Hans Flugël y el gran proyecto ganadero que movilizó a Guerrico

Blanco de especulaciones y creencias que hasta rondan la superstición, lo cierto es que reparar sólo en ese aspecto de la historia de este ganadero, lleva a perder de vista las experiencias de un engranaje productivo que se mantuvo por décadas, en un rubro que se destacó del resto.

Inmigrante alemán, casado con María Luisa Von Stockehausen y padre de dos hijas, Margarita e Inés, Flugël llegó a acumular 1400 hectáreas. Foto: Proyecto Allen.

Don José era ferroviario en la zona rural, allá por 1948. Su hijo Agustín Side, de Allen, contó que lo vio en plena labor, siendo niño, cuando ayudaba a cargar ganado ovino, miles de cabezas, en los vagones que partían desde la Estación Guerrico. Si, muchísimas ovejas, criadas entre Allen y Roca: lana en vez de frutales. Y sí, también partían a bordo de vagones repletos, no camiones, desde una parada de tren desaparecida, que vivió su esplendor y que hoy ni siquiera vemos al pasar. 

Hans Flugël era el dueño de buena parte de ese sector y dicen los archivos que sus majadas, guiadas por la peonada, cruzaban la Ruta 22 en grupos de a 500, entre madres y crías, para llegar a la gran Estancia, en el tiempo de la esquila y también de los baños desinfectantes contra la sarna. 

Inmigrante alemán, casado con María Luisa Von Stockehausen y padre de dos hijas, Margarita e Inés, Flugël llegó a acumular 1400 hectáreas, repartidas en distintas chacras del mismo sector, en las que hoy funcionan otras actividades y espacios, como el INTA, inclusive. Un tramo en el camino rumbo a la Fundación Bubalcó Patagonia, previo al cruce del denominado “Puente de Fierro”, también fue parte de su propiedad. 

Desde el Valle partían miles de ovejas en tren. Los reproductores se compraban en la Rural de Palermo. Foto: Gentileza Libro Bernardo Martínez.

Blanco de especulaciones y creencias que hasta rondan la superstición, en torno a su fortuna o el supuesto vínculo con militares nazis, lo cierto es que reparar sólo en ese aspecto de la historia de este ganadero, lleva a perder de vista las experiencias y la magnitud de un engranaje productivo que se mantuvo por décadas y generaciones, en un rubro que se destacó del resto.

Quien aporta las fotos, anécdotas y referencias geográficas para que el lector se ubique en el mapa valletano es Bernardo “Lalo” Martínez, uno de los hijos de trabajadores de la Estancia, que como varios, nació ahí mismo y allí también tuvo su primer empleo. Fruto del matrimonio de Gerardo y Teresa Retamal, su padre fue el herrero que fabricó herramientas, candados y repuestos para mantener activa la maquinaria que sirvió en cada etapa de siembra y cosecha de maíz, alfalfa, cebada y sorgo. Como en el resto de chacras vecinas, tampoco faltaron las viñas

14 mil cabezas de ganado estuvieron al cuidado de la Estancia. Foto: Bernardo Martínez.
Severo y estricto, Flugël creció en las tierras que compró su madre. También llegó al poder municipal en Allen. Foto: Proyecto Allen.

En ese aspecto ya queda a la vista una de tantas características de este espacio, que se las ingenió por su cuenta para no depender de otros en cada necesidad cotidiana. De los 200 litros de leche que salían de su tambo se abastecían las familias de los empleados, la producción de derivados que regenteaba la patrona María Luisa (“La condesa”, le decían algunos) y el resto se la aprovechaba para racionar con maíz y alimentar a las chanchas recién paridas. 

Cuando la modernidad llegó y fue quedando de lado el ordeñe manual de los más experimentados, que llamaban a cada vaca por su nombre, comenzó además la venta de litros y litros de leche en Cipolletti y Neuquén, donde estaba la única pasteurizadora de la zona.

Y también se habló de innovación cuando se aplicó en los años ‘70 la inseminación artificial, gracias a la capacitación que recibió Bernardo en Buenos Aires, para mejorar la raza Merino Australiano del ganado lanar. Carneros, capones, corderos y borregos completaron un total de 14 mil ejemplares y como los reproductores se compraban en la Rural de Palermo, para muchos era un orgullo escuchar hablar de la lejana Guerrico en la gran capital. 

Aún quedan en las páginas del libro que publicó Martínez sobre esta historia, “Memorias de la Vieja Estancia”, el repaso de los registros contables y el minucioso movimiento administrativo del establecimiento, que enviaba en tren miles de kilos de alfalfa, arvejas secas, litros de vino, para distintos puntos de la región y provincia de Buenos Aires.

Estancia Flügel: el valor de la peonada


Foto: Gentileza Bernardo Martínez.

En tantos años de labor, desde que la madre de Flugël comprara las primeras tierras en 1902 al español Genaro Fernández, beneficiado por el general Godoy por su participación en la campaña militar, cientos de empleados sostuvieron el trabajo a puro sudor y control de parte de Flugël. 

Allí ejercieron los “recorredores”, que revisaban cualquier anomalía en el campo y cuereban a los animales que encontraban muertos, los “arreadores” que desplazaban al ganado según cada necesidad, los “descascarreadores”, que quitaban la suciedad de los ‘cuartos’ de las ovejas, para preservar la lana, y muchos más.

Se sumaban a los esquiladores que llegaban desde la Línea Sur o la cordillera en octubre, para pasar días enteros agachados bajo la máquina de 12 manijas, ayudados por los “agarradores” desde el brete, el “playero” que levantaba la lana y el “pagador” o “latero” que entregaba una chapita o ficha por oveja esquilada, para después cobrar el total. “Embellonadores” se enfocaban en la lana de la barriga o de menor categoría, mientras el “curandero”, mojaba con agua y cal diluída las heridas que dejaba la cortadora en alguna arruga del cuero recién limpiado. 

Entre los momentos del año más convocantes, la señalada a su vez, era uno de ellos, en el que se improvisaban corrales para marcar a cada ejemplar con el símbolo de su dueño y luego capar a los machos y cortarles la cola a todos según su género, con herramientas “al rojo vivo”, calentadas en el fogón, para evitar el sangrado y que las moscas hicieran de las suyas. Ejemplos de la sabiduría de paisanos esforzados, que aún quizás sin el asesoramiento veterinario al principio, encontraban la forma de cuidar a los animales que les daban sustento. 

El tiempo pasó y si bien Hans falleció en 1966 por una afección cardíaca, su huella quedó escrita, no solo en obras como el libro de Martínez, e investigaciones como las de Proyecto Allen, sino también en cientos de micro historias. Vendidas sus tierras a distintos propietarios, algunos de los cuales también se plegaron a la fruticultura, no se borran las anécdotas de los descendientes de esos pobladores rurales, que saben bien lo que fue esa versión de Guerrico, que todavía hoy se resiste al éxodo. Es que Guerrico vive, aunque parezca que duerme.

El chalet principal, que comenzó con un diseño de almenas, similar a un castillo, y luego fue reformado. Foto: Proyecto Allen.
Cada herramienta sirvió para la siembra y cosecha de maíz, alfalfa, cebada y sorgo. Foto: Bernardo Martínez.

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