Senillosa celebra con homenajes e inauguraciones

La ciudad neuquina cumple hoy 60 años.

La localidad ubicada a 33 kilómetros de Neuquén ya tiene más de 10.000 habitantes.

Yamil Regules

NEUQUÉN (AN).- Con más de 10.000 habitantes, la ciudad ubicada a 33 kilómetros de la capital neuquina que hoy cumple 60 años ya no es aquella localidad que en 1951 fue reconocida como comisión de fomento. Jesús Carrasco, historiador de la localidad, destacó los sucesos que hicieron que Senillosa sea la que es.

Felipe y Pastor Senillosa, fueron quienes donaron las tierras que dieron origen a la localidad y a la estación que llevó el mismo nombre. El 6 de diciembre de 1951, bajo el mandato del entonces presidente Juan Domingo Perón, pasaba a ser una comisión de fomento. Sin embargo, el día que los habitantes recuerdan como fecha de aniversario es el 26 de julio, en conmemoración del pedido hecho ese mismo año al gobernador Pedro San Martín, para que el pueblo obtuviera el estatus que luego le daría Perón.

Jesús Carrasco comentó que desde que fue fundada en 1910 dos sucesos fueron fundamentales en el desarrollo de la localidad: la balsa España y la creación de la estación ferroviaria Senillosa. Ambos símbolos de la ciudad, hoy ya desaparecidos, dejaron sus huellas en el presente de la localidad y en sus habitantes. La balsa España era utilizada como medio de transporte y de comunicación hasta 1959, cuando se hundió dejando un saldo de 16 personas muertas y no volvió a funcionar.

La privatización de la inglesa Ferrocarril Sud fue otro de los hitos que dejaría sus marcas en el futuro valletano y también en el de este creciente pueblo. El tren había arribado a la pequeña Senillosa un 3 de enero de 1914.

“La estación fue el primer edificio que tuvo el pueblo”, cuenta Carrasco. A tal punto fue significativa, que fue utilizada en 1916 como centro de operaciones de la policía durante la evasión de presos de la cárcel de Neuquén, que terminó con el fusilamiento de los evadidos en Zainuco.

“Hasta 1993 había una Senillosa muy floreciente. Cuando se privatiza el ferrocarril, la localidad pierde –como había ocurrido antes con la balsa España– uno de sus pilares más importantes. Queda, entonces, un pueblo hacinado con una masa de desocupados muy alta que debe absorber el municipio”, relató Carrasco.

El historiador destacó que uno de los grandes problemas que aquejan a la localidad es la gran masa de trabajadores de la comuna: “No se crearon fuentes genuinas de trabajo y lo que sucedió es que el municipio debió incorporar más y más gente a su planta”, explicó.

Senillosa, como muchos otros pueblos de la región, creció a la vera de las vías del ferrocarril. Este medio de transporte permitió que los pobladores pudieran comercializar los productos que allí generaban. Con su ausencia, muchos debieron buscar otra forma de sobrevivir. En la actualidad, la producción agrícola generada en las chacras que aún subsisten es una de sus actividades principales. Unas 500 hectáreas de perales y manzanos mantienen activa a la fruticultura de esa zona.

Durante el gobierno de Jorge Sobisch, el anuncio de la construcción de una unidad penitenciaria, traía la esperanza de generar nuevos empleos.

“La cárcel de Senillosa fue una de las promesas de trabajo que muchos habitantes, especialmente jóvenes, vieron como una posibilidad laboral”, señala el historiador. Carrasco comentó que, frente al abandono en que recayó la millonaria obra, los vecinos decidieron presentar un proyecto para que la gran construcción pueda convertirse en una casa de altos estudios.

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La localidad ubicada a 33 kilómetros de Neuquén ya tiene más de 10.000 habitantes.

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