Nematodos: una amenaza silenciosa para los invernaderos del Valle Inferior
Especialistas del INTA advierten sobre la importancia de la prevención y el análisis de suelo y plantines para evitar fuertes pérdidas productivas en invernaderos, producidas por nematodos.
Los sistemas productivos bajo invernadero del Valle Inferior del río Negro enfrentan una amenaza poco visible, pero de alto impacto: los nematodos fitoparásitos. Se trata de pequeños gusanos, microscópicos, que habitan el suelo y atacan las raíces de las plantas afectando su desarrollo y reduciendo rendimientos de manera significativa.
Desde el INTA Valle Inferior se advierte que la clave para enfrentarlos no está en el control químico, sino en la prevención, el diagnóstico temprano y el manejo integrado.
La ingeniera Patricia Baffoni, especialista en fitopatología del INTA Valle Inferior explica que los daños provocados por los nematodos se pueden confundir con enfermedades fúngicas. “Los productores observan plantas amarillentas, con poco crecimiento, marchitas o incluso muertas, y creen que se trata de un hongo, cuando el problema está en las raíces”, señala.

Los nematodos fitoparásitos miden menos de dos milímetros, imposibles de ver a simple vista. Viven en el suelo, principalmente en los primeros 30 centímetros de profundidad, y se alojan en las raíces o dentro de las plantas. Un signo claro de su presencia es la aparición de engrosamientos o “agallas” en las raíces, que indican que el sistema radicular está dañado y pierde su capacidad de absorber agua y nutrientes.
Según Baffoni, estos organismos son altamente polífagos, es decir, pueden afectar a una gran variedad de cultivos. Sin embargo, el problema se vuelve especialmente grave en los invernaderos, donde las posibilidades de rotación de cultivos son limitadas.
“No hay una herramienta que funcione por sí sola. El manejo debe ser integral: control cultural, físico, biológico y, en algunos casos, químico”.
Patricia Baffoni, especialista en fitopatología del INTA Valle Inferior.
“En el campo se puede rotar con gramíneas como trigo, maíz o cebada, pero esos cultivos no se hacen dentro de un invernadero, por lo que el nematodo encuentra condiciones ideales para persistir”, explica.
Además, los nematodos pueden sobrevivir muchos años en el suelo, lo que dificulta enormemente su erradicación una vez instalados. En casos severos, las pérdidas de rendimiento pueden llegar hasta el 70%, e incluso provocar la muerte total de las plantas en sectores completos del invernadero. “Hemos visto manchones enteros donde las plantas estaban directamente muertas”, relata la especialista.

Frente a esto, el control químico aparece como una opción limitada. Si bien existen nematicidas, su uso es costoso, no siempre efectivo y debe combinarse con otras estrategias. “No hay una herramienta que funcione por sí sola. El manejo debe ser integral: control cultural, físico, biológico y, en algunos casos, químico”, explica Baffoni. Entre las prácticas recomendadas se encuentran la solarización del suelo durante el verano, uso de materiales resistentes cuando están disponibles y correcta higiene de herramientas y maquinaria.
Prevención
Sin embargo, la estrategia más importante es la prevención. Una de las principales vías de dispersión de los nematodos son los plantines contaminados provenientes de otras zonas. “Cuando se compran plantines, lo ideal es enviar muestras para análisis antes de introducirlos al invernadero. Plantines, suelo y herramientas son las principales formas de dispersión”, advierte.

El muestreo de suelo también es clave. Debe realizarse en momentos adecuados, preferentemente al final del ciclo del cultivo, cuando el suelo tiene humedad y los nematodos se encuentran activos cerca de las raíces. Las muestras se toman entre los 0 y 30 centímetros de profundidad, en series compuestas (unas 20 submuestras hasta completar unos 500 grs. de suelo) y se conservan refrigeradas hasta su envío al laboratorio. Muestrear suelos completamente secos o sin cultivo puede arrojar resultados erróneos.
En la región no existe un laboratorio específico para el análisis de nematodos. Las muestras se envían a centros especializados, como el LASAF en la provincia de Neuquén.
“La identificación de nematodos es compleja. En el país hay pocos profesionales capacitados para distinguir especies, y no todas se comportan igual ni se controlan de la misma manera”.
Según explica la técnica del INTA, el principal obstáculo no es el equipamiento, sino la falta de especialistas. “La identificación de nematodos es compleja. En el país hay pocos profesionales capacitados para distinguir especies, y no todas se comportan igual ni se controlan de la misma manera”, señala.
Desde el INTA se recomienda a los productores estar atentos a los primeros síntomas, realizar análisis preventivos y consultar ante cualquier duda. “Si no se actúa a tiempo, el problema se expande dentro del invernadero y compromete la producción, no solo en cantidad, sino también en calidad”, concluye Baffoni.
La presencia de nematodos fitoparásitos es un desafío creciente para la horticultura regional, y su manejo requiere conocimiento, planificación y trabajo conjunto entre productores y técnicos.
La prevención, una vez más, se presenta como la herramienta más efectiva para sostener la productividad y la sanidad de los sistemas bajo riego.
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Los sistemas productivos bajo invernadero del Valle Inferior del río Negro enfrentan una amenaza poco visible, pero de alto impacto: los nematodos fitoparásitos. Se trata de pequeños gusanos, microscópicos, que habitan el suelo y atacan las raíces de las plantas afectando su desarrollo y reduciendo rendimientos de manera significativa.
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