran a elegir qué quería estudiar. Me dieron total libertad. Me había dado cuenta que tenía facilidad para dibujar cosas en tres dimensiones; no tenía idea para que me podía servir eso pero me puse a investigar a qué disciplinas les servía esto y descubrí una carrera que recién empezaba a dictarse en la UBA: Diseño Industrial. Yo vivía en Necochea, estoy hablando de 1986 y ni por casualidad había visto ni hablado con alguien que esté relacionado con esto. Empecé a estudiar sin saber bien para qué servía la carrera pero me gustó desde el primer día: había cuestiones técnicas que me superaban. Me daba cuenta que el diseño industrial era mucho más que saberse de memoria las roscas métricas o los espesores comerciales de las chapas.
Recuerdo que casi no apruebo diseño 1 en la cátedra de Ricardo Blanco no por lo de las roscas. El año pasado él estuvo de visita en la fábrica y me convocó a cuanta feria había como el actual Proyecto Deseo.
Me recibí en el 93 y me fui tres meses a hacer una pasantía a Brasil al laboratorio brasileño de diseño, una experiencia inolvidable. Era un estudio de diseño con 25 diseñadores de todo el mundo. Cuando volví empecé a trabajar con Hugo Kogan, una gran profesor y profesional, una persona enorme de quien aprendí muchísimo. Estuve tres años con él hasta que decidí que quería hacer mi carrera solo. Me asocié con otro gran diseñador, Gabriel Minnicelli, para mí uno de los mejores, de perfil bajo y muy talentoso; estuve con él otros cinco años, y el resto solo, donde trabajé muy fuerte para la industria publicitaria, siempre con diseño industrial, para marcas como Gancia, Terma, Magistral, Pantene, marcas de consumo masivo, que me dieron muchas herramientas de comunicación y marketing. A los 28 años tenía mi propio estudio de diseño con cinco diseñadores a cargo.
P- ¿Cómo llegaste a este oficio actual?
R – Un día dije basta, hasta aquí llegué en la gran ciudad, quiero vivir. Largué todo y me vine al sur. Estaba casado, teníamos casa propia pero estábamos yendo a un lugar que no queríamos, a la pared equivocada. Miré el mapa y sin mucho recursos (plata) me imaginé que en este lugar tan lindo del mundo las cosas no podían salir mal, fue pura intuición. Con semejante decisión no te alcanzan los datos para evaluar. Hice un viaje para conocer el lugar y me dije : “en dos meses estoy acá”. Volví a Buenos Aires, cerré el estudio, repartí los clientes con los diseñadores, alquilé mi casa y me vine. Dejé todo embalado en un transporte y les dije: “cuando sepa donde voy a vivir te aviso y me mandás todo”.. y así fue…
P- ¿Cuál fue el primer mueble que diseñaste?
R- El primer mueble fue el banco Catritre. Estaba buscando un objeto que resumiera el concepto del mueble contemporáneo de la Patagonia. Es muy significativo porque ese mueble lo diseñé apenas había llegado, estaba en una casa alquilada, enorme y vacía, ni un mueble tenía, ni siquiera cama, dormía en un colchón inflable, me la pasaba haciendo prototipos de cartón, pasé unos dos meses de invierno encerrado haciendo los primeros diseños, fascinado viendo por primera vez en mi vida nevar; tenía entonces 34 años.
P- ¿Cómo fue tu evolución desde ese primer mueble hasta el último?
R- Hubo mucho de prueba y error. Mis diseños tuvieron siempre un par de objetivos , debían hacer funcionar la fábrica, que tenía una visión -“fabricar muebles de madera de alta calidad de diseño y manufactura”- y una misión -“ser una marca líder en la Patagonia”-. El diseño para mi es un programa, tiene que cumplir ciertas cosas, si no es arte puro. Esto es algo que tiene que hacer andar una empresa. Lo interesante y motivador es que no termina ahí. Siempre está ese factor X, que más allá de todo, lo hace atractivo y en ese factor está lo que puedo dar, cuando parece que el diseño está listo me digo a mi mismo “vamos, un poco más que le falta… que le sobra” y a veces sale… de los cientos de muebles que he diseñado un puñado de ellos se fabrican y se venden. En términos de evolución me gusta la osadía que tenían mis primeros diseños y ahora me gusta la sencillez que logro sin perder la fuerza de la expresión.
P – ¿Hay un diseño regional?
R – Creo que si, no es exactamente lo que yo hago. Propongo una vuelta a lo regional, que es lo rústico, la madera bien maciza, los cueros, lo robusto, el tronco, mucho tronco en la cordillera. En cuanto a lo argentino me parece más difícil. Argentina es muy grande, la globalización atraviesa hasta el hogar más escondido del planeta y todo se funde, historias, culturas, gustos, deseos, valores. Por eso creo indispensable el esfuerzo de quienes tenemos sensibilidad por estas cosas. No se cuánto puede durar la regionalización cuando el poder de lo global es tan fuerte pero vale la pena intentarlo. Por eso la propuesta que debemos hacer tiene que tener fundamentos, raíces, argumento sino se lo lleva puesto esta globalización. Lo bueno y profundo se lo lleva lo superficial y banal; está en cada uno detenerse a valorar cada cosa que nos rodea, de dónde viene, quién la hizo, por qué la hizo, ¿es mi historia o la de otro que quiero copiar?
Del primero al
último mueble
“Quiero tener una visión y una misión al fabricar muebles”.
“Visión: muebles de madera de alta calidad de diseño y manufactura”.
“Misión: ser una marca líder en la Patagonia”.
“El diseño es un programa, no es un arte para mí”.
“La cadena de valor de la madera nuclea 9.500 empresas y emplea en forma directa 55.000 trabajadores”.
Federación Argentina de la Industria Maderera.
“Desde un principio trabajé bajo el concepto de muebles contemporáneos de la Patagonia… hasta el día de hoy”.
Patricio Machado, diseñador industrial.
“Cuando me parece que el diseño está listo me digo: ‘Vamos, un poco más que le falta, que le sobra’, y a veces sale el mueble que estaba buscando”.

Datos
- “La cadena de valor de la madera nuclea 9.500 empresas y emplea en forma directa 55.000 trabajadores”.
- “Desde un principio trabajé bajo el concepto de muebles contemporáneos de la Patagonia… hasta el día de hoy”.
- “Cuando me parece que el diseño está listo me digo: ‘Vamos, un poco más que le falta, que le sobra’, y a veces sale el mueble que estaba buscando”.
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