Su primer viaje en avión lo trajo al Alto Valle a los 18 años y la fruticultura cambió su destino para siempre

En 1990 Daniel Arno se subió por primera vez a un vuelo comercial en Buenos Aires con la idea de producir fruta en la Patagonia. De las quintas familiares en San Pedro y los puestos de frutas en Avellaneda pasó a alquilar su primera chacra en Allen junto a su papá Santo. Comenzó así un camino de crecimiento que hoy lo encuentra en Villa Manzano, donde tiene 600 ha en producción, galpón de empaque y cámaras de frío para 60 mil bins.

Cuando tenía 18 años, Daniel Arno subió a un avión en Buenos Aires con destino a la Patagonia. Era su primer viaje surcando los cielos y tenía muy claro lo que quería hacer en esta parte de la Argentina: producir la mejor fruta que se pudiera hacer en el Alto Valle, una región que no conocía pero que le llamaba la atención.

Daniel es tercera generación de productores frutícolas, y sus abuelos llegaron a la Argentina escapando de la guerra, como la mayoría de los italianos, en barco, desde Sicilia.

Los primeros pasos de la familia fueron en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, donde estaban vinculados a la venta de verduras. Luego llegó la etapa productiva en San Pedro, donde adquirieron unas quintas plantadas con durazneros, y luego agregaron dos quintas más en las que trabajaron hasta 1989.

El fuerte de la producción era el durazno, que iba de noviembre a enero, después trabajábamos con naranja de ombligo y en invierno con batata, en el lavadero que teníamos”, cuenta Arno a Río Negro Rural.

Producción de frutas en Villa Manzano, galpón de empaque de Frutas Cachorrita. (Fotos: Juan Thomes)


Terminé el secundario en el 89 y ya éramos muchos para estar en el mercado de Avellaneda, cuando teníamos la quinta en San Pedro ya teníamos el puesto, la verdulería nos abastecía todo”, recuerda el productor. Ese “muchos” incluía a los tres hermanos Arno: Gustavo, Daniel y Walter.

Aquella experiencia inicial permitió conocer el negocio en todos los eslabones de la cadena desde la producción hasta la comercialización, algo que después rendiría buenos frutos en el Alto Valle de Río Negro.

La llegada al Valle y las primeras inversiones



A comienzos de los años 90, la familia decidió mirar hacia otros horizontes productivos y así aparecieron Entre Ríos y la Patagonia. “Mi viejo quería ir a Entre Ríos, pero yo quería conocer el Valle, en ese momento le dije que cualquiera hacía cítricos”, cuenta Daniel.

Producción de peras de la empresa en Villa Manzano.


“Sabíamos del riego, de los ríos, el Valle tenía un potencial tremendo ya en esa época”, relata el productor. Sin conocer en profundidad la región recuerda que “el primer avión que tomé fue para venir acá, con 18 años”.

Una vez en la zona alquilaron las primeras chacras junto a su papá Santo, que ya estaban con producción de peras y manzanas, y también tuvieron acceso a una planta de empaque. Toda la fruta que cosechaban iba a Avellaneda, “era todo Williams y Packhams, y roja y Granny, no había otra cosa”.

“Sabíamos del riego, de los ríos, el Valle tenía un potencial tremendo ya en esa época, el primer avión que tomé fue para venir acá, con 18 años”.

Daniel Arno, productor frutícola de Villa Manzano.

En el 95 adquirieron otra chacra “que es la que tengo yo ahora allá atrás del INTA en Guerrico”.

Unos pocos años después se produjo la llegada de Daniel a Villa Manzano, con el alquiler de un frigorífico justo enfrente de la localidad. “Era un lugar chico, para 8.000 bines o menos, un edificio viejo”, recuerda el productor.

Empaque de fruta de carozo en el galpón de Frutas Cachorrita en Villa Manzano.


El inicio de la actividad en ese lugar es difícil de olvidar por ser algo emblemático en el calendario: el 1 de enero de 2000. Dos años después ese establecimiento pasó a ser de su propiedad, junto con otras chacras adquiridas en otros lugares, dos de ellas en Fernández Oro el año pasado.

