Los desafíos pasados, presentes y futuros de la fruticultura

La actividad emblema del Alto Valle vio la luz hace un siglo. Tras décadas de deterioro, el contexto actual impone la necesidad de políticas estratégicas de reconversión e inserción comercial.

09 sep 2018 - 00:00

Después de la terminación de la obra del dique Ballester allá por el año 1916 y una vez iniciado el desarrollo de la red de canales secundarios, comienza el desarrollo de los cultivos de la alfalfa y la viticultura. Algo más tarde, bajo la organización de los ingleses (entonces dueños del hoy Ferrocarril General Roca), a través de la AFD (Argentine Fruit Distributors ), se inicia una fruticultura con protagonismo de productores locales que entregaban su fruta para su empaque, transporte por tren y comercialización. Una vez vendida se le liquidaba al productor el remanente de su venta. No siempre los resultados eran positivos, pero se cuenta que las liquidaciones reflejaban la realidad.

A partir de 1948 el Presidente Perón nacionaliza los ferrocarriles y los productores no tienen a quién entregarle la fruta y los operadores del mercado se quedan sin la provisión de la AFD, por lo cual éstos comienzan a acercarse a los productores en forma directa, tomando paulatinamente el lugar de los ingleses con la metodología de compra en firme o en el monte. Así, la fruta era adquirida al productor por los comercializadores (en principio para el mercado interno), quienes la empacaban y la mandaban por ferrocarril principalmente a Buenos Aires. Este esquema fue creciendo a través del tiempo en volumen y en mercados, introduciendo mejoras técnicas y ayudado fundamentalmente por los gobierno nacionales en distintos periodos, como la incorporación de los frigoríficos a partir de 1959 en un desarrollo estructural y técnico importante.

El sistema duró hasta mediados de los 70. La fruta de los productores era comprada y vendida a su vez por los comercializadores a buenos precios en el Mercado Interno, Brasil y Europa fundamentalmente. Todos tenían una rentabilidad positiva. Fue la época donde los productores independientes poseían aproximadamente el 70% de la producción y las empresas solo el 30%. Todos eran ganadores.

En ese proceso algunos productores comenzaron a diferenciarse, incorporando tecnología para mejorar sus montes e integrándose de productor a empacador y a comercializador mientras otros hacen el camino inverso, de comercializadores retroceden hacia abajo en la cadena. En los ‘80, los mercados tanto externos como internos comenzaron a ser más complejos en cuanto a variedad, calidad y sanidad.

Los comercializadores empezaron a asumir que la fruta que compraban a muchos de sus proveedores tenían problemas de este tipo y resultaba cara. Por lo cual tomaron la decisión de transformarse en productores importantes comprando chacras fundamentalmente en blanco y desarrollaban sus propias plantaciones de frutales con buenas variedades para el momento y con la incorporación de tecnología para control de heladas, maquinarias entre otros avances; buscando producir lo que los distintos mercados le solicitaban.

De esta manera ya no dependerían en un 100% de la fruta del productor. Con el tiempo, los comercializadores tenían cada vez más producción propia y compraban la mejor calidad que encontraban al menor precio posible o se la recibían en consignación, para luego liquidarla.

Este hecho agravó la situación de los productores no integrados quienes comenzaron a tener dificultades para encarar el nuevo periodo frutícola transformándose en un espiral descendente. Al obtener menos retorno, tienen crecientes dificultades para lograr la calidad para ofrecer a los acopiadores.

El sector empacador-comercializador a través de sus instituciones en lugar de ayudar al productor primario a aggionarse de acuerdo a las necesidades de mercado, comenzó a transformarse en productor-empacador. La comercialización dependía cada vez menos de la fruta del productor independiente. Tampoco el productor independiente y sus instituciones hicieron mucho para modificar la realidad que se venía planteando.

El proceso fue acompañado por la llegada de inversiones importantes, alguna de ellas extranjeras, cuyo objetivo era fundamentalmente comprar fruta, y lo hacían en forma gravitante por dos motivos 1) Su costo de producción era mayor que el del productor independiente, por ello equilibraban sus balances con la fruta más barata que adquirían de éstos y 2) La condición era tener parte de producción propia para no depender en un 100 %de la fruta del productor, por tal motivo comenzaron a recibirla en consignación, al principio con un precio mínimo garantido y después le liquidaban de acuerdo a sus resultados, siempre pensando en la maximización de sus beneficios. En estos casos, las empresas eran manejadas por gerentes que influían decididamente en sus entidades específicas y sobre los gobiernos provinciales y nacionales (dependiendo de la época) y respondían más a sus dueños, maximizando ganancias en cada ejercicio, sin plantearse lo mejor que le podía pasar al sector frutícola en su conjunto. La responsabilidad no era exclusiva de lo que hacían los gerentes, sino en última instancia de los que tenían poder político e igual los dejaban actuar.

