Remar en dulce de leche

Marcelo A. Angriman *

Ariel Suárez, el remero argentino, bicampeón panamericano en 2011 y finalista olímpico en Londres 2012, hoy es señalado por muchos como un paladín de la justicia, mientras que para otros es un ser peligroso para la sociedad.


Harto de un confinamiento de 145 días, comenzó a remar en solitario, el mismo día en que se habilitaron los entrenamientos del fútbol profesional.


La Prefectura Naval Argentina le labró sendas actas de infracción, pero el palista hace caso omiso a las mismas y prosigue a diario, con su rutina de remar en un río denso como el dulce de leche.
El tema adquiere ribetes cuasi esquizofrénicos, cuando luego de tales hechos, Ginés González García declaró en un programa de televisión que “el remo no tiene demasiados inconvenientes… que “el riesgo de ese deporte individual es mínimo y que los deportes olímpicos están todos habilitados”.


A la confusión generalizada a la que aporta el Ministro de Salud de la Nación, sigue –cual padre de adolescente– su remate: “ Yo no voy a hacer el papel de malo y mucho menos de dictador”, en referencia al tenis y al golf.


A esta altura de los acontecimientos, la restricción a la práctica de tales deportes individuales –siguiendo a rajatabla un protocolo– carece de todo sustento fáctico o científico. Pero aún más, adolece de sentido común.
Por el contrario, la actitud de Suárez encuentra el respaldo de valores muy caros a nuestra idiosincrasia, e incluso a nuestro sistema jurídico.
Ellos son:

1.- La razonabilidad. Roberto Saggese enseña que el vocablo significa “aquello que nuestro ordenamiento nos indica como justo, que evidencia un juicio normal, moderado, prudente, lógico, aceptable, equitativo, adecuado a las circunstancias, conforme con el sentido común.


2.- La aceptabilidad social. Todos estos parámetros, comparten una característica común: la aceptabilidad social. Es decir, lo razonable se caracteriza, principalmente, por ser algo capaz o digno de ser aceptado.


3.- La igualdad. La idea de aceptabilidad social está íntimamente ligada la de justicia, por ello resulta irritante para el ciudadano de a pie que a otros se les dé lo que a ellos se les quita (tal el caso de la vuelta a los entrenamientos de los clubes de fútbol).


4.- El trabajo. La parálisis económica que ha generado la cuarentena ha llevado a que miles de personas que viven de deportes individuales (profesores, clubes, titulares de predios deportivos, fabricantes), se encuentren sin ingresos y con enormes dificultades para sostener a sus familias.


Por ello fastidia sobremanera que el Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, acuse al tenis como “una actividad riesgosa” porque hay manoseo de pelotitas e intervención de ball- boys, cuando el protocolo sanitario elevado marca claramente que sólo el profesor tiene acceso a las pelotas con las que se realiza la clase, entre otras medidas de prevención.
¿La rebeldía de Suárez puede interpretarse como un llamado a la sublevación general? De ninguna manera.


Lejos de ello, es una señal para que las medidas preventivas se sigan cumpliendo, dentro de un marco de cordura.
En definitiva, el caso de los deportes individuales pone en evidencia lo que sucede con normas que carecen de razonabilidad.


Cuando ello ocurre, inexorablemente los ciudadanos para quienes están dirigidas, las desoirán.
Mucho más aún si los propios funcionarios no están dispuestos a correr, con el costo político que implica su sostén.


Pues apelar a la responsabilidad social, es ante todo, apuntar a la inteligencia de quienes deben respetarla.

*Abogado. Prof. Nac. de Educación Física. Docente universitario. angrimanmarcelo@gmail.com


Marcelo A. Angriman *

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