“Públicamente digo gracias a la escuela Padre Fito”
Soy docente y desde este lugar, todos los años, soy parte, en diferentes instituciones educativas, de actos escolares que se realizan al cierre de un ciclo. Hace poco, en la ciudad de Neuquén y en muchos otros lugares de la provincia, finalizó el ciclo escolar 2012 y también he sido parte del evento. Esta vez desde un lugar privilegiado que me dieron la vida y la escuela misma. Soy mamá de dos hijas y la menor ha finalizado en la escuela padre Adolfo Fernández –“Padre Fito”– su ciclo secundario bachiller con orientación en medios de comunicación. Digo que a este egreso de mi hija lo viví desde un lugar privilegiado porque la escuela, “hacia adentro”, fue planificando, acompañando y contribuyendo a elaborar la despedida y el cierre de esta etapa de sus alumnos de quinto año junto a los docentes, al personal y a las familias. Hacia adentro de la institución pudimos llorar, reír, emocionarnos, reconocernos, agradecer… Hacia afuera, hacia la sociedad geográfica de una región, de un país, es que quiero abrir ese mismo espacio que nos brindó la escuela para hacer público el reconocimiento cabal a esta institución educativa porque, actualmente, tener escuela, en tanto lugar físico compartido, es realmente un privilegio. En estos cinco años del ciclo secundario de mi hija, encontré una escuela atravesada por los tiempos difíciles que nos connotan pero también un lugar integrado por adultos hablantes y escuchantes con tiempo y disponibilidad, alumnas y alumnos diversos que además de la asimilación de conocimientos desarrollan las experiencias más nutritivas para sus vidas –la de la amistad y el compañerismo–, normas y pautas realistas y existentes, algunas de construcción conjunta, que contribuyen a enmarcar la vida social y escolar de la escuela, tareas organizadas –más allá de las académicas que son significativas y que se ordenan en un tiempo y en un espacio contribuyendo así a la organización del pensamiento y de la maduración integral–, un proyecto educativo caracterizado por un conjunto articulado de necesidades, representaciones, aspiraciones, potencialidades, principios e ideas que orientan y dan sentido a la acción colectiva e individual. Este proyecto cobra vida en el desarrollo de las distintas vertientes, una de ellas es el hacer político, pedagógico, social y humano del tema de la diversidad, la inclusión y la integración. Y acá vuelvo al lugar de privilegio que expresé al comienzo, porque mi hija menor, que se fue de viaje de egresados con sus compañeros y compañeras a Brasil es una joven de 18 años que en su identidad es portadora de ser una persona con síndrome de Down. Su nombre es Ana Lilén Godoy, “Anita o Anucha”, y es egresada 2012 de la escuela Padre Fito. Públicamente digo ¡gracias escuela! Por el compromiso, el trabajo y la responsabilidad de todos los que conforman el equipo de trabajo en esa institución. ¡Gracias a muchas otras personas! Al grupo de amigos/as, compañeros/as por entender esta propuesta; a las familias por permitir esta construcción conjunta; al centro Mutisias por lo compartido, por los momentos de pensar juntos; a la agencia de diseño de Javier Castro por valorar a Ana desde su integridad; a los docentes del jardín de infantes Nº 10, Cecilia –su primer maestra– y de la escuela primaria Nº 4, Marta –su maestra de primer grado– y Nechi –su directora–. Gracias a todos los profesionales del deporte, de la música, de la danza, de la expresión, por haber contribuido en su formación. Gracias, Tata y Coco. Gracias a mi familia. Gracias, Sol. Gracias, amigas y amigos de la vida. Gracias, Anita por abrir puertas y por permitirnos aprender, crecer y al decir de Miguel Hernández: “Tu risa nos hace libres, nos pone alas”. María Fernanda Pérez DNI 12.672.385 Neuquén
Soy docente y desde este lugar, todos los años, soy parte, en diferentes instituciones educativas, de actos escolares que se realizan al cierre de un ciclo. Hace poco, en la ciudad de Neuquén y en muchos otros lugares de la provincia, finalizó el ciclo escolar 2012 y también he sido parte del evento. Esta vez desde un lugar privilegiado que me dieron la vida y la escuela misma. Soy mamá de dos hijas y la menor ha finalizado en la escuela padre Adolfo Fernández –“Padre Fito”– su ciclo secundario bachiller con orientación en medios de comunicación. Digo que a este egreso de mi hija lo viví desde un lugar privilegiado porque la escuela, “hacia adentro”, fue planificando, acompañando y contribuyendo a elaborar la despedida y el cierre de esta etapa de sus alumnos de quinto año junto a los docentes, al personal y a las familias. Hacia adentro de la institución pudimos llorar, reír, emocionarnos, reconocernos, agradecer... Hacia afuera, hacia la sociedad geográfica de una región, de un país, es que quiero abrir ese mismo espacio que nos brindó la escuela para hacer público el reconocimiento cabal a esta institución educativa porque, actualmente, tener escuela, en tanto lugar físico compartido, es realmente un privilegio. En estos cinco años del ciclo secundario de mi hija, encontré una escuela atravesada por los tiempos difíciles que nos connotan pero también un lugar integrado por adultos hablantes y escuchantes con tiempo y disponibilidad, alumnas y alumnos diversos que además de la asimilación de conocimientos desarrollan las experiencias más nutritivas para sus vidas –la de la amistad y el compañerismo–, normas y pautas realistas y existentes, algunas de construcción conjunta, que contribuyen a enmarcar la vida social y escolar de la escuela, tareas organizadas –más allá de las académicas que son significativas y que se ordenan en un tiempo y en un espacio contribuyendo así a la organización del pensamiento y de la maduración integral–, un proyecto educativo caracterizado por un conjunto articulado de necesidades, representaciones, aspiraciones, potencialidades, principios e ideas que orientan y dan sentido a la acción colectiva e individual. Este proyecto cobra vida en el desarrollo de las distintas vertientes, una de ellas es el hacer político, pedagógico, social y humano del tema de la diversidad, la inclusión y la integración. Y acá vuelvo al lugar de privilegio que expresé al comienzo, porque mi hija menor, que se fue de viaje de egresados con sus compañeros y compañeras a Brasil es una joven de 18 años que en su identidad es portadora de ser una persona con síndrome de Down. Su nombre es Ana Lilén Godoy, “Anita o Anucha”, y es egresada 2012 de la escuela Padre Fito. Públicamente digo ¡gracias escuela! Por el compromiso, el trabajo y la responsabilidad de todos los que conforman el equipo de trabajo en esa institución. ¡Gracias a muchas otras personas! Al grupo de amigos/as, compañeros/as por entender esta propuesta; a las familias por permitir esta construcción conjunta; al centro Mutisias por lo compartido, por los momentos de pensar juntos; a la agencia de diseño de Javier Castro por valorar a Ana desde su integridad; a los docentes del jardín de infantes Nº 10, Cecilia –su primer maestra– y de la escuela primaria Nº 4, Marta –su maestra de primer grado– y Nechi –su directora–. Gracias a todos los profesionales del deporte, de la música, de la danza, de la expresión, por haber contribuido en su formación. Gracias, Tata y Coco. Gracias a mi familia. Gracias, Sol. Gracias, amigas y amigos de la vida. Gracias, Anita por abrir puertas y por permitirnos aprender, crecer y al decir de Miguel Hernández: “Tu risa nos hace libres, nos pone alas”. María Fernanda Pérez DNI 12.672.385 Neuquén
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