Fue un error importante, que no fue “advertido” por el gobierno provincial (el más directamente interesado), ni por los funcionarios nacionales de esa época. El enemigo del modelo de fruticultura que el país había elegido, estaba adentro, y los que tenían poder de decisión desde los Estados, nada hicieron en forma estructural. La solución se limitó a subsidiar al productor en la coyuntura, con resultados cada vez peores.

Hubo intentos de revertir esta situación, que se profundizaba progresivamente. Un ejemplo son los viejos operativos de Corpofrut, empacando en establecimientos de terceros la fruta del productor primario, transportándola y comercializándola. Varios de los directivos de ese momento dieron después origen a lo que hoy es PAI (Productores Argentinos Integrados).

Años después (1985/86) desde Corpofrut, con la ayuda del gobierno Nacional y con la propiedad del 40% del frigorífico del puerto de San Antonio, se presentó un proyecto al Ministro de Economía de la Provincia para incorporar productores independientes como socios en las empresas endeudadas con el Banco Provincia de Río Negro y se intentó avanzar con un proyecto propio para comercializar la fruta en el Mercado Interno. Al final del recorrido, quienes impulsaban la idea, fueron desplazados de la conducción con los votos de los directores oficiales. Más tarde desguazaron la entidad.

La etapa de decadencia del productor independiente, duró aproximadamente hasta 2012. Los productores primarios en nuestra provincia, disminuyeron aproximadamente de 8.300 a 2.000. A esta altura los productores independientes poseían sólo el 30 % de la fruta y las empresas el 70%.

Durante todo este tiempo, los distintos gobiernos provinciales y nacionales, nunca implementaron una propuesta integral que llevara al cambio estructural para el desarrollo de un sector frutícola pujante, con agricultores exitosos capaces de reinvertir en tecnología que mejorara su producción y en consecuencia su productividad.

En resumen, esta etapa fue signada por pocos ganadores y muchos perdedores.

A partir de allí y hasta la última cosecha, en abril de 2018, la crisis se profundizó en forma alarmante, fundamentalmente por los costos altísimos de producción, una presión impositiva en aumento y un dólar bajo que ha hecho retroceder a la fruticultura de forma significativa, tanto en los mercados de fruta fresca, como para industria. Esta dinámica tuvo lugar sobre una estructura productiva que padece la falta de reconversión y la crisis económica/financiera, la cual ya venía impactando sobre la producción primaria y otros sectores de la cadena.

Como a esa altura la masa crítica de fruta del productor independiente había disminuido drásticamente las empresas grandes compradoras comenzaron a retirarse.

Esta última, es una etapa de todos perdedores.

Tras la cosecha de este año comienza un nuevo periodo donde coexistirán tres sectores bien diferenciados, que el Estado a través del gobierno provincial y nacional, debiera atender con firmeza, si la intención es pasar de una política financiero-especulativa a una política de producción y exportación, con valor agregado.

Los tres sectores mencionados son los siguientes:

a) Productores que siguen en el sector (casi en su totalidad integrados), los cuales intentan mejorar su eficiencia incorporando tecnología en cada una de las etapas, para poder competir en el mercado internacional, cada vez mas competitivo y complejo. Hasta aquí han recibido alguna ayuda del gobierno, con postergación de impuestos, créditos para incorporar tecnología y de evolución. Muchos de ellos todavía no han salido de la crisis, pero avizoran un futuro mejor.

b) Productores y/o empacadores que no están integrados y tendrían posibilidades para seguir, pero no tienen la ayuda que necesitan. Si no se hace algo por ellos desde los gobiernos, seguirán la suerte de aquellos otros productores que dejaron de existir como tales. La decisión políco-estratégica implica buscar una integración horizontal y vertical que les permita no desprenderse de su fruta hasta llegar a los canales finales de venta, o una alianza estratégica con los que ya están integrados

c) Los ex productores con sus chacras abandonadas que no pueden seguir en la fruticultura. Estos lamentablemente están en caída libre y los gobiernos en forma urgente debieran presentar propuestas que les permitan integrarse en la diversificación productiva ya sea en la horticultura, o como productores de frutos secos, productor de leguminosas, gramíneas; o en la ganadería. De no ser así y aunque vengan nuevos inversores a mediano plazo, la especulación por la tierra y el deterioro de parte de las estructuras de empaque y frío hará desaparecer a muchos de ellos, lo que implica un retroceso y un alto costo social, absolutamente evitable.

Los desafíos pasados, presentes y futuros de la fruticultura
Trayectoria. La de Ricardo Epifanio en la actividad frutícola.
Durante muchos años la lógica utilizada fue maximizar ganancias en cada ejercicio, sin plantearse lo mejor que le podía pasar al sector frutícola en su conjunto.
Tras la cosecha de 2018 comienza un periodo donde coexistirán tres sectores bien diferenciados, que el Estado debiera atender con firmeza.
Dato
30%
La porción de la fruta que queda en manos de los productores. El otro 70% pertenece a las empresas.

Seguí informado, suscribite GRATIS a nuestro newsletter

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día”Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.