Peronistas en el llano

Por Redacción

Parecería que lo único que comparten todos los peronistas es una muy fuerte “vocación de poder”. Para los kirchneristas, la obsesión por el poder de la que los peronistas se enorgullecen resultó muy útil mientras estuvieron en condiciones de repartirlo, pero desde 22 de noviembre pasado, cuando Mauricio Macri los privó de la presidencia, el consenso entre los demás peronistas de que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus incondicionales fueron responsables de una derrota a su juicio innecesaria les está jugando en contra. En las reuniones que están celebrando representantes de las distintas facciones peronistas para decidir lo que les convendría hacer mientras estén en la oposición, muchos, además de intercambiar las lindezas personales de siempre, se manifiestan más interesados en pactar con el gobierno nacional del presidente Macri que en solidarizarse con los militantes de La Cámpora que se han propuesto liderar la “resistencia” contra el intruso “neoliberal” como si se tratara de luchar contra una dictadura militar. Para ellos no es cuestión de plantear alternativas al macrismo que sean realistas y, andando el tiempo, electoralmente atractivas, sino de decidir si adoptar una actitud “constructiva”, como preferiría el senador Miguel Pichetto, ayudaría al peronismo a recuperar el poder que cree suyo por derecho natural o si les sería mejor procurar frustrar cualquier intento por parte del gobierno de Macri por frenar la inflación, alcanzar un acuerdo con los “buitres” y reordenar la economía para que, por fin, se reanude el crecimiento. Desde su punto de vista hay que privilegiar la lucha por parcelas de poder dentro del peronismo primero y después en el país en su conjunto, sin perder el tiempo hablando de temas programáticos que para otras agrupaciones políticas serían prioritarios. Los ultras del kirchnerismo se aferran a la noción de que, por haber ganado Macri las elecciones presidenciales por un estrecho margen, hubo un “empate técnico” que en cierto modo lo deslegitima y por lo tanto justificaría una oposición cerril, pero por fortuna se trata de una minoría que está perdiendo terreno. Los demás peronistas entienden que en democracia un solo voto puede resultar decisivo y que, de todos modos, les convendría mucho más concentrarse en analizar las razones por las que perdió el oficialismo a pesar de haber contado con el respaldo indisimulado -y muy poco democrático- que le proporcionaban los recursos del Estado, un virtual monopolio de los medios públicos y la costumbre de la entonces presidenta Cristina de aprovechar todas las oportunidades para violar las reglas electorales. También debería preocuparles que aquel “empate técnico” y las muchas dificultades económicas no obstante, el nivel de aprobación ostentado por Macri no tardó en subir al difundirse la impresión de que no vacilaría en hacer pleno uso de la autoridad presidencial. Como subrayan los principales referentes peronistas, hombres como el sanjuanino José Luis Gioja que podría encabezar el PJ durante la etapa inicial de la transición poselectoral, a los compañeros les encanta gobernar. Sin embargo, cuando hablan de “la gobernabilidad” no aluden a su propia eficiencia administrativa sino a su capacidad notoria para impedir que un presidente de otro signo logre completar el período fijado por la Constitución nacional. He aquí un motivo por el que dirigentes como Pichetto, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa, el que milita en el movimiento sin por ahora integrar el PJ, quieren colaborar, en cuanto les sea posible, con el gobierno macrista, para que el presidente actual tenga la posibilidad de romper el maleficio que tantos perjuicios ha causado al país. Otro motivo es la conciencia de que sería del interés del peronismo adoptar una actitud mucho menos negativa que la tradicional frente a “la gobernabilidad”. Al fin y al cabo, limitarse a aprovechar las presuntas deficiencias ajenas puede servir para ganar elecciones, pero no contribuye en absoluto al desarrollo del país. Por el contrario, el que hayan sido tan pobres los resultados concretos de más de medio siglo de protagonismo peronista en la vida política nacional debería servir para que los líderes del movimiento se sometan a una autocrítica severísima.


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