Productores cereceros organizados aun en una temporada adversa
Heladas tardías afectaron niveles de cosecha.
TEMPORADA COMPLICADA PARA EL CAROZO
A las puertas de una nueva temporada de cosecha de cerezas, las condiciones meteorológicas adversas que afectaron la floración y las dificultades vinculadas a la defensa del daño de heladas llevan a predecir una merma importante de la producción, que en distinto grado involucra a todas las variedades y montes implantados en el Alto Valle, Valle Medio y Río Colorado.
En la zona de la Confluencia, más precisamente en las localidades de Arroyito, Senillosa, China Muerta y Plottier, una veintena de productores trabajan en grupo y son acompañados por el INTA Alto Valle, a través de la Agencia de Extensión Rural Centenario.
Desde sus inicio en el año 2000, insisten en la producción de cerezas, a pesar de las adversidades como las que se presentan en esta temporada.
Los productores, motivados por inquietudes compartidas, se asociaron en la Cooperativa de Cereceros Patagónicos y se vincularon al programa nacional Cambio Rural para contar con una dinámica sostenida de asistencia técnica y seguimiento de prácticas productivas mejoradoras como: manejo del riego, fertilización, cosecha y poscosecha; empaque y conservación frigorífica, orientación sobre insumos apropiados, herramientas e infraestructura necesaria en sus chacras.
El aspecto prioritario a resolver hoy por los productores lo constituye el daño causado por las heladas primaverales, que se solucionaría con la instalación de sistemas de defensa con riego por aspersión, que demanda una alta inversión y escapa a las capacidades propias de financiamiento.
Otros factores están relacionados a la etapa de poscosecha e implican la adquisición de hidrocooling, cámara frigorífica, cinta para clasificación, tamañadora, entre otras inversiones, que permitirían asegurar la calidad de la fruta producida y un mejor posicionamiento en la etapa de comercialización.
Acompañamiento
Los grupos Cooperativa de Cereceros Patagónicos y Productores de Cerezas de Senillosa se encuentran incluidos en el programa nacional Cambio Rural II, con el apoyo técnico del ingeniero agrónomo Fernando Norambuena, y trabajan en forma coordinada con el Programa Frutas Finas del Centro Pyme y el Área de Producción de la Municipalidad de Senillosa en el marco del Proyecto Regional de INTA-PRET.
Los integrantes de los grupos son pequeños y medianos productores cuya principal actividad es la fruticultura con cultivo de cerezos, a los que se suman ciruelos, durazneros, uva de mesa y para vinificar, además de horticultura y forrajeras.
Ricardo Iraira, es uno de los integrantes de la Cooperativa, propietario de la chacra El Grillo, ubicada en la isla 111 de Senillosa. Posee una superficie total de 25 hectáreas, cuatro de las cuales se encuentran implantadas con frutales; una hectárea y un cuarto están dedicadas a la producción de cerezas con las variedades Lapins, Bing, Van, 13S313 y Royal Down, conducidas en sistema de eje central.
Las primeras plantaciones datan del año 2005, con el programa provincial Venda Neuquino. En el 2007 se dio un proceso de organización propio de los productores de cerezas de Senillosa, que buscaron asesoramiento técnico en instituciones como INTA, a través de la Agencia de Centenario y la Experimental Alto Valle, generando un primer proyecto en el marco del programa Cambio Rural I.
Iraira describió que la vinculación al programa Cambio Rural fue muy importante, ya que a partir del mismo “empezó la verdadera producción, se abrieron otras puertas y se adquirió un conocimiento del cultivo, respecto a fertilización, poda, manejo general de las plantas y de cosecha siguiendo buenas prácticas”. Esto redundó en mejor calidad de fruta, significando mejores calibres.
La producción es de unos 6.500 kilos, de los cuales en la última temporada se aprovecharon para el mercado alrededor de 4.500 kilos. “El problema es la comercialización –destaca Ricardo– por no contar con mercados cerca; se vende en Buenos Aires con un flete y un costo de descarga que encarece el producto, sumado a que la cooperativa no cuenta con infraestructura de frío propio y no tiene estrategia para defender el precio de la fruta”. La dinámica les significa la pérdida de casi un 15 % del valor de venta que queda en manos de los puesteros. Otros comercializan en el Mercado Concentrador de Neuquén o introducen la fruta directamente en el mercado local. La producción con destino nacional es acopiada en forma conjunta en la Cooperativa con la previsión de un estándar de calidad establecido por el mismo grupo.
No contar con un sistema de riego por aspersión “genera siempre la incertidumbre de poder cosechar por lo menos un 80% de lo producido, ya que las heladas tardías son las que mayor daño provocan”. En la actualidad hacen defensa pasiva con riego por manto y activa con fuego, quema de briquetas o restos de poda.
Serrucho en mano
Rubén Maldonado tiene seis hectáreas de producción de cerezas con las variedades Bing, Van, Lapins y Brooks en la Colonia Agrícola Senillosa. Cuenta que alrededor de 25 productores la formaron en el 2003, comenzando con cultivo de alfalfa y hortalizas a campo y en invernadero. Todos se asentaron un espacio de unas 182 hectáreas sobre las que se trazaron calles, canales de riego y electrificación.
El proceso de producción dio inicio también con el Venda Neuquino, “los técnicos fueron aprendiendo con nosotros”, dice Rubén. Explica que “cuando llegó el momento de comercializar se complicó porque no tenían tamaño de fruta por falta de conocimiento del cultivo, teníamos muchas cerezas y poco tamaño”. Aquí aparece el contacto con INTA, entre los años 2006 y 2007, junto a los técnicos Aldo Segatori y Gabriel Podgornik “en una primera visita de consulta, pero con el serrucho en la mano”.
Allí se hicieron las primeras podas sobre plantas que estaban hechas en multieje. Fue a partir de entonces que se organizaron bajo el primer programa de Cambio Rural, armando el grupo y buscando un técnico. Roberto Ferretti fue uno de ellos y es reconocido por su acompañamiento permanente. Los productores fueron capacitados y se los invitó a conocer experiencias de otras provincias como Mendoza y la vecina Río Negro, en un proceso de actualización técnica permanente.
Hoy en la chacra de Rubén las plantas se manejan con conducción en eje simple y doble de acuerdo al marco de plantación, asegurando la entrada de luz y a fin de maximizar la producción. Destaca que las heladas son un grave problema por el costo de los equipos, por lo que hacen defensa pasiva con riego por manto.
La variedad Brooks se cosecha para la primera quincena de noviembre y en un año normal se sale antes que las primicias de la zona de Plottier. Los calibres de la cereza de este establecimiento, en un 70% son grandes a extragrandes, con una cosecha elegida en la planta.
El promedio de producción de Maldonado es de 6.000 a 8.000 kilos por hectárea, si bien la chacra está preparada para unos 50.000 a 60.000 kilos de fruta.
Como característica particular las herramientas para la fertilización y para otras labores culturales son fabricadas por el mismo productor, con reaprovechamiento de rezagos y con mucho ingenio chacarero.
La comercialización es realizada en un 90% en Buenos Aires, con clasificación en tres tamaños, y en el mercado local a granel. “Al principio hicimos dos experiencias al exterior, a Brasil y Canadá, a través de terceros, pero no nos fue muy bien con el pago”. “Es un problema no contar con un galpón de empaque y frío para la producción propia o a través de una empresa de servicio”.
Juan Roberto Kiessling
INTA AER Centenario
CRPN INTA
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