Ricardo Sidicaro: “La coincidencia UCR-Pro no es forzada”
Aunque en el radicalismo haya dirigentes de centroizquierda, tiene una base electoral de centro-derecha en las grandes ciudades que le permite sumarse a Macri, opina el sociólogo Ricardo Sidicaro. Eso la diferencia de la frustrada Alianza con el Frepaso. Tendrá los desafíos del fragmentado sistema político, la “herencia” K y la escasez de cuadros técnicos propios.
ELECCIONES 2015 | DEBATES
En la madrugada del domingo 15 de marzo pasado, una muy caliente y dividida convención de la UCR resolvió avanzar en un pacto electoral con el Pro. Ahora bien, ¿qué es exactamente lo que surgirá de este pacto? ¿Acaso una alianza electoral de aquí a las presidenciales? ¿O una fusión de todos los espacios políticos que la conforman tal como ocurrió con la Alianza entre la UCR y el Frepaso, en 1997? Ya es una alianza, ¿será también (como la) Alianza?
Apenas conocida aquella trasnochada decisión radical tomada por los convencionales en el Teatro Municipal de Gualeguaychú, la comparación bajo la forma de chicana política se disparó: “Son una versión de la Alianza”. Pero, ¿lo son? En una entrevista con este diario, el sociólogo Ricardo Sidicaro compara ambas formaciones y concluye en que la decisión de la UCR de inclinarse hacia la centroderecha tiene más que ver con su historia que aquel acercamiento con los espacios progresistas y de centroizquierda.
-¿Qué coincidencias observa entre aquella Alianza y la actual entre Pro y la UCR?
-A mi modo de ver, no es similar. El radicalismo es un partido con dirigentes que a veces se piensan como progresistas, de centroizquierda, pero que tiene una base electoral de centroderecha, al menos en las grandes ciudades. Por lo que esta coincidencia con el Pro no es para nada forzada. Hay muchas afinidades. Yo creo que no hay muchas coincidencias.
-¿Y en cuanto al escenario político?
-Menem venía muy desgastado por la recesión y por una imagen muy mala de su gobierno, acorralado por la frivolidad y las denuncias de corrupción. La diferencia con el escenario actual es que el mérito que hay que reconocerle al kirchnerismo es que tiene más imaginación política. No son sirvientes del Fondo Monetario Internacional, tienen una presencia notable. Después, respecto de las críticas sobre corrupción, no puede saberse a qué parte de la población le llega todo eso y cómo influirá a la hora del voto. Ahora, lo que no resulta claro en esta alianza es cuál es el eje del conflicto.
-¿Cómo ve el eje en este caso?
-Yo creo que tiene mucho que ver con la inteligencia política, que en este país no abunda en ningún actor. Pensar la política con un cierto largo plazo no es lo habitual. Entonces, bien puede ser una ventaja del oficialismo tener más publicistas, innovadores y audaces, que descoloquen a los opositores. O bien que esa misma audacia del oficialismo para encarar ciertos temas, que muchas veces me lleva a pensar ‘cómo hablan así’ le quite votantes, muchos de ellos que acompañaron a Cristina en el comienzo. Y del lado de Macri, si es sólo Macri no va a concertar fuerzas. Ahora, si es Macri con Reutemann… bueno, ahí será otra cosa.
-Este oficialismo llega mejor parado al final de su mandato que aquél de 1999…
-Sí, además en cada distrito hay diferencias notables. Tampoco es estrictamente cierto que el oficialismo sea una fuerza nacional, en muchos distritos es un negocio de cada caudillo. La Argentina política está absolutamente fragmentada. Ocurre con el oficialismo y con la oposición. Una cosa es la Ciudad de Buenos Aires y otra muy distinta lo que ocurre en cada provincia, donde las fuerzas políticas tienen un mapa muy diferente. Existe la ilusión que la Argentina es más moderna de lo que realmente es.
-¿Qué cree que le pasó a la UCR, un partido que pudo ganarle al peronismo en el ‘83 y 30 años después busca alianzas para ser competitiva?
-Alfonsín fue la novedad en el 83, porque el radicalismo no era ninguna novedad. Pero vino el impulso de Alfonsín que duró dos años. A los dos años vino la economía de guerra y a los cuatro, “felices pascuas”. Y al final de su mandato, el candidato resultó ser Angeloz, que estaba a la derecha de Macri.
-Entonces, es más coherente esta alianza con la centroderecha que aquella de mediados de los 90 con el progresismo.
-Esa alianza era ficticia, primero porque el Frepaso era ficticio, era una asociación de personas que vieron una brecha ahí y avanzaron. Y el radicalismo de entonces era un partido en desintegración. Y esa alianza terminó formando un gabinete que parecía una reunión de sociedades anónimas por el origen de los ministros. No podían pensar que podían hacer una alianza como proyecto progresista. Ahora me parece que es todo más claro. Este radicalismo es más sincero que el de la Alianza.
-¿Cómo es el Pro respecto de aquel Frepaso?
-En Capital, el Pro es un partido moderno, sensible a la demanda de vecinos modernos. Ahora, en las provincias el Pro tiene otra realidad, muy distinta de la de Capital. En Santa Fe, va con Del Sel, en lo que llamo la “ideología del hombre cualunque”. El Pro es una formación política que tiene que salir a buscar alianzas porque si no en algunos lugares no hace pie.
Los desafíos
-¿Cómo ve a esta coalición respecto de una hipotética capacidad de gobierno?
-Ésta parece mejor preparada en ese sentido. Aquella Alianza, apenas llegó al poder, dijo que “es más costoso salir de la convertibilidad que quedarse” y se suicidó políticamente. Ahora, para salir de lo que hoy llaman “el modelo” van a tener que buscar las políticas que los diferencien. Aquella Alianza carecía de cuadros políticos para gobernar y para pensar la política.
-En aquella Alianza el radicalismo era el parido principal, ahora no. ¿Cómo talla eso en la UCR?
-Ni el Pro ni el radicalismo tienen hoy cuadros de gobierno. Si tratan de tener ideas de sus experiencias locales les va a costar mucho armar una administración que asegure una gobernabilidad. Y lo primero que tienen que reconocer es que no tienen que gobernar ellos sino que tienen que contar con muy buenos equipos técnicos, gente que va a discutir qué políticas aplicar.
-¿Y Macri?
-A buena parte del gobierno le gusta la idea de que Macri sea el presidenciable de la oposición porque cree que Macri se desgasta en dos años.
Juan Mocciaro
jmocciaro@rionegro.com.ar
Juan Mocciaro
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