Raúl se reencontró con su Siam Di Tella 43 años después

El viajante vio la nota de un oxidado Siam Di Tella publicada en el diario. Lo reconoció por su número de patente y quiso sentarse una vez más al volante.



“Este es mi auto”, dijo exultante Raúl al ver una página del diario “Río Negro”, en que aparecía la foto de un Siam Di Tella, modelo ´61.
Ansioso, se llegó hasta la redacción y pidió hablar con el periodista que hizo la nota.


¿Vos podrás llevarme al lugar donde está este auto?”, dijo señalando el artículo que refería a Don Emilio González y ese viejo vehículo que aún circula por las calles de Roca.


Apenas llegamos al barrio, Raúl divisó el auto estacionado frente a una humilde vivienda, en Quinta 25. “¡Ahí está! No lo puedo creer”, decía una y otra vez. “¿Sabes por qué sé que este auto fue mío?, pregunta y responde rápidamente. “Por el número de patente. Si hay algo que recuerdo de todos los autos que tuve son los números de las patentes”, destaca. Esos números blancos, sobre la vieja chapa negra dicen: B592610.
Raúl recuerda cada detalle de aquel auto y tiene motivos sobrados para demostrar ese cariño.


Se sube, se sienta, toma el volante y mira los relojes en silencio. Los recuerdos llegan a su mente y a sus ojos. Con voz quebrada dice. “Con este Di Tella recorrí el país como agente de ventas. Estoy muy emocionado”, manifiesta como si se encontrara con un familiar al que creía perdido.
El actual dueño, Don Emilio, un mecánico de 74 años, trae los papeles del auto, donde todo lo que Raúl afirmaba hacía unos minutos, se confirma. “¡Ves, acá está!”, dice señalando el título del automotor.
“El primer dueño fue De la Cruz y acá qué dice? Raúl Alberto Cos. Soy yo”, dice alegremente. Ese título fue firmado el 16 de diciembre de 1976 en Bahía Blanca.
Pasaron 43 años y Raúl descubre por pura casualidad dónde estaba aquel auto que lo acompañó por las rutas de la Patagonia y del norte del país como “viajante”.


“Yo vivía en Bahía Blanca y hace algún tiempo me vine a Neuquén. El sábado un amigo me invitó a su casa y me pidió que, a la pasada, le comprara el diario. Cuando me puse a hojearlo, veo mi Siam Di Tella 1500. No lo podía creer”, relata.


Cuenta que en la década del ‘70 había quedado sin trabajo y a pesar que no tenía auto se presentó a una empresa que necesitaba agentes de viaje para promocionar productos y hacer cobranzas en distintos puntos del país.
“Lo cómico fue que me aceptaron, pero yo no tenía auto. La salvación fue un Fiat 600 de un familiar. Lo que hice luego fue comprar el Siam De Tella con plata prestada pague el 50% y el resto lo financie. Con lo que gané, a los pocos meses pude devolver el préstamo y cancelar la financiación. Eran tiempos en que la palabra tenía valor”, destaca Raúl.


Aquel auto nacional le permitió ir de pueblo en pueblo y convertirse en una persona conocida por muchos comerciantes, incluso en Roca y el Alto Valle.
Luego de intercambiar información y afectos con Emilio y su esposa, Raúl se vuelve hacia aquel auto despintado y oxidado por el tiempo, lo toca como acariciándolo y se despide de uno de los recuerdos más hermosos de su vida.


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