Personalidad y liderazgo

por José Ignacio Muñoz

Especial para «Río Negro»

El liderazgo en las organizaciones adopta un aspecto de suma relevancia, por cuanto se constituye en un proceso que permite dirigir las actividades laborales de los integrantes de un grupo, en su interacción y en la posibilidad de influir en las decisiones que se adopten.

Ello implica que el liderazgo involucra a diversos actores en una organización. Unos que mandan y otros que cumplen las órdenes.

En toda institución, en su faz organizacional y estructural existe por regla general el líder, es decir, aquel quien tome las determinaciones; y por el propio funcionamiento, quienes estén bajo su órbita, obedecerán.

En las organizaciones puede encontrarse, el líder carismático; es decir, la persona con capacidades innatas para usar diferentes formas de poder e influir en las conductas de quienes deciden voluntariamente seguirlo. Esto queda bien definido a través de las cinco «fuentes» de poder descriptas (de recompensa, coercitivo, legítimo, experto y referente), de los autores más destacados en el análisis del poder en las organizaciones, Michel Crozier y Henry Mintzberg; que cuanto mayores sean las intensidades de las fuentes del poder que estén a disposición del superior, tanto mayor será su potencial para ser un líder efectivo. El líder culmina siendo el resultado de las necesidades de un grupo. Este individuo es un instrumento del grupo para lograr sus objetivos y, sus habilidades personales son valoradas en la medida que le son útiles al grupo.

Ahora bien, es preciso determinar algunas características que le son propias por su personalidad al líder. El líder adquiere status al lograr que el grupo o la comunidad logren sus metas.

El líder tiene que distribuir el poder y la responsabilidad entre los miembros de su grupo. Esta distribución juega un papel importante en la toma de decisiones y, por lo tanto, también en el apoyo que el grupo le otorga.

Como el liderazgo está en función del grupo, es importante analizar no solo las características de este sino también el contexto en el que el grupo se desenvuelve.

Es necesario, asumir que todo cambio es una variable externa ajena al equilibrio natural de las organizaciones. Por lo general, se asume que está íntimamente relacionado con las transformaciones tecnológicas, niveles de mando o reducción de plantillas; los cuales ocurren por decisiones de alto nivel que responden a planes estratégicos, diferentes orientaciones en el mercado, o presiones políticas por ejemplo.

Solo algunas veces se entiende que el cambio organizacional es consecuencia del uso consciente de la capacidad humana de innovar, de agregar valor al proceso de cambio.

Un cambio de paradigmas no debería conducir nunca a una parálisis paradigmática, sino a buscar permanentemente las nuevas oportunidades.

En mi concepto, es preocupante la situación de parálisis paradigmática que se visualiza en aquellas organizaciones que se «abrazan» a sus modelos con tanta seguridad que terminan por otorgarle un rango dominante de tal magnitud que los transforma en el paradigma.

Y esto puede traducirse en una parálisis corporativa que impida transformar los esquemas que ya existan, basándose en que: «esa es la única manera como la organización tiene que trabajar».

Se debe, en esta era de cambios permanentes, aprender a aceptarlos , sin que el miedo nos llegue a paralizar.

Existen organizaciones donde está «prohibido» innovar. Y en concepto de quien suscribe, esta carencia de visión estratégica les impide advertir que de no arriesgarse a introducir los cambios necesarios, están destinadas a desaparecer.

La cultura del liderazgo en las organizaciones permite sin dudar, alcanzar el máximo desarrollo de las estrategias establecidas por una organización.

Básicamente un líder es una persona que se gana la confianza y el respeto de sus seguidores como consecuencia de sus actitudes y comportamientos. La confianza y el respeto abren canales de comunicación de doble vía, haciendo posible la realización de los objetivos comunes de la organización.

El mando y la autoridad pueden verse reemplazados por los principios que pregone un líder, generando una cultura de liderazgo, en donde cada uno de los «actores» líderes compartan objetivos y trabajen juntos para alcanzarlos con los restantes miembros de una organización.

Ahora bien, podríamos por otra parte distinguir entre dos tipos de liderazgos:el carismático y el transformacional.

Los líderes llamados carismáticos disponen de poder social, es decir, tienen autoridad para socializar su pensamiento y su conducta individuales. En cambio, el liderazgo transformacional es el conjunto de capacidades que permiten al líder identificar los cambios y diseñar acciones para afrontarlo de forma efectiva, incrementar el nivel de rendimiento y promover el desarrollo de los miembros individuales del equipo a la vez que el de los grupos y la organización en su conjunto. El líder transformacional fomenta el desarrollo personal. Les motiva a trascender sus propios intereses por el bien de la organización o del equipo y activar sus necesidades superiores.

Los líderes accionan mejorando la motivación a través del reconocimiento de las diferencias individuales, en la utilización de metas –asegurando que puedan ser efectivamente alcanzadas–, individualizando los premios o gratificaciones y revisando si fuera necesario el sistema de equidad del régimen laboral. De igual modo, pienso que la motivación personal es consecuente con el concepto y la práctica de la libertad.

Es importante señalar que el comportamiento individual es un concepto de suma importancia en la motivación. Tiene como características el trabajo en equipo y la dependencia de sus integrantes. Diversas investigaciones realizadas han demostrado que la satisfacción de las aspiraciones se maximiza cuando las personas son libres para elegir su grupo de trabajo.

En toda actividad organizada, es una verdad cierta que el liderazgo es condición esencial para saber contener la reticencia a los cambios que en muchas organizaciones existe. El temor a lo desconocido –en cuanto a actividades a realizar y actitudes a adoptar–; el acostumbramiento y comodidad de lo rutinario–es simple vivir conociendo lo próximo a realizar en cuanto a sus formas y modos–; el conformismo y la parálisis frente a nuevos desafíos, son parte de las contingencias diarias a la que se ven enfrentados los individuos en las organizaciones. En la capacidad del líder estará el propiciar un camino para el alcance del éxito en la comunicación integral de toda organización.


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