Sanampay, más íntimo que nunca
El grupo deslumbró a su público
NEUQUEN.- Todos de pie provocando una intensa ovación. Sobre el escenario, Sanampay y sus invitados de lujo no paran de agradecer tanto cariño. La noche íntima llega a su fin, las butacas quedan vacías, pero aún en el lugar, como un fantasma que vaga por pasillo desiertos, se escucha el retumbe del bello «Crece desde el pie».
El folclore latinoamericano y argentino sobrevoló vestido con traje de gala por el teatro de la Ciudad de Neuquén. Fue el sábado por la noche, cuando Sanampay dejó escapar los primeros destellos musicales con su sello característico, ese que supo mantener en el tiempo desde la época que la Argentina estaba bajo las garras de la dictadura y un grupo de artistas, desde tierras aztecas, comenzaba a forjar una historia de aceptación popular.
Profundas poesías, intimidad y color. Sensibilidad al máximo, magia y virtuosismo. «Mañana de la luz», poema de Juan Ramón Jiménez y Lalo Molina, fue la génesis de un show que dejó las palmas al rojo vivo.
La entrañable imagen mental de Atahualpa descendió en el auditorio recordando a su mejor compañero con la preciosa chacarera «Cachilo dormido» y luego, la historia de amor de un «combatiente que cayó en batalla», relatada por Washington y Carlos Benavides en «Como un jazmín del país».
Una luchadora sobre tablas. Luisa Calcumil dispara directo al alma con una rancherita bien «costumbrista», de raíces firmes. Daniel Sánchez pide pista, se une a los Sanampay y deja escapar un hermoso chamamé al que alguna vez se tituló «Merceditas».
El silencio juega una partida complicada. Aparece y huye cuando el bramar de las palmas es la vía elegida para reconocer la calidad, el virtuosismo, la espontaneidad y el sentir de un puñado de artistas que se muestran en la misma sintonía, que viven y maman la música en el mismo oasis.
Una versión única de «A mi manera» es la llave que utiliza «Muñeco» Ordóñez para abrir el portal de los sentidos. Si aún había alguna coraza en pie, quedó echa pedazos.
La tanguera «Blanquita» Casattaro echa mano a lo que mejor sabe hacer y pone su voz al servicio de la causa.
Todos tararean el archiconocido «Naranjo en flor», hasta que del repertorio se escapa el viejo y querido «Garrincha», de Manuel Picón y Zitarrosa. Como de costumbre, el uruguayo tuvo su homenaje en el show de la agrupación que dirige Naldo Labrín, ya que varias de sus creaciones fueron pinceladas con los trazos y el color propio de este grupo de formidables músicos y vocalistas.
Si algo le faltaba a este precioso regalo musical, el moño lo colocaron dos hombres de mundo. Marcelo Piñeiro y Miguel Angel Barcos desencadenaron las últimas ovaciones de la noche, este último acompañado por una lluvia de punteos en «Nocturna».
Los bises arribaron matizados con el color de lo clásico. Lo mejor siempre para lo último. No podían quedar fuera de la fiesta las composiciones de «Cuchi» Leguizamón, Víctor Heredia, Horacio Guaraní y Vicente Feliú. Y menos aún los temas propios como «Salmos» y «Aire en el viento» de Naldo Labrín, «Alfredianas» de director y los hermanos Henríquez y la poesía de Violeta Parra en «Volver a los 17» y «Poema».
Para el final todos reunidos sobre el escenario, la magia y el placer aprisionando cada centímetro del cuerpo y «Crece desde el pie» hurtando hasta el último suspiro, hasta el último atisbo de resistencia. (AN)
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