Rosa Pavlovsky: de las estepas rusas a los Andes

Rosa Pavlovsky nació en Rusia hacia mitad del siglo XIX. Siendo una adolescente debió exiliarse por la persecución y represión del régimen zarista contra su familia. En 1860, sus dos hermanos mayores -Aarón y Jean- fueron enviados a la Siberia, cerca del estrecho de Bering. Era evidente que en esas estepas heladas, con las crueles condiciones climáticas, no se podía esperar más que la muerte de ambos. No obstante, lograron escapar ayudados por una embarcación que aprovechó un río formado por los deshielos y traspasaron así la frontera hacia Europa. Escondidos en la bodega, llegaron a salvo y se radicaron en Bélgica. Años más tarde, Aarón se graduó de ingeniero agrónomo -especializado en vitivinicultura-, mientras Jean en filosofía. En tanto que Rosa, instalada en París, elegía la carrera de medicina como tantas otras mujeres de su generación y estrato social.

Sería interesante recordar el clima epocal francés de ese entonces, a poco de las revueltas obreras que desembocarían en la insurrección y en la Comuna de 1871. Se iniciaba un proceso de huelgas de mujeres para reducir la jornada laboral (planchadoras, 1868); aparecían publicaciones específicas de orientación socialista (Le Voix de Femmes); se organizaban asociaciones de socorros mutuos y cooperativas de producción y consumo exclusivamente de mujeres (sociedad fraternal obreras, 1868); se reclamaban derechos políticos y sociales (Antonine Andrée de Saint Gilles y su famoso manifiesto). A su vez, aparecían los clubes de mujeres, en los cuales se debatían todos aquellos problemas que afectaban la situación de las mismas (Club des femmes de Eugenie Niboyet). Y a propósito de estos acontecimientos, figuras femeninas -Flora Tristán y Luisa Michelle- tallaban en la intervención pública con la misma fuerza que gran parte de los librepensadores varones.

De allí que la trayectoria profesional y acciones emancipadoras que llevó a cabo Rosa se encuadran en este escenario de irrupción del movimiento feminista francés.

Ahora bien, ¿cómo llega nuestra protagonista rusa a la Argentina? No es una historia complicada: Domingo F. Sarmiento fue la figura central que alentó a su traslado. En 1868, en su segunda gira por el viejo continente se vinculó en Bruselas con su hermano, invitándolo a desarrollar su especialidad en las provincias cuyanas.

Al poco tiempo de instalado Aarón Pavlovsky en Mendoza, se desató una epidemia de cólera y las autoridades no lograban convocar suficiente cantidad de profesionales para afrontar tan peligrosa situación. Sarmiento solicitó entonces la ayuda de Rosa, quien viajó a nuestro país con el objeto de socorrer a los afectados, desatendiendo las advertencias de peligro hechas por sus amistades.

En condiciones infrahumanas y falta total de protección, la joven profesional no cejó en su actividad, hasta que la epidemia fue completamente dominada. En 1887, su misión finalizó, decidiendo volver a París a proseguir sus estudios. Cuatro años más tarde, regresó a Buenos Aires. En 1901, el gobierno galo le confirió el título de Miembro de la Asociación de Medicina y, posteriormente, fue condecorada con la Legión de Honor. Murió en 1923 a los 75 años en su tierra adoptiva.

De la historia de vida de Rosa Pavlovsky es interesante subrayar su decisión irrefutable de lanzarse a un país aún sumergido en luchas internas y que iniciaba un proceso de modernización. Desde ya, bastante lejano al que estaban desarrollando algunas sociedades europeas. Simultáneamente, merece destacarse la confianza depositada por Domingo F. Sarmiento en una mujer joven para que dominara una epidemia.

Rosa Pavlovsky podría engrosar la lista de las verdaderas precursoras locales que se desempeñaron en actividades profesionales que desconocían por completo la presencia de mujeres.

Sirve entonces anexar su nombre e historia junto a la de Cecilia Grierson, quien fue en 1889 la primera egresada de la carrera de Medicina en nuestro país. En suma: gracias a los esfuerzos develadores de la historiografía feminista, ya los fantasmas y los muertos se pueden sacar de los arcones. Entonces la memoria irá recobrando la claridad de la justicia. Por ello, estas breves líneas dedicadas a Rosa Pavlovsky.


Rosa Pavlovsky nació en Rusia hacia mitad del siglo XIX. Siendo una adolescente debió exiliarse por la persecución y represión del régimen zarista contra su familia. En 1860, sus dos hermanos mayores -Aarón y Jean- fueron enviados a la Siberia, cerca del estrecho de Bering. Era evidente que en esas estepas heladas, con las crueles condiciones climáticas, no se podía esperar más que la muerte de ambos. No obstante, lograron escapar ayudados por una embarcación que aprovechó un río formado por los deshielos y traspasaron así la frontera hacia Europa. Escondidos en la bodega, llegaron a salvo y se radicaron en Bélgica. Años más tarde, Aarón se graduó de ingeniero agrónomo -especializado en vitivinicultura-, mientras Jean en filosofía. En tanto que Rosa, instalada en París, elegía la carrera de medicina como tantas otras mujeres de su generación y estrato social.

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