Quentin Tarantino viaja al Lejano Oeste

Con Leonardo DiCaprio y Jamie Foxx, es la historia de un esclavo afroamericano.

El western nunca muere, y «Django desencadenado»”, de Quentin Tarantino es la demostración palpable de un género que, con suerte, se volverá a colar en la ceremonia de entrega de los Oscar del año que viene.

La cinta, protagonizada por Jamie Foxx y Kerry Washington, es, a priori, una de las pocas irrupciones cómicas, junto con “Silver Linings Playbook”, que se espera en la lista de las nominadas a mejor película. Se trata de un filme con todos los elementos de un western pero centrado en un personaje poco habitual en las películas que explotaron el fenómeno en los años 40, 50 y 60: un esclavo afroamericano.

Aunque algunos contemporáneos como Clint Eastwood en “Unforgiven”, protagonizada por Morgan Freeman, hicieron alguna incursión en el tema, ninguna como la de Tarantino, completamente enfocada en la historia de Django (Foxx) y en su búsqueda de su mujer (Washington), de la que le separó de forma abrupta y violenta.

Django se cruza con un cazarrecompensas alemán (Christoph Waltz) que lo libera de sus cadenas y le devuelve la libertad a cambio de que le ayude a acabar con los hermanos Brittle. Una vez completa su misión, podrá ser libre de ir a buscar a su mujer y arrancarla de las manos del malvado y apuesto Calvin Candie, interpretado por Leonardo DiCaprio.

El personaje del actor de origen italiano es el dueño de una plantación de esclavos donde los hombres son entrenados para pelear por apuestas y las mujeres convertidas en prostitutas. Son condiciones que la película denuncia a ritmo de Tarantino y con su habitual estilo de tragicomedia que atrajo tanto a Foxx como a Washington al papel.

“No hay palabras para describir lo que la gente tuvo que pasar”, explica la actriz de 35 años recordando el rodaje en la plantación Evergreen de Louisiana, donde se metieron durante unos días en la piel de los encadenados y los maltratados de aquel entonces.

Tanto fue así que ambos intercambiaron textos narrando la dureza de las condiciones en las que Tarantino quiso que se adaptaran a la historia. Washington llegó a bromear con mandarle la factura del psiquiatra al director de “Pulp Fiction”.

Para Foxx, por su parte, la cinta se trató de una lección de vida por el hecho de pensar en la clase de privilegio que vive ahora y en las condiciones brutales que tuvieron que sobrevivir sus antepasados. “Te das cuenta de lo que tuvieron que pasar ellos para que nosotros tuviéramos una voz”.

Y eso que no fueron unos comienzos fáciles para el protagonista de “Ray”, salido de Terrell, en Texas, una ciudad complicada para los afroamericanos. Su talento le abrió puertas en el mundo de la comedia en vivo, hasta que consiguió su propio espectáculo de televisión en 1991.

Esa exposición le ayudó a conseguir papeles de cine como el que le ofreció Oliver Stone en 1999 por “Any Given Sunday”, aunque el más determinante no llegaría hasta 2004 con “Ray”, su consagración como estrella de la gran pantalla tras su Oscar como mejor actor.

Foxx dice que tiene ganas de seguir haciendo cosas grandes, pese a que es consciente de lo difícil que será repetir lo logrado. De momento Tarantino le ha dado la oportunidad de abrirse a un personaje intrépido y de denuncia.

Según el propio cineasta, la intención era hacer películas que retrataran el terrible pasado de Estados Unidos, pero no desde una perspectiva de cinta histórica profunda sino como un “spaguetti western”, en homenaje a Sergio Leone y su particular estilo. El resultado, de la mano de los estudios Weinstein y con la música del legendario Ennio Morricone, promete. (DPA)


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