Producción alternativa: cuando "producir" es el lema, aunque no sean peras ni manzanas

Eligieron seguir en la chacra e intentar con alternativas comercialmente más tentadoras que la producción tradicional. Aquí los testimonios de cinco casos de chacareros que apuestan por los cerdos, el césped, ganadería, almendras y forrajes.



Apostar por los cerdos, el césped, la ganadería, las almendras e incluso los forrajes. De eso se tratan estas cinco historias sobre producción alternativa, que vamos a conocer a continuación.


No anduvo la Gala, tampoco la cereza, pero sí el césped


Plantas de manzanos, perales, ciruelas y cerezas fueron quitadas de la tierra. Pocas ganancias, muchos gastos, demasiado sacrificio. Fausto Ferroni y su padre se decidieron un día y comenzaron a diversificar las ocho hectáreas que tienen en la zona sur de Stefenelli (Roca), cambiando todas las plantas por panes de césped.

Los panes de césped trajeron el alivio para seguir produciendo. Foto: César Izza.


“A veces plantábamos lo que el mercado exigía. Por ejemplo manzana Gala. Como cinco años esperando que crezca la planta y que comience a producir. Cuando logramos el objetivo, ya no había mercado, nadie la quería y la otra contra es que nunca sabés cuánto y cuándo vas a cobrar la cosecha pasada”, contó Fausto.

Otra mala experiencia fue con las cerezas, ya que tiene un tiempo limitado para la venta. “Arranca con un precio alto y luego baja estrepitosamente porque hay que sacársela de encima, se pone fea y después nadie la quiere. Además tiene un alto costo de embalaje, no se consigue gente para cosecharla. A lo último vendía una caja de cinco kilos por $150. No se puede trabajar así”, manifestó.

Lo que sí es alto es el monto de inversión. Hay que preparar la tierra, conexión de cañerías, bombas, abonos, semillas...”

Fausto Ferroni, ahora productor de césped, en Roca.


Fue uno de sus primos quien comenzó a experimentar con el césped y él copió la idea. “Primero reemplazamos una hectárea, luego dos y ya llevamos cinco hectáreas de puro césped. Lo podemos hacer junto con mi padre, no renegamos tanto y el clima no es un factor que pueda arruinar el producto”, aseguró Fausto.

Sus primeros clientes fueron los jardineros que buscaban los panes de césped y los recomendaban en las viviendas donde trabajaban. “Nosotros producimos festuca y raigras. Hacemos una mezcla que resiste las bajas temperaturas y son ideales para esta zona. Todo lo que hacemos es muy artesanal y mi padre que ya tiene 75 años se fue adaptando y es el que anda con el tractor cortando el césped”.


Rompió la tradición y se dedicó a los cerdos


La familia de Emiliano Borocci hace más de 70 años que se dedica a la fruticultura en Allen. Sin embargo, él apostó por la producción porcina.

Las chacras que tiene Emiliano fueron de sus abuelos maternos que llegaron de Italia y por una cuestión hereditaria le quedaron a su mama Mirta. “Ella hizo una subdivisión para sus tres hijos y que cada uno pueda establecerse en la actividad que quisiera”, contó el joven productor a “Río Negro”.

Cada hijo recibió 50 hectáreas. Emiliano, que ya venía con una idea de diversificar, -luego de graduarse en Buenos Aires como licenciando de Administración de Empresas- se dio cuenta que la ecuación era sencilla con la producción de cerdos en el Valle.

Cerdos de Emiliano Borocci se venden en carnicerías de Allen. Foto: César Izza.


Primero desmontó 35 hectáreas que tenía con peras y manzanas y plantó zapallo calabaza. Luego comenzó de a poco con la producción de lechones. “Arranqué en 2012 con 10 animales y ahora tengo 45 madres”, contó.

Los primeros criaderos que tuvo eran de postes de álamos y chapas. Luego de las primeras pariciones, cuando tuvo ganancias, invirtió en pisos de cemento y mejores techos. Ahora cuenta con una estructura para que puedan parir 15 animales.

Ante el precio de la carne de vaca, a la hora de un asado familiar, en vez de comprar un costillar, prefieren un lechón”.

Emiliano Borocci, de familia productora de Allen.


Emiliano señaló que los cerdos tienen unas cinco pariciones en dos años. La cantidad promedio de lechones por madre es de 8 vivos, “siempre suelen tener 10 o 12 pero por problemas de aplastamiento o genética solo quedan 8”, explicó.

El productor contó que con la venta de 4 lechones se puede costear la crianza de la madre y los demás quedan para ganancia.

La dieta balanceada está compuesta de maíz y soja que vienen de La Pampa; alfalfa, pasto seco y algún núcleo proteico que ofrecen los veterinarios de la zona.


La opción de adaptar los campos para la ganadería


La colonia frutícola de Río Colorado, con el correr del tiempo va cambiando la postal que tenía como sello identificatorio en la producción de frutas de carozo y de pepita.

La falta de una rentabilidad a la que nunca se le encontró una solución, llevó a que muchas chacras quedaran abandonadas con problemas de sanidad que afectaban a sectores vecinos. Unas fueron alquiladas y otras fueron vendidas.

Los espacios para engorde fueron ocupando una buena porción de tierras productivas. Foto: Jorge Tanos.


