Paz y diplomacia
“Hay que imprimirle a las negociaciones una velocidad amigable”, propuso Alberto Assef.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
· La unión ayudará a corregir la relación en la lucha contra el colonialismo. · Hay que buscar adhesiones en la región y en Europa, que todavía es algo pendiente. · Deberemos establecer una política de Estado que sea sostenida en forma constante y uniforme por todas las administraciones, sean estas de derecha, izquierda o centro. · Ya funciona un prelaboratorio. Tendremos que ser los mejores amigos de los isleños, aunque nos den vuelta la cara 100 veces. · El único argumento de los usurpadores es la autodeterminación, lo que choca con la resolución 2.065 de Naciones Unidas, aprobada en 1965 durante la gestión de Arturo Illia y Miguel Ángel Zavala Ortiz. · De hecho, habrá una diplomacia parlamentaria para recuperar el archipiélago en el tiempo que sea necesario, dándole una oportunidad a la paz. Las definiciones, formuladas en ese orden por los diputados Gastón Arispe (Nuevo Encuentro), Juan Carlos Zabalza (Partido Socialista), Pablo Tonelli (PRO), Alberto Assef (peronismo disidente), Julio Martínez (UCR) y Julián Domínguez (Frente para la Victoria), marcaron un punto de encuentro en torno a los reclamos de la Argentina sobre la soberanía en Malvinas. Los llamativos puntos de coincidencia se conocieron durante la Feria del Libro. Los expositores llamaron a sacar de la lucha partidaria local la sensible cuestión que mezcla razones con sentimientos. Y reconocieron que será lento el proceso reivindicatorio, que se complicó, por la decisión, apoyada en la fuerza militar, de Gran Bretaña de avanzar sobre los recursos pesqueros e hidrocarburíferos existentes en los mares australes, con su lógica extensión a la Antártida. Quizá el único punto disonante (pasado por alto por el resto de los oradores) fue expresado por Arispe, alineado con el diputado Martín Sabbatella, al entroncar la causa Malvinas con la expropiación de YPF y la batalla contra el liberalismo. Zabalza, mano derecha del ex candidato Hermes Binner, celebró el abroquelamiento en un tema que “no es menor ni está perimido”. El socialista destacó los derechos históricos y geográficos que le asignan al país luego de “la ocupación ilegal de 1833” y convocó a trabajar para impedir que Gran Bretaña siga adelante con la explotación unilateral de las riquezas, y lograr alianzas más sólidas con Brasil, Chile y Uruguay. Tonelli, en nombre del opositor Mauricio Macri, no dudó: “tarde o temprano las islas volverán a ser nuestras”. Sin embargo, se concentró en el ¿qué hacer?, y en el ¿cómo? Apuntó algunas contradicciones oficiales: señaló que mientras la presidenta Cristina Fernández está interesada en que se reanuden los vuelos entre Buenos Aires y Puerto Argentino, la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, le negó el derecho de amarre a buques turísticos con bandera inglesa. Propuso que los jefes de los bloques legislativos empiecen a colaborar activamente con la Cancillería. “Hay que respetar el modo de vida de los isleños –propuso–, que no es la autodeterminación ni sus deseos. No hay que pelearse con ellos sino convencerlos de que les conviene retomar los lazos culturales, educativos y sanitarios”. Visto en los papeles como uno de los más intransigentes, Assef sorprendió al no salirse del molde. Se sumó a quienes aconsejan no caer en vaivenes y empeñarse, durante “20 o 30 años” hasta lograr el “objetivo añorado”. Explicó que luego de la colisión de 1982 (todos la deploraron), Inglaterra se apropió ilegalmente de millones de kilómetros cuadrados en el mar, logrando “el autofinanciamiento colonial”, que les permitió convertirse en una especie de “Kuwait o Dubai del sur”. Deslizó reproches a sus compatriotas, al señalar que se contentan con “concentrarse en áreas metropolitanas” y dejan “grandes espacios vacíos”. Exhortó a ir hacia el mar que representa “un futuro descomunal” y “taponar la proyección inglesa a la Antártida”. Además, hizo hincapié en la sociedad con Brasil y Chile y, en sintonía tácita con el extinto ex canciller Guido Di Tella, exhortó a seducir y dejar los actos agresivos para los isleños. El radical Martínez tuvo un mensaje bastante parecido al de la presidenta, al despotricar contra los 16 enclaves coloniales, 10 de los cuales son de Gran Bretaña. Se manifestó escéptico de organismos internacionales que no le imponen costos a Inglaterra por no aceptar sentarse a negociar la soberanía, y castiga a naciones pobres. Reveló un episodio: hace poco más de un año, dos aviones de combate ingleses de maniobra, fueron sorprendidos por una fuerte tormenta que les impidió volver a la base. Estuvieron a punto de eyectarse, perdiendo las valiosas aeronaves. Finalmente, solicitaron permiso a autoridades argentinas, que les permitieron ir hacia el aeropuerto chileno de Punta Arenas. El justicialista cristino Domínguez, aprobó la síntesis histórica de sus pares, más allá de las diferencias sectoriales en otros asuntos. Y confió en que Malvinas actuará de “gran docente”, porque la gesta abarca “los intereses populares, con amplitud y generosidad”. Habló de escenarios históricos cambiantes (del mundo bipolar y la unificación alemana se llegó a los nuevos actores del BRIC, Brasil, Rusia, India y China) y apuntó a la centralidad que tendrán los alimentos, los recursos energéticos y el agua de aquí al 2050. “Abrirse, integrarse y dar respuestas inteligentes es la obligación de los dirigentes. No podemos fracturar este momento”, sentenció. Y aventuró que habrá que esperar “todo el tiempo que sea necesario” para lograr que Malvinas sea “iluminada” por la bandera argentina.
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