Sin contrapesos
La UCR privilegia su deseo de no perder nada y vacía la Defensoría del Pueblo. El PJ tiene problemas para jugar de la mitad de la cancha hacia adelante.
Esta afirmación se sostiene en lo que sucede en gran parte del hemisferio, y no sólo en Río Negro, aunque esta provincia suma a lo dicho la permanencia de un mismo partido en el gobierno durante más tiempo que el deseable para la salud de las instituciones.
La confusión entre Estado y gobierno que caracterizó a los '80 derivó en otra mayor, al desdibujarse los límites partidarios en beneficio de un grupo de dirigentes que acomodan su estrategia política con el mismo pragmatismo con el que el gerente de un supermercado elige cada semana los artículos para la góndola de las ofertas.
El manoseo que precede a la designación de quienes estarán a cargo de la Defensoría del Pueblo debería hacer reflexionar al radicalismo rionegrino. Pero no parece probable que eso ocurra. Sobre todo, porque el propio gobernador Miguel Saiz está dando lecciones de cómo redactar las reglas del juego, al tiempo en que se mueve en el tablero sin que le importen conceptos como mandato popular, rendir cuentas al electorado, consultar la voluntad de su partido ni nada que se le parezca.
Cuando las instituciones no cumplen el fin para el cual han sido creadas, su propia existencia pierde sentido. Se vuelven paredes, escritorios y partidas de fondos pú blicos. Ese riesgo corre hoy la Defensoría del Pueblo.
Lo sucedido en los últimos años es útil para determinar en qué circunstancias ese organismo se «realiza», es decir, vincula en forma exitosa su existencia condición necesaria con su finalidad en su funcionamiento real.
El primer defensor del Pueblo fue Juan Kugler, un ingeniero que venía de conducir en forma eficiente el DPA pero que, como ombudsman, privilegió cuidar las espaldas del gobierno mientras transcurría la peor crisis del Estado rionegrino, con servicios colapsados y millares de empleados estatales, usuarios de servicios públicos y ciudadanos reclamando por errores, omisiones y desatenciones de la Adminis- tración.
En cambio, la gestión de Nilda Nervi una peronista ortodoxa con notoria sensibilidad social revirtió el mero rol de estadística que había tenido el organismo hasta el momento y le sumó credibilidad y capacidad de gestión. No podría decirse que puso en aprietos al gobierno ni que subvirtió el «statu quo» del poder. Sólo que contribuyó a resolver problemas particulares de pacientes que esperaban prótesis, de enfermos sin remedios, de pobladores sin servicios… casos particulares, pero de honda relevancia individual y social.
Lejos de comprender la importancia de los contrapesos para atenuar el desequilibrio en el poder del Estado, el radicalismo privilegia ahora su deseo de no perder «ni a las bolitas»: se lanza a imponer a la legisladora radical Ana Piccinini que, más allá de sus méritos intelectuales, debería excusarse porque su pertenencia partidaria la invalida para defender a los rionegrinos «de a pie» de los abusos u omisiones de un gobierno al que pertenece como las uñas a la
mano.
Esta actitud cerrada ya la mostró este gobierno y los que lo precedieron al integrarse o renovarse los otros órganos de control externo: la Fiscalía de Investigaciones Administrativas y el Tribunal de Cuentas. Y no se les movió ni un pelo de la vergüenza, aun cuando a nivel nacional fue el radicalismo el que promovió que estuvieran en manos de independientes o lisa y llanamente de la oposición.
Una burla
Así las cosas, con los candidatos a defensor titular y adjunto ya predigeridos por acuerdo entre Julio Arriaga y el radicalismo, todo el proceso de selección ha pasado a ser una gran burla.
En principio, burla a los 34 participantes que nunca tuvieron ninguna chance verdadera de ser elegidos y que fueron usados como telón de fondo para un vodevil liviano y de final anunciado.
En segundo término, a la ciudadanía, la «usuaria» de una institución que quedará presa del cerrado círculo en el que eligen desempeñarse Miguel Saiz y sus partenaires en la Legislatura el vicegobernador Mario De Rege y el presidente del bloque parlamentario, Bautista Mendioroz. Uno y otro se han demostrado capaces de renunciar a cualquier principio en favor de la disciplina partidaria, convertida en un dios pagano al que rinden culto con la frente al piso.
La primera reacción fue de los candidatos que se presentaron a la selección: Lilian Lucanera consideró «una tomadura de pelo» el acuerdo entre la UCR y Encuentro para consagrar a Piccinini a cambio de que Gandolfi sea su adjunto. Luego fue «Bachi» Chironi, también burlado pese a ser funcionario provincial y a haber contado inicialmente con el aval de Mendioroz. Entre otros, Aurelio Vázquez no ahorró descalificaciones, sobre todo hacia el jefe del bloque. También Magdalena Odarda y el bloque del PJ se quejaron, pero no parece posible que la UCR dé marcha atrás.
¿Qué lectura se puede hacer de esto?
» El justicialismo y el resto de los partidos de la oposición cabe preguntarse si incluir a Encuentro en este grupo no supieron ejercer el rol que les toca como representantes del 67,38% de los ciudadanos rionegrinos, que en 2003 no votaron al radicalismo. Por apuros electorales, individualismo o incapacidad política, se dejaron «madrugar» por la UCR y por un Encuentro que ya no sorprende con actitudes bipolares: un día denuncia al gobierno por corrupción o desmanejo, al siguiente negocia con él a espaldas de sus socios políticos por un espacio de poder.
» Surge también como certeza la dificultad del Partido Justicialista rionegrino para jugar de la mitad de la cancha hacia adelante. Le sucede también en Bariloche: el triunfo en las pasadas elecciones lo ubicaba como principal beneficiario de la necesidad de reformar la Carta Orgánica municipal. Después de eso sumó al sector del intendente Alberto Icare. Pero, de algún modo, lo que era una ventaja se convirtió en un lastre pesado, al no poder construir consensos con los propios militantes y dirigentes justicialistas locales.
No hubo capacidad negociadora cuando todavía era tiempo, y esta semana volvió a fracasar una gestión que la titular del PAMI, Graciela Ocaña, condujo ante dirigentes del Partido de la Victoria.
La infinita tolerancia que mostró Miguel Pichetto para sumar a sus aliados extrapartidarios hoy se le volvió en contra. Con sus filas divididas, con «hilos sueltos» por todos lados, mira con preocupación cómo se juega en un municipio tal vez su tan ansiada candidatura a la gobernación provincial. Por lo pronto, el viernes en Neuquén, el gobierno nacional pareció sacudirle la escalera dejándolo en un difícil e inestable equilibrio.
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