Preocupación por el riesgo de recursos paleontológicos en Río Negro

La explotación de uranio amenaza las áreas protegidas de El Bajo de Santa Rosa y Trapalcó, en el centro de la provincia.

El Bajo de Santa Rosa y Trapalcó, en la provincia de Río Negro, son áreas protegidas entre Lamarque y Valcheta debido a la riqueza geopaleontológica que contienen. Sin embargo, se encuentran amenazadas por proyectos de explotación de uranio, mineral radiactivo que alimenta las centrales nucleares para generar energía. Y esto quedó plasmado en una charla sobre ambientalismo que se concretó en esta capital.

El encuentro, organizado por el Movimiento Antinuclear Rionegrino-Viedma (MAR), tuvo como expositores a los integrantes de la Asamblea Ambiental de Cipolletti Yusara Mastrocola y Leonardo Salgado, a su vez investigador científico en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET).

En la convocatoria se dijo que la minería de uranio es devastadora para el medio ambiente y altamente contaminante por lo que es necesario proteger y defender a esta zona de tan nociva actividad

Los especialistas advirtieron que el yacimiento paleontológico comienza en el salitral Ojo de Agua y los niveles de huevos de dinosaurios llegan a Cona Niyeu, y a su entender “hay miles”, ahora “si la empresa (Grosso Group que trabaja en la zona) presenta (un estudio de) impacto ambiental es posible evitar el daño”.

Consideraron que allí debe existir un monitoreo por parte de la provincia de Río Negro, y “hay que mantener el área para aprovechar el recurso turístico, porque la minería en general extrae recursos, y cuando se van quedan los agujeros”.

Para Mastrocola el fondo de la cuestión pasa por mantener condiciones de naturalidad de ese ambiente, y en cuanto a una modalidad de protección podría ser la presentación de un proyecto de ley ya que, Lamarque que declaró Área Municipal Protegida, tiene la posibilidad de hacerlo.

Insistieron en “provincializar” el área para que “las autoridades de Ambiente tomen cartas en el asunto, y puedan participar también los pobladores locales, porque la gente de la empresa habla como si ahí no hubiera nadie, y se da por sentado que es un desierto, y nosotros vemos que hay gente”.


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