Créditos que hablan el idioma del campo, pensados en litros, kilos y toneladas

Los créditos a valor producto ya llegaron a 11 provincias y totalizan a la fecha 48.500 millones de pesos. Cuáles son los requisitos para obtenerlos y cómo se devuelven las cuotas.

Por Miguel Vergara

En un escenario donde el financiamiento ha sido históricamente una barrera para el desarrollo agropecuario, una nueva herramienta comienza a cambiar la lógica: créditos que no se piensan en pesos, sino en litros, kilos o toneladas. Es decir, en el mismo idioma que habla el productor.

La propuesta, impulsada por la Secretaría de Agricultura junto al Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), fue presentada por Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal; Bianca Orlandini, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales del banco; y Santiago Griffin, gerente de Marketing y Producto.

El origen de estas líneas crediticias se remonta a un contexto complejo. “Había restricciones para exportar, dificultades de financiamiento y eso hacía que el productor no pudiera tomar decisiones de inversión adecuadas”, explicó Chiappe.

A partir de ese diagnóstico se avanzó en una construcción conjunta entre el Estado, el banco y las distintas cadenas productivas. El objetivo fue claro: diseñar una herramienta que se adapte a la lógica del campo. “Cuando al productor le hablás en la moneda que produce, sea litros de leche o kilos de carne, es mucho más sencillo entender y planificar”, sintetizó el funcionario.

Cómo funciona: previsibilidad en clave productiva



El diferencial de estas líneas radica en su estructura. A diferencia de los créditos tradicionales, donde la incertidumbre está atada a variables financieras, aquí la cuota es fija en términos productivos.

El sector lechero puede adquirir tecnología para mejorar procesos productivos.


El productor mira el contrato y ya sabe cuántos litros o kilos tiene que pagar durante toda la vida del crédito”, explicó Griffin. Y remarcó un punto clave: “No hay que sumarle nada. Esa cantidad ya incluye capital, intereses e impuestos”.

En la práctica, el crédito se otorga en pesos, pero la cuota se expresa en unidades de producto. Cada mes, el productor simplemente multiplica esa cantidad por un índice de referencia (como el SIGLeA en lechería o el precio del novillo en ganadería) y obtiene el monto en pesos a pagar.

En la práctica, el crédito se otorga en pesos, pero la cuota se expresa en unidades de producto. Cada mes, el productor simplemente multiplica esa cantidad por un índice de referencia (como el SIGLeA en lechería o el precio del novillo en ganadería) y obtiene el monto en pesos a pagar».

Este mecanismo aporta previsibilidad y, al mismo tiempo, flexibilidad. “Si la actividad mejora, el crédito se acorta; si hay dificultades, se estira automáticamente. El financiamiento acompaña al productor”, detallaron.

Ejemplo concreto: el crédito en números



Uno de los casos presentados permite dimensionar la herramienta. Se trata de un crédito lechero de 200 millones de pesos para inversión en tecnología.

  • Plazo: 60 meses
  • Período de gracia: 6 meses
  • Cuota inicial: equivalente a 3100 litros de leche
  • Cuota plena: 9300 litros mensuales

“Hay productores que hacen el cálculo rápido y dicen: con tres días de producción pago la cuota del mes. Ahí se termina el análisis del crédito”, graficaron durante la presentación.

Tecnología y calidad de vida



Más allá del financiamiento, el impacto se traduce en mejoras concretas en los sistemas productivos. En lechería, por ejemplo, los créditos están orientados a la incorporación de tecnología: tambos robotizados, sistemas de frío, infraestructura y bienestar animal. “La tecnología no solo permite producir más, sino producir mejor y mejorar la vida del productor”, señaló Chiappe.

Los créditos para ganadería bovina las cuotas se calculan en kilos de novillo.


Incluso, destacó un efecto clave: el arraigo. “Muchos productores dicen que ahora sus hijos quieren seguir en la actividad. La tecnología vuelve atractivo el campo”.

El esquema contempla distintas cadenas productivas, cada una con su propio índice y destino:

Lechería: cuotas en litros de leche, ajustadas por el índice SIGLeA. Financian tecnología, infraestructura y automatización.

Porcinos: cuotas en kilos de capón. Incluyen inversiones en genética, sanidad y modernización de instalaciones.

Ganadería bovina: cuotas en kilos de novillo, con dos líneas:

Inversión: compra de vaquillonas y retención de terneras

Capital de trabajo: recría y engorde

En este último caso, Chiappe fue enfático: “Estamos viviendo un momento histórico para la ganadería, con una demanda internacional muy fuerte”.

Condiciones concretas



Las líneas presentan condiciones homogéneas que buscan facilitar el acceso:

  • Plazo: hasta 60 meses (36 meses para capital de trabajo ganadero)
  • Monto máximo: hasta $800 millones
  • Gracia: hasta 6 meses
  • Tasa: UVA + 8% (incluida en la cuota productiva)

Además, cuentan con beneficios diferenciales:

  • No requieren abrir cuenta en el banco
  • No tienen costos ocultos
  • Permiten precancelación sin penalidad
  • Se adaptan automáticamente al ciclo productivo

“No buscamos que el productor quede atado, sino que pueda crecer”, remarcaron desde el BICE.

“No buscamos que el productor quede atado, sino que pueda crecer”.

BICE

Las líneas están dirigidas a productores PyME, tanto personas humanas como jurídicas. En el caso de personas físicas, el acceso se canaliza mediante Sociedades de Garantía Recíproca (SGR).

Se requiere actividad previa:

  • Ganadería: entre 2 y 3 años según la línea
  • Porcinos y lechería: experiencia comprobable en la actividad

En algunos casos, los créditos pueden otorgarse incluso sin garantías tradicionales, dependiendo del perfil del productor.

Resultados que respaldan



Los números acompañan la propuesta. Desde su lanzamiento, los créditos a valor producto representan:

  • Más de $48.500 millones desembolsados
  • Presencia en 11 provincias
  • Sin mora en la cartera
  • Más de 1000 solicitudes en la línea ganadera en un solo mes

“La demanda fue inmediata. Empezamos con lechería y rápidamente otros sectores pidieron lo mismo”, recordaron.

El desafío ahora es ampliar el alcance. Desde el BICE y la Secretaría de Agricultura trabajan en el desarrollo de nuevas líneas para otras producciones. “Estamos buscando índices que representen bien a cada sector para poder seguir sumando cadenas”, adelantaron.

El crédito como aliado



Más allá de los números, el cambio es conceptual. Se trata de una herramienta que deja de mirar al productor desde la lógica financiera tradicional y se adapta a su realidad. “Queremos que el productor se concentre en producir, no en preocuparse por variables financieras”, afirmó Chiappe.

Con una propuesta que combina previsibilidad, flexibilidad y conocimiento del sector, estos créditos comienzan a consolidarse como una de las apuestas más innovadoras para el desarrollo agropecuario. Porque, como resumieron durante la presentación, “cuando el financiamiento habla el idioma del productor, todo empieza a funcionar mejor”.


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En un escenario donde el financiamiento ha sido históricamente una barrera para el desarrollo agropecuario, una nueva herramienta comienza a cambiar la lógica: créditos que no se piensan en pesos, sino en litros, kilos o toneladas. Es decir, en el mismo idioma que habla el productor.

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