Riesgos de la transparencia

Por Redacción

El gobierno kirchnerista logró minimizar los costos políticos de su incapacidad para solucionar o, por lo menos, atenuar muchos problemas nacionales que según sus voceros ya habían resuelto, subordinando la realidad al relato. Para desconcierto de sus adversarios, a los que les resultaba fácil mostrar que a menudo los datos proporcionados por el gobierno eran fraudulentos, la estrategia funcionó muy bien. Aun cuando la mayoría haya entendido que era fantasiosa la tasa de inflación difundida mensualmente por el Indec y que sería francamente ridículo suponer que apenas el 5% de la población, menos que en Alemania, podría calificarse de pobre, como sostenían los voceros kirchneristas, hasta la segunda mitad del año pasado sectores muy amplios no brindaban la impresión de sentirse perturbados por la diferencia evidente entre el país oficial y aquel en que vivían. La credulidad voluntaria de buena parte de la población así reflejada plantea al gobierno del presidente Mauricio Macri un desafío nada sencillo. Puesto que los macristas han hecho de la transparencia una de sus banderas principales, comprometiéndose a suministrar a la ciudadanía una cantidad enorme de información detallada fidedigna para que pueda alcanzar sus propias conclusiones acerca de las vicisitudes de su gestión, no les será dado imitar a sus antecesores que pasaban por alto aquellos pormenores que les disgustaban. Por lamentable que fuera tal actitud a juicio de los convencidos de que siempre es mejor tomar en cuenta todos los hechos, es innegable que al gobierno kirchnerista le ahorró la necesidad de esforzarse por defender, con argumentos racionales, sus iniciativas más polémicas, como el cepo del dólar, la decisión de entregarle al Fondo Monetario Internacional la friolera de casi 10.000 millones de dólares, el arreglo exprés con el Club de París, el pacto con la República Islámica de Irán y así largamente por el estilo. En lugar de arriesgarse procurando justificar tales iniciativas, los kirchneristas pudieron limitarse a hablar de la perversidad de quienes las criticaban, acusándolos de obrar a favor del imperialismo, los poderes concentrados, el multimedios Clarín, el neoliberalismo u otro símbolo del mal. A juzgar por las encuestas de opinión, la mayoría se sentía conforme con las “explicaciones” improvisadas por dicho gobierno. Así, pues, aunque en diversas ocasiones en el transcurso de la gestión del gobierno anterior la tasa de inflación llegó a niveles comparables con el actual, al aferrarse a los números confeccionados por el Indec los kirchneristas se las arreglaron para cambiar el eje del debate en torno al problema, como si sólo fuera cuestión de la veracidad de las estadísticas oficiales, no de un fenómeno económico que ya tenía consecuencias desastrosas para el país. Cuando Macri aseveró en el discurso con el que abrió las sesiones ordinarias del Congreso que en la última década la inflación alcanzó el 700%, se referiría a lo que era de dominio público, pero muchos reaccionaron como si fuera cuestión de una novedad sorprendente. Asimismo, al insistir los kirchneristas en que la pobreza no había aumentado nuevamente luego del período de mejoras coyunturales que siguió al derrumbe catastrófico del 2002, sino que, por el contrario, se había reducido a un nivel que motivaría la envidia de los países escandinavos considerados más exitosos en la lucha contra aquel flagelo ancestral, hicieron de su propia resistencia a reconocer lo que estaba sucediendo el tema más discutido, desviando la atención de otros un tanto más importantes. En cambio, los macristas se ven constreñidos a tratar de explicar los motivos de una suba inflacionaria que no hubiera preocupado a sus antecesores, que la hubieran atribuido a las mentiras de sujetos contrarios a “la inclusión” y la soberanía nacional, y ya sabrán que cualquier variante, por pequeña que fuere, de otros índices significantes podría perjudicarlos porque sus adversarios no dejarán pasar ninguna oportunidad para atacarlos. Mientras que los kirchneristas pudieron reaccionar frente a cualquier dificultad mirando para otro lado, los funcionarios macristas tendrán que darse por aludidos para entonces procurar reivindicar su accionar, lo que harán participando de una multitud de debates cuyo impacto acumulado no los favorecerá.


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