En Villa Manzano comenzaron con 10 hectáreas que marcaron el inicio de la expansión, luego 240 hectáreas más en la Picada 1,5 (110 ha que se terminan de plantar ahora y el resto que es cantera de piedra y río); en la Picada 6 hay otras 56 ha; en la Picada 8 suman 132 ha; en la Picada 12 153 ha, en la Picada 17 125 ha, en la 21 hay 130 ha, más 45 ha que se están terminando de plantar con carozo.

El fuerte de la empresa es la manzana



En total suman un poco más de 1.000 ha de las cuales hay 500 plantadas productivas y unas 100 que están entrando en producción. “El fuerte nuestro es la manzana, que serán unas 300 ha, unas 200 ha de pera y estamos poniendo más carozo para llegar a unas 100 ha”, resume Arno.

Producción de manzanas de la firma Frutas Cachorrita en Villa Manzano. (Foto: gentileza)


En una zona productiva cuyas peras tienen reconocimiento mundial por su calidad, este productor se hace fuerte en manzanas, una elección que responde principalmente a razones de mercado. Históricamente la región se destacó por la exportación de peras, pero el escenario cambió drásticamente.

Hoy somos caros para exportar, estamos fuera del negocio; el mercado interno paga precios que no existen en ningún lugar del mundo, pero fueron dos meses nada más porque faltó producto, hoy el mercado de la pera está limpio”, sostiene Arno.

Para exportar tenés precios de 10, 12 o 15 dólares y acá con eso no hacemos nada, por eso se están arrancando la mayoría de las chacras que tienen peras”, explica sobre esta situación en particular.

“Es un crimen arrancar plantas de peras que te duran 70 u 80 años, se pierde capital productivo y trabajo. La falla está en que somos caros en todo, no somos rentables, no somos rendidores”.

Daniel Arno, productor frutícola de Villa manzano.

“Productores ya no quedan más, tenés un precio de la pera en 18 o 20 centavos por kilo, 30 mil kilos de rinde y 5.000 dólares de recaudación neta de tu producción por hectárea, plantás alfalfa y lo hacés sin riesgo de nada, casi sin gente, 4 años de cosecha con la misma semilla”, refleja crudamente sobre una realidad que está atravesando a la fruticultura valletana.

Es un crimen arrancar plantas de peras que te duran 70 u 80 años, se pierde capital productivo y trabajo”, subraya. “La falla está en que somos caros en todo, no somos rentables, no somos rendidores”, sentencia sobre las causas de esta situación.

Plantas frutales en flor en Villa Manzano. (Foto: gentileza)


En su caso, la estrategia fue sostener los montes y diversificar. “Yo no arranqué una planta; mientras tenga tierra libre, sigo plantando”, asegura. La reconversión varietal se da de manera gradual, priorizando fruta de color, que hoy es la más demandada en los distintos mercados.

Canales de comercialización



La comercialización que realiza Frutas Cachorrita combina mercado interno y exportación en una proporción de 50-50, pero con una fuerte relación con Brasil especialmente para la pera que va hacia ese destino. Allí en Brasil está Walter, que es el hermano menor de Gustavo y Daniel, y está encargado de manejar toda la fruta de la empresa que va al vecino país desde un punto de venta en el mercado de San Pablo.

Arno reconoce que, en los últimos años el mercado interno mejoró en términos relativos. “Hoy está mucho mejor el mercado interno que Brasil”, explica, aunque aclara que los precios siguen siendo ajustados frente a los costos locales. A eso se suma la caída de mercados tradicionales como Rusia o Europa, que durante años fueron destinos muy importantes pero que hoy están devaluados, “y a los que históricamente fue difícil cobrarles, sobre todo al mencionado en primer término”.

“Hasta el año pasado veníamos bien en rendimiento, hasta que nos agarró una helada en la pera y este año mermó un poco en manzanas rojas y en pera Danjou”.

Daniel Arno, Frutas Cachorrita. Villa Manzano.

En materia de rendimiento en cuanto a volumen de fruta producida Arno expresó que “hasta el año pasado veníamos bien, hasta que nos agarró una helada en la pera y este año mermó un poco en manzanas rojas y en pera Danjou”.

