Primer crédito a empresa argentina desde el default

El Banco Mundial lo otorgó a la aceitera Deheza. Resaltaron la competitividad en materia agrícola.

Por Redacción

La Coorporación Financiera Internacional (CFI) del Banco Mundial otorgó un préstamo a largo plazo por 100 millones de dólares a la Aceitera General Deheza (AGD), el primer crédito de este tipo que el organismo concede a una empresa argentina tras la crisis desatada en 2001 que culminó en el default.

El crédito se destinará a «respaldar el programa de inversiones de capital» de Aceitera General Deheza, de 163,7 millones de dólares para los próximos tres años y su otorgamiento «es indicativo de la competitividad argentina en la producción agrícola», destacó el BM en un comunicado difundido ayer en Buenos Aires.

El 30% del monto a financiar es un préstamo sindicado, es decir concedido por una entidad privada a través de subasta, que «generó mucho interés por parte de los bancos comerciales», sostuvo el organismo.

Al respecto, el director del Departamento de Agroindustrias de la CFI, Jean Paul Pinard, dijo que pese «a las difíciles condiciones económicas imperantes» el organismo «logró atraer el interés de los bancos comerciales internacionales» debido a «la exitosa trayectoria de negocios» de la aceitera.

En tanto, el director del Departamento para América latina y el Caribe de la Corporación Financiera Internacional, Atul Mehta, apuntó a que «esta inversión tenga un notable efecto de demostración» de que «incluso en situaciones económicas muy difíciles, es posible efectuar transacciones con compañías sólidas», al aludir a que «el acceso al crédito a largo plazo continúa siendo limitado» para las empresas argentinas.

 

Expectativa de crecimiento

Por su parte, Miguel Acevedo, responsable del área financiera de Aceitera General Deheza, sostuvo que «la transacción permite superar la falta de liquidez» en Argentina y ayudará a la empresa «a financiar su estrategia de crecimiento a largo plazo».

Sin embargo, admitió que «el acceso al crédito a largo plazo continúa siendo limitado» para las compañías locales.

Según consignó el Banco Mundial, la empresa tiene como actividad principal la industrialización de oleaginosas y es líder en el mercado de soja, semillas de girasol y maní.

Con una molienda que superó los 4 millones de toneladas en la cosecha 2003-04, la compañía es una de las principales elaboradoras de productos agrícolas en el país, exporta más del 80 por ciento de su producción, emplea a más de 6 mil personas, abastece la mercado interno y a otros 45 países. (

La principal actividad de la Compañía General Deheza es la industrialización de oleaginosas y es líder en el mercado de la soja, semillas de girasol y maní.

La molienda de la empresa durante el período 2003/2004 superó las 4 millones de toneladas.

Actualmente exporta más del 80 por ciento de su producción y emplea a más de 6 mil personas. (DyN y Télam)

«Muchos se quemaron con la Argentina»

El premio Nobel de Economía, Finn Kydland, afirmó ayer que «hay personas que ya se quemaron» con la Argentina y «no se olvidan», al explicar el bajo nivel de inversiones que registró el país en los últimos años.

Al disertar en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el economista noruego sostuvo que la Argentina «deberá hacer un esfuerzo y recuperar enormemente la credibilidad perdida», tras recordar que durante la crisis del 2001 volvieron a confiscarse los depósitos.

Señaló que el país «necesita fuertemente de inversores porque si sigue creciendo sólo al 2 o 3 por ciento anual será mucho peor para los sectores más empobrecidos, porque no alcanza para modificar la actual distribución del ingreso».

Dijo que la Argentina «puede volver a recuperar el nivel de importancia porque tiene las potencialidades para ocupar el lugar que se merece entre las naciones del mundo desarrollado».

Kydland sostuvo que la Argentina «debió haber crecido más rápido en los años noventa» y agregó que el problema «fue la falta de inversiones porque el país no tenía credibilidad por hechos que sucedieron en el pasado».

Sostuvo que durante la década de los '90 la Argentina «no tenía credibilidad en los inversores a pesar de que el nivel de productividad aconsejaba invertir». Al referirse a los inversores dijo que tanto por la crisis de los '80 y los '90 «quedaron preocupados por posibles episodios similares en el futuro y en consecuencia no arriesgaron su capital en la Argetina». «La memoria era demasiado fuerte, como para que inviertieran lo necesario para que la Argentina pudiera crecer mucho más de lo lo hizo», agregó.


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