¿Qué quieren los «antiglobalización»?
En Génova se encendió la luz roja de alarma máxima. Cuando a fines de julio unos 100.000 manifestantes rodeen en la ciudad italiana a los jefes de Estado de las principales potencias del mundo, habrá casi con total seguridad incidentes.
Eso es al menos lo que señala la experiencia de los dos últimos años: desde la conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle, todas las protestas de los manifestantes antiglobalización se han saldado con disturbios y la destrucción de amplios sectores del centro de las ciudades. En la reciente cumbre de la Unión Europea (UE) en Gotemburgo, los violentos enfrentamientos de algunos cientos de manifestantes con la policía ocultaron el hecho de que casi 40.000 personas protagonizaron la mayor marcha pacífica del norte de Europa desde hace años.
Los antiglobalización exigen que en todo el mundo se cree un impuesto contra los especuladores financiación del intercambio sobre todo para la producción agrícola en los países pobres y una actuación decidida contra los «criminales financieros», que por la desaparición de los controles estatales amasan fortunas y las llevan a paraísos fiscales dejando en la ruina la economía de otras personas.
Sus principales enemigos con las multinacionales. La autora estadounidense Naomi Klein tocó un punto central de esta problemática con su bestseller «No Logo!», donde describe las pingües ganancias de empresas como Nike. Por una parte, estos gigantes logran que su marca fascine a generaciones enteras de consumidores, mientras a la vez desplazan su producción de forma sistemática a zonas de libre comercio o en el Tercer Mundo, donde disfrutan no sólo de exenciones de impuestos, sino que pagan salarios muy bajos y los trabajadores no cuentan con leyes laborales o sindicales que los protejan.
La mayor parte de los antiglobalización se opone al uso de la violencia. «Attac» condenó los desmanes en Gotemburgo, aunque tuvo que reconocer: «Los medios quieren violencia. Sin los disturbios de Seattle a Gotemburgo nadie hubiera escrito esta historia. Y por eso seguimos adelante.» (DPA)
En Génova se encendió la luz roja de alarma máxima. Cuando a fines de julio unos 100.000 manifestantes rodeen en la ciudad italiana a los jefes de Estado de las principales potencias del mundo, habrá casi con total seguridad incidentes.
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