Poderes impotentes
Conforme a los datos concretos que se han acumulado a partir de las primeras décadas del siglo pasado, tiene razón el intendente porteño y candidato presidencial Mauricio Macri cuando dice que “el círculo rojo no entiende nada de política”. Según Macri, el “círculo rojo” es la minoría politizada que incluye a los empresarios y a los inversores responsables de hacer subir y bajar los índices bursátiles en lo que tomó por un esfuerzo colectivo por obligarlo a pactar con Sergio Massa, o sea, lo que algunos llaman el establishment y otros, en especial los kirchneristas, “los poderes concentrados”. Aunque es posible que en esta ocasión haya acertado la gente de dicho “círculo”, ya que la voluntad del líder de Pro de mantener a raya a quienes a su juicio han sido cómplices del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner podría costarle muchos votos, no cabe duda de que, su reputación temible no obstante, su influencia en la evolución del país ha sido extrañamente escasa. Por cierto, de contar el establishment empresarial y sus aliados mediáticos con los poderes casi mágicos que les atribuyen muchos peronistas, radicales e izquierdistas, la Argentina sería otro país, pero sucede que ni siquiera han sido capaces de defender lo que sería de suponer son sus propios intereses corporativos. Si han servido para algo “los poderes concentrados”, ha sido para brindarles a los populistas un chivo expiatorio supuestamente culpable de todos los males nacionales, un papel que siguen desempeñando a pesar de su innegable debilidad política. En los países más desarrollados, no sólo los conservadores sino también los socialistas o laboristas, aprendieron hace tiempo que ensañarse con el sector privado sería peor que inútil ya que, bien que mal, se trata de la parte más productiva de la sociedad que ningún organismo estatal estaría en condiciones de reemplazar. En buena parte de América Latina, empero, políticos de una variedad de preferencias ideológicas pronto llegaron a la conclusión de que les sería más beneficioso ubicar a “los oligarcas” en un lugar privilegiado de su lista negra de enemigos. Puesto que los derrotarían una y otra vez con gran facilidad, la región no pudo aprovechar, como hicieron América del Norte, Europa Occidental, el Japón y Australia, el progreso económico y social que en la segunda mitad del siglo pasado posibilitó que centenares de millones de personas disfrutaran de un nivel de vida que para sus abuelos era inconcebible. En algunos países vecinos, como Chile y Uruguay, las actitudes están cambiando, razón por la que en los años últimos han logrado anotarse mejoras económicas muy superiores a las registradas aquí para superarnos, por un margen cada vez más amplio, en lo concerniente al ingreso per cápita. Macri apuesta a que resulte tan fuerte la voluntad de cambio que, luego de triunfar en las elecciones, le sea dado liderar una transición que nos permita recuperar el terreno perdido en un lapso relativamente breve pero, a juzgar por las encuestas de opinión más recientes, la mayoría podría optar por la continuidad, alternativa que, en vista de los resultados de la larga gestión kirchnerista, significaría resignarse al atraso. No es que los comprometidos con el corporativismo populista que, en opinión de muchos peronistas, hace las veces del “sentido común de los argentinos” se hayan propuesto frenar el desarrollo por entender que en términos políticos les convendría que la mayoría permaneciera atrapada en la pobreza. Con toda seguridad, tanto ellos como sus adversarios de otro signo ideológico querían que la Argentina se convirtiera cuando antes en un país próspero e igualitario. Sin embargo, aunque a esta altura debería serles evidente que fracasaron las estrategias voluntaristas que han ensayado y que por lo tanto sería lógico que adoptaran versiones de las que en otras latitudes han brindado resultados buenos, se resisten a darse por vencidos. Según parece, los que hablan de “profundizar el modelo” están más interesados en sus propias teorías supuestamente revolucionarias que en el bienestar de quienes les sirven como cobayos para sus experimentos, pero puesto que entienden que tal postura nunca les ha impedido ganar elecciones, continuarán por el rumbo que han emprendido hasta que los votantes les pidan modificarlo.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Martes 9 de junio de 2015