Será que como soy judío, para él no existo

Andrés Ducatenzeiler, presidente de Independiente, y otra vuelta de tuerca en la cabeza de don Julio.

En un artículo publicado hace algo más de cuatro meses, «Río Negro» se hacía esta pregunta: «¿Qué pensará Julio Grondona de que Independiente, el club de sus amores, es manejado por Andrés Ducatenzeiler y Daniel Grinbank? La pregunta, mitad elíptica, mitad retórica, intentaba reflexionar sobre los dichos lanzados por don Julio en un programa de tevé, aquel derrape verbal de que «a los judíos no les gustan los trabajos difíciles».

Terminó el invierno, don Julio fue reelecto por sexta vez y Ducatenzeiler también se hizo la misma pregunta-reflexión. «Y bueno, será que como soy un dirigente judío, para él no existo…», carraspeó ayer tras el entrenamiento de Independiente. Grondona había dicho la semana anterior que el club de Avellaneda sufría un vacío dirigencial. «No hay respeto por la institución… ¿De qué se nos acusa? ¿De perder cinco partidos? No, qué vamos a hablar con la AFA. Si con los contratos de TV estamos de rodillas…», agregó Ducatenzeiler con fastidio.

Aquel pincelazo de xenofobia, don Julio lo había trazado durante un almuerzo en el programa 'El Sello' que emitió TyC Sports el 5 de julio de este año. De inmediato fue denunciado por sus dichos antisemitas y debió pedir disculpas públicamente. El tema, en la superficie, se licuó con el tiempo. Pero siguió latiendo de manera subrepticia. El programa fue levantado de la pantalla pese a que era uno de los mejor logrados del canal, uno de los que más rating conseguía y uno de los que más repercusión despertaba. Nadie de la señal deportiva le explicó con claridad a la audiencia -su mayor capital- por qué 'El Sello' dejaba de salir.

Ramiro Sánchez Ordoñez, su conductor, desapareció de la pantalla. Hoy cobra el sueldo de TyC Sports -que pertenece en iguales partes a Torneos y Competencias y al grupo Clarín- pero sólo ocupa una silla en algún estudio. Cuando se compaginó y editó el asado con Grondona, Sánchez Ordoñez fue autorizado a incluir las frases de la discordia. Nadie esperaba el efecto posterior. Una fuente del canal reveló a 'Río Negro' que el programa volvería a la pantalla durante el verano, aunque más edulcorado. La pregunta surge, insoslayable: ¿Quién ordenó que 'El Sello' se levantara del aire? Consultado hace unas semanas, Grondona se desligó del tema, señalando además que el programa le encantaba y que estaba «muy bien conducido». Por lo general, Julio aclara para que oscurezca.

Dos fuentes del canal aseguran que la presión que se ejerció desde el edificio de la calle Viamonte fue tal que las autoridades del canal habrían decidido, al menos por un tiempo, sacrificar a uno de sus mejores productos.

«Tras ese episodio -relata un periodista que pide reserva-, el gerente general del canal organizó una reunión con la jerarquía mayor y los periodistas más renombrados». En ella reforzó algunos conceptos tan rígidos como los cimientos del edificio de la calle San Juan: «Somos socios en el negocio del fútbol. Se habla, se comenta, pero no se critica».

TyC y Clarín son socios de Julio Grondona en el mundo de la pelota desde 1991. Los vincula un contrato que todavía tiene 11 años por delante y muchos millones por generar y ganar. Esa unión comercial es la que alimentó de dinero a los clubes, pero es también la que -Ducatenzeiler dixit- «los puso de rodillas». Pero no sólo el fútbol abdicó ante el altar de TyC. Ese contrato -y su enorme significancia- explica también en buena medida las razones por las que la prensa deportiva argentina no utiliza cámaras ocultas, no ilumina las miserias, no investiga enriquecimientos ilícitos y contratos leoninos. Si la prensa nativa atraviesa una crisis de identidad, la deportiva, salvo honrosas excepciones, ni siquiera tiene identidad. Cabalga sobre un oscuro y pegajoso terreno cuyo humus oscila entre el amarillismo y la banalidad. Es una suerte de babosa que repta por la superficie del sistema, incapaz de hundirse en sus entrañas. El sistema lo explica: es su razón y su sustento. Su Titanic pero también su iceberg. Su grandeza y su gangrena.

                   Pablo Perantuono


En un artículo publicado hace algo más de cuatro meses, "Río Negro" se hacía esta pregunta: "¿Qué pensará Julio Grondona de que Independiente, el club de sus amores, es manejado por Andrés Ducatenzeiler y Daniel Grinbank? La pregunta, mitad elíptica, mitad retórica, intentaba reflexionar sobre los dichos lanzados por don Julio en un programa de tevé, aquel derrape verbal de que "a los judíos no les gustan los trabajos difíciles".

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