Silvia Sánchez: con la mano derecha





“¿Cómo escribo? Con la mano, señor, la derecha. Con una clase de automatismo que me inhibe del pensamiento consciente. Apunto; casi siempre en papeles usados, o en cuadernos Gloria cuando compro, siempre Gloria porque me gusta lo simple de la traza, y la palabra “gloria” cuando la manoseo y se aja. Prefiero escribir en manuscrito, sin letra de moldes. Tacho y basureo lo que escribo, y si no, lo guardo y lo pierdo en alguna parte, inaccesible, para sembrarlo por si algún día. A ver si crece. Tengo cajas viejas llenas de papeles amarillos manuscritos. Todavía no germinan, pertenecen a la era del futuro y huelen a viejo. Toda escritura es un renacer y reencarnarse, toda lectura también. Así hago, rememoro, busco en los encondites una inspiración fugaz, y tengo innumerables proyectos truncos. Por género la cosa cambia. Si es poesía, me entrego al automatismo cuando me viene la gana, y brota sin que me preocupe por dónde, por cuánto, por qué. Luego me enfrento a ESO –no, mentira, es ESO lo que me enfrenta y me ataca– siempre en manuscrito y mi maestra de primero agrega “en cursiva”. En cursiva, claro, me ataca en cursiva. La poesía es como una baba. La narrativa escribe distinto, ya viene mas cuadradita y empieza a salir empaquetada con las formas, y brota hasta anudarse al final y dar congruencia al principio. Esto si es cuento. Nunca sé dónde voy con el cuento. El texto es el que sabe el origen y el destino, muchas veces se origina pero no tiene destino y ahí queda, vagabundo. Están los otros, por encargo. Te piden un texto y entonces me dispongo donde se me da la gana, en la cocina, en el patio, en la escalera, en la cama, de día o de noche –mejor de noche–. Le pongo una imagen fugaz , bajo la mano derecha, me relajo y tiro la malla. Se pesca, claro, pero con trampa. Novelar es diferente. Eso me pone en el prototipo de demiurgo. El trabajo de corte intelectual prepondera la organización interna, apela a los esquemas genealógicos y relacionales y exige comprobación permanente de la verosimilitud. Requiere de investigación, dedicación, prolijidad y congruencia, pero especialmente mano fuerte para los personajes que, en la medida en que crecen y toman confianza de sí mismos, tienden a desbocarse y vivir su propia vida. Esto es el bruto, señor. Hasta acá escribir en bruto. Para llegar al neto, señor lector, ya hablamos de otra cosa. ¿Cómo escribo? Ahí ya pasaron las babas, los peces, las pescas, los olores, los papeles viejos y la cursiva que no se entiende. Y pasaron días, meses, años y reescrituras, correcciones, lecturas en voz alta para ver cómo suena; las correcciones verbales. Para llegar al neto hubo que hacer mucho trabajo señor. Escribo trabajando mucho, porque hay que domar a bruto. Eso es ESCRIBIR”…


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Silvia Sánchez: con la mano derecha