“Raíces egipcias”
Atribuyen a Susana Giménez haber dicho que, según ella, en alguna de sus vidas anteriores habría sido una cabra, por la sencilla razón de que, como a la cabra, los paisajes de montaña siempre le parecieron fabulosos y divinos. Cristina Kirchner, menos modesta respecto de sus raíces, proclamó a los cuatro vientos que ella, milenios atrás, debió haber sido una arquitecta egipcia. Seguramente la mejor. Esta audaz afirmación puede derivar en que, con el tiempo, la egiptología nos depare agradables y sorprendentes confirmaciones sobre parentescos con Nefertiti, con Cleopatra, o con los nombres verdaderos de los arquitectos de monumentales obras que por ahora no tienen creador identificado. La vocación por la monumentalidad egipcia también queda patente en el gigantesco mausoleo de Néstor Kirchner en el cementerio de Río Gallegos; su imponencia señala de manera didáctica la diferencia que existe entre un líder popular y su querido pueblo. Es una forma alternativa de conectar igualdad. Otro puente de unión con el pasado egipcio del régimen K está en una institución que, si bien no fue exclusiva de ese país, tuvo allí gran difusión. Se trata de las “plañideras”. Eran mujeres que de manera rentada eran convocadas para llorar lastimeramente en los velatorios y entierros de las familias pudientes. Cuanto más ruidosa fuera su intervención, mejor grabada quedaría en la memoria de los deudos la despedida final. La potencia innovadora de Cristina Kirchner hizo que, bajo su gobierno, la anquilosada institución de las plañideras sufriese un cambio admirable, gracias al asesoramiento de su hijo. La nueva institución también sería rentada y su intervención sería por convocatoria; pero hay cambios. Está integrada por varones y mujeres, todos ellos jóvenes. Su tarea es mucho menos sombría: pueden vestirse de cualquier manera, acceder a espacios del palacio reservados a la Corona; deben hacerse presentes aun en los horarios donde el común de los mortales trabaja y estar dispuestos a apretujarse en patios o salones, reivindicando las mismas consignas revolucionarias que movilizaron a sus abuelos en la década del 60. También deberán aplaudir ruidosamente lo que fuere y cantar estribillos que halaguen a la reina. Será optativo hacer pogos nacionales y populares en estado de exaltación extrema, provocada por la ingesta de jugo de naranja on the rocks. Cumplida esta tarea, para muchos de ellos lo único que consiguieron, pasarán por ventanilla para ver la forma de recompensa que les fue asignada. Y a esperar la próxima changa. Sus dirigentes, en cambio, tienen una solvencia económica completamente satisfactoria; en el antiguo Egipto habrían integrado la casta de los escribas y, en China, La Cámpola. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Atribuyen a Susana Giménez haber dicho que, según ella, en alguna de sus vidas anteriores habría sido una cabra, por la sencilla razón de que, como a la cabra, los paisajes de montaña siempre le parecieron fabulosos y divinos. Cristina Kirchner, menos modesta respecto de sus raíces, proclamó a los cuatro vientos que ella, milenios atrás, debió haber sido una arquitecta egipcia. Seguramente la mejor. Esta audaz afirmación puede derivar en que, con el tiempo, la egiptología nos depare agradables y sorprendentes confirmaciones sobre parentescos con Nefertiti, con Cleopatra, o con los nombres verdaderos de los arquitectos de monumentales obras que por ahora no tienen creador identificado. La vocación por la monumentalidad egipcia también queda patente en el gigantesco mausoleo de Néstor Kirchner en el cementerio de Río Gallegos; su imponencia señala de manera didáctica la diferencia que existe entre un líder popular y su querido pueblo. Es una forma alternativa de conectar igualdad. Otro puente de unión con el pasado egipcio del régimen K está en una institución que, si bien no fue exclusiva de ese país, tuvo allí gran difusión. Se trata de las “plañideras”. Eran mujeres que de manera rentada eran convocadas para llorar lastimeramente en los velatorios y entierros de las familias pudientes. Cuanto más ruidosa fuera su intervención, mejor grabada quedaría en la memoria de los deudos la despedida final. La potencia innovadora de Cristina Kirchner hizo que, bajo su gobierno, la anquilosada institución de las plañideras sufriese un cambio admirable, gracias al asesoramiento de su hijo. La nueva institución también sería rentada y su intervención sería por convocatoria; pero hay cambios. Está integrada por varones y mujeres, todos ellos jóvenes. Su tarea es mucho menos sombría: pueden vestirse de cualquier manera, acceder a espacios del palacio reservados a la Corona; deben hacerse presentes aun en los horarios donde el común de los mortales trabaja y estar dispuestos a apretujarse en patios o salones, reivindicando las mismas consignas revolucionarias que movilizaron a sus abuelos en la década del 60. También deberán aplaudir ruidosamente lo que fuere y cantar estribillos que halaguen a la reina. Será optativo hacer pogos nacionales y populares en estado de exaltación extrema, provocada por la ingesta de jugo de naranja on the rocks. Cumplida esta tarea, para muchos de ellos lo único que consiguieron, pasarán por ventanilla para ver la forma de recompensa que les fue asignada. Y a esperar la próxima changa. Sus dirigentes, en cambio, tienen una solvencia económica completamente satisfactoria; en el antiguo Egipto habrían integrado la casta de los escribas y, en China, La Cámpola. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca
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