Incluso ya son un recuerdo que quedará plasmado en las fotografías, las hojas amarillas en otoño y el verde en primavera, que mostraba las “cortinas” con las plantaciones de álamos que rodeaban a las chacras.

En ambos casos el desmonte de las hectáreas fue completo. Sacaron los frutales y hoy abunda la producción hortícola, las pasturas y otras fueron adecuadas y transformadas para albergar animales vacunos.

Otras actividades nunca van a generar tanta riqueza ni demandar tanta mano de obra como la actividad frutícola”

Víctor Pardo, presidente de la Cámara de Productores de Río Colorado


En pleno centro colono hoy se pueden ver algunos emprendimientos privados que readecuaron el lugar para poner a engordar o terminar terneros antes de enviarlos a la faena.

El presidente de la Cámara de Productores frutícolas de Río Colorado, Víctor Pardo, señaló que “si te fundiste como fruticultor y seguís teniendo la tierra obviamente vas a buscar alquilarla o cambiar de actividad. Lamentablemente para la sociedad las otras opciones que pueden ser la explotación ganadera, forrajera o la producción hortícola nunca van a generar tanta riqueza ni demandar tanta mano de obra como lo hizo la actividad frutícola”.


Que las nueces y almendras sean un negocio familiar


Bien se podrían definir como pioneros en la producción de almendras en el Valle. Sus productos son pedidos desde diferentes partes de la zona y el país.

El emprendimiento en María Elvira, Cipolletti, ya es un ejemplo de crecimiento.


Cristina y Jorge De Jong, productores a lo largo de su vida, llegaron a la zona de María Elvira en Cipolletti en el 2001 buscando alternativas para poder subsistir en las chacras. En épocas complicadas para la fruticultura, decidieron dejar atrás la pera y la manzana. Fue así que se lanzaron en la búsqueda de nuevos horizontes y se encontraron con la producción de las “almendras y las nueces”, sector poco explotado. El emprendimiento, cuenta con 3 hectáreas de árboles almendros y cada sector es cuidado por la familia.

En 2007 comenzaron con la plantación de los almendros por espaldera, una de sus hijas pidió un crédito para poder financiar el proyecto que bautizaron “Nogallia” y junto con el asesoramiento de personas que tenían un vivero pusieron de pie nuevamente la chacra. “En esos momentos nadie sabía mucho acerca del tema, ni siquiera la gente del INTA nos pudo ayudar mucho”, expresó Jorge.

Como economía familiar es muy sustentable, la producción te puede durar 1 o 2 años, y los costos son bajos”.

Jorge Jong, productor de Cipolletti que encontró en los frutos secos una salida.


En 2012 con un creciente aumento en las ventas se involucraron completamente con la propuesta. “Cada día fuimos aprendiendo acerca de este tema, todo fue a prueba y error pero eso nos trajo a donde estamos hoy”, expresó el productor. El proceso comprende una cosecha anual, que se genera en febrero-marzo. Hasta fines de octube se debe tener en cuidado los arboles en los momentos de heladas. La única parte en la que no intervienen es en el pelado del fruto, para esto lo envían a Mendoza.


Apuesta por los forrajes, que llevó años y funciona


Desde la cuna palpó la realidad de la producción frutícola, por pertenecer a una familia con tradición en el cultivo de peras y manzanas. Los vaivenes de esa actividad, siempre lo hicieron pensar en buscar una alternativa diferente, siempre en la chacra.

El camino lo encontró con el cultivo de pasturas y forrajes; en principio de una manera experimental, pero con el correr de los años transformándose en un referente de la actividad en el Alto Valle.

La siembra de maíz en Godoy entraña menos riesgos que la fruticultura. Foto: Néstor Salas.


Gabriel Collino (45 años) es de Godoy, se inició en la actividad poco después de cumplir 19 años, con la siembra de maíz en una hectárea propiedad de la familia. El comienzo fue de manera muy artesanal, porque el cultivo y cosecha los hizo a mano, y también de forma artesanal realizó el desgranado.

Actualmente maneja entre 35 y 40 hectáreas de cultivos de pasturas y forrajes tanto en chacras ubicadas en el Alto Valle como en el Valle Medio, y es un referente del trabajo en esta materia. “Siempre vi que la fruticultura estaba con muchos problemas, mi familia siempre se dedicó a eso y lo sigue haciendo, y veo todos los problemas que tienen que afrontar para llegar a cada cosecha”, contó Gabriel, hijo de un reconocido productor frutícola (Guillermo Collino).

Ya a los 13 años manejaba la cosecha de la chacra familiar, pero siempre pensando en la búsqueda de alternativas productivas que lo llevaran por otros caminos dentro de la agricultura.

Muchos productores piensan que por erradicar un monte frutal, después pueden hacer pasturas. Pero no es tan simple”

Gabriel Collino, de familia productora y referente en su rubro.


“Siempre pensé en la producción de pasturas y forrajes como una alternativa viable, porque si nos remontamos a la historia del crecimiento de nuestros valles, todo comenzó con la siembra de alfalfa y algunas forrajeras, tomates, vides y posteriormente llegaron las peras y manzanas”.

Tras cumplir con el servicio militar se inició en el camino de emprender la siembra de maíz. El trabajo que fue desarrollando le permitió ser durante 17 años proveedor del hipódromo de Mar del Plata.


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