Consultado respecto de las preferencias del mercado por la fruta con mayor color Arno indicó que “vender vendés todo, pero no es lo mismo colocar una fruta blanca que una roja, el precio está ahí, el mercado paga color, comemos todo con la vista”.

Mano de obra y la influencia de Vaca Muerta



Otro de los principales inconvenientes que presenta la fruticultura valletana es la mano de obra. La cercanía con Vaca Muerta modificó por completo el escenario. “Hoy es imposible competir con los sueldos de la petrolera, capacitás gente permanentemente y se te va al poco tiempo”, reconoce el productor.

“Hoy es imposible competir con los sueldos de la petrolera, capacitás gente permanentemente y se te va al poco tiempo”.

Daniel Arno, Frutas Cachorrita. Villa Manzano.

Aun así, la empresa sostiene empleo durante todo el año en el empaque y refuerza cuadrillas en épocas de cosecha, con personal que llega desde distintas provincias.

En el galpón de la firma hay actualmente unas 75 u 80 personas trabajando en dos líneas de empaque que durante la visita de Río Negro Rural procesaban manzanas y ciruelas. Y en breve se agregará una tercera línea para trabajar toda la fruta de temporada de una manera ordenada.

Unas 80 personas trabajan por estos días en las dos líneas de empaque activas en el galpón de Villa Manzano.


“Quiero terminar con la pera el 31 de marzo dentro de lo posible, que esté todo embalado para esa fecha”, comenta Arno sobre uno de los objetivos del empaque.

Clima, defensa y tecnología



El clima es otro aspecto que siempre ha sido determinante en fruticultura. Heladas, granizo y golpes de sol condicionan cada campaña productiva. “La defensa cuesta arriba de los 15 mil dólares por hectárea, los números son una locura, pero sin techo no salvás la cosecha”, explica Arno. Actualmente, cerca del 50% de la superficie productiva de la empresa cuenta con protección antigranizo.

Manzanas rojas de Frutas Cachorrita en el galpón de empaque, listas para salir al mercado.


La firma también invirtió en tecnología de empaque y clasificación. “La máquina ayuda, pero no reemplaza el control humano”, aclara al destacar el rol del personal en la selección final de la fruta. El uso de maquinaria de menor costo, como tractores de origen chino, también forma parte de una estrategia para eficientizar los recursos disponibles en un contexto de márgenes estrechos.

“La fruticultura sigue teniendo potencial, pero necesita rentabilidad, previsibilidad y reglas claras, tenemos que ser más eficientes”.

Daniel Arno, Frutas Cachorrita. Villa Manzano.

“Hoy con lo que comprás un tractor de marca reconocida podés tener 3 unidades de origen chino, es mucha la diferencia”, comenta el productor.

Con más de 35 años en la actividad, y 26 en el Alto Valle, Daniel Arno mantiene una visión realista pero comprometida con el sector. “La fruticultura sigue teniendo potencial, pero necesita rentabilidad, previsibilidad y reglas claras, tenemos que ser más eficientes”.

El desafío pasa por defender la producción, mejorar la competitividad y sostener una actividad que genera empleo y arraigo en cada localidad.

La fruta que produce en La Pampa no la puede ingresar a Río Negro



Además de la producción frutícola local, la empresa cuenta con 15 hectáreas productivas en 25 de Mayo, en La Pampa. “Con esa chacra tenemos un tema que no nos quieren dejar entrar la fruta al Valle”, cuenta Arno.

El año pasado la producción de esa chacra se vio afectada por heladas y granizo y hubo que desechar la fruta, pero este año “está a pleno, sin carpocapsa, son unas 600 toneladas”.

El inconveniente que buscan resolver desde la empresa es que La Pampa no adhirió al programa de Mosca (Procem) y esa fruta no puede ingresar a Patagonia Norte. El reclamo pasa por hacer un protocolo que permita hacer el traslado de la fruta hacia la zona e ingresarla al galpón, pero por el momento no tuvieron resultados concretos.



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Cuando tenía 18 años, Daniel Arno subió a un avión en Buenos Aires con destino a la Patagonia. Era su primer viaje surcando los cielos y tenía muy claro lo que quería hacer en esta parte de la Argentina: producir la mejor fruta que se pudiera hacer en el Alto Valle, una región que no conocía pero que le llamaba la atención.

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