Seguir o desaparecer, la incógnita Gigante
Sólo un milagro le daría paso a la continuidad.
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Archivo/Matías Subat
Camilo Soto, el emblema del equipo neuquino, espera novedades. Como todo el mundo-Gigantes.
“El deporte no es un buen negocio”, decía allá por marzo de este año Alejandro Grossi, DT de Gigantes del Sur, uno de los orientadores más preparados y exitosos del vóley argentino. “Eso sí, es pérdida desde lo económico pero ganancia en otras cosas, porque es espejo, es formador…”. Hablaba en general, pero por elevación se refería particularmente al equipo que dirigió en los últimos diez años. Un equipo al borde de la extinción. Gigantes aún no desertó por una cuestión burocrática que le es ajena pero beneficiosa. Básicamente, porque los dirigentes de la Asociación de Clubes (Aclav) no se reunieron el viernes para confirmar las plazas del próximo torneo de la elite, y prefirieron juntarse a fines de esta semana. Pueden suceder dos cosas: estirar la agonía o conseguir los fondos y jugar la undécima temporada de liga (hasta aquí fueron dos en A-2 y ocho en A-1). Apostar por una u otra sería demasiado arriesgado hoy, y es preferible contar que la suerte del equipo más exitoso en la historia del deporte neuquino depende de una sola persona: el gobernador Jorge Sapag. Es el mandatario quien debe realizar las gestiones para que aparezca el o los auspiciantes que aseguren los dos millones y medio de pesos que se necesitan para afrontar la temporada 2012/2103. En las dos primeras temporadas el sponsor principal fue Casino Magic, después tomó la posta Hidroeléctrica El Chocón y en la última lo hizo Gas y Petróleo Neuquén. Claro, al menos en estas latitudes las empresas privadas no se desviven por aportar fondos. Lo hacen, básicamente, por interés. Es decir, inyectan ese dinero en el deporte y después esperan algún ‘favor’ del Estado. Por eso, el Ejecutivo siempre tuvo en sus manos la suerte de Gigantes. Nada sencillo es llevar adelante este “barco”. Para subsistir una temporada más, los ‘dinosaurios’ neuquinos necesitan 2,5 millones de pesos para armar un plantel discreto pero competitivo. Desde ya, monto alejado de los 7 u 8 millones que desembolsan los equipos con pretensiones de título. Jugar en la elite del vóley es mucho más complicado de lo que se piensa. La ingeniería es grande y llamativamente en lo que menos se gasta es en sueldos, en lo que se destinaron 700.000 pesos la temporada pasada. En cambio, es oneroso el costo en transporte (30.000 kilómetros y 450.000 pesos), alojamiento y alimentación para 20 personas por salida, alquileres para al menos dos jugadores, viandas diarias, arbitrajes, supervisión, armado de canchas, auxiliares, seguridad, planilleros, baloneros y varios etcéteras. En el vóley no es como en el fútbol federal. Los impuestos son altos, los jugadores y el cuerpo técnico facturan porque son monotributistas y Gigantes adoptó la figura de fideicomiso para buscar aminorar la presión tributaria. La crisis es general y golpea con fuerza tanto en el vóley como en el básquet. Hace unos días Centro Español de Plottier confirmó que se bajaba del Torneo Federal de básquet y la continuidad de Gigantes está en dudas. Pero hay otros pesos pesados con graves problemas. Buenos Aires Vóley no sabe cómo continuará en la A-1 porque el gobierno de Daniel Scioli tiene graves problemas, desertaron Catamarca y Bella Vista, ambos porque los Estados no pueden continuar ‘bancándolos’, y sólo Bolívar (con el millonario aporte de Marcelo Tinelli) y UPCN (respaldado por el gobierno de San Juan y el poderoso gremio) pueden darse el lujo de contratar varios jugadores de selección, traer extranjeros, viajar en avión y hacer crecer las categorías juveniles. Bolívar es actualmente el único equipo que tiene más años que Gigantes en la liga. Son 10 en la elite, aunque no hay que perder de vista que para llegar a ella compró la plaza. El equipo de Grossi, en cambio, la ganó en la cancha durante su segundo año en la A-2. El ‘Dino’ jugó una final y cuatro semis, pero también disputó una final de Copa Mercosur y dos semis de Copa Aclav. Su bestia negra siempre fueron las Águilas de Tinelli. Por eso en Gigantes bromean con que muchas veces fueron “los campeones de los normales”. Sin ninguna duda se trata del equipo más exitoso que dio el deporte neuquino. Podría decirse que su irrupción y crecimiento no generó una mayor afluencia de deportistas al vóley provincial, pero un fenómeno de esas características debería estar atado a políticas deportivas serias. No sólo a un equipo que por estas horas se juega su suerte. Si la continuidad o la extinción. Habrá que ver qué es mejor negocio. (AN)
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