Sobre el manejo del fuego


Es crucial que el Estado se anticipe, planificando la ocupación del territorio, promoviendo una cultura preventiva en la sociedad y actuando de manera eficiente durante la emergencia.


La opinión del Dr. Juan Gowda en la nota “Política forestal y energética: ¿alimentando fuegos?” que se publicara en Río Negro el 3 de octubre pasado me lleva a comentar solo algunos pasajes con una mirada diferente.

Desde su creación, hace más de 30 años, el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales de la provincia de Río Negro (Splif) ha incorporado personal y equipamiento, adquiriendo experiencia y sumando tecnología no solo para combatir el fuego, sino también para llevar adelante las acciones preventivas y de planificación necesarias que eviten o reduzcan la probabilidad de que se inicie un fuego, así como limitar sus efectos si se produce.

Entre estas acciones podemos mencionar la campaña anual de prevención con las escuelas, la elaboración de cartelería, la reducción del combustible por medio de quemas controladas y chipeado, la redacción y aplicación de normativa, el estudio de la vegetación, la producción de cartografía de riesgo y peligro, la preparación física y capacitación del personal, la detección temprana mediante cámaras, la evaluación del grado de peligro y la participación en la elaboración y ejecución de proyectos tales como el de oferta y demanda de biomasa con fines energéticos, el de prevención y primer ataque de incendios con la población local y el de utilización de biomasa de podas urbanas para la producción de energía térmica.

Entonces, no responde a la realidad sostener que ante una “combinación de condiciones climáticas, que se repite cada cuatro a seis años, nuestra única respuesta ha sido aumentar el personal y equipamiento para combatir el fuego”.

El Splif es un organismo estatal que presta un servicio a la comunidad como ocurre -por tomar un ejemplo- con la salud. A nadie se le ocurriría no contratar médicos, dejar de adquirir equipamiento o de construir hospitales ante una demanda de la sociedad.

Por lo tanto, el Splif debe también contratar personal técnico, administrativo y combatiente, adquirir equipamiento y construir la infraestructura necesaria, particularmente en nuestra región andina en donde durante la última década se registra un aumento más que preocupante en la ocupación de las áreas boscosas, a lo que se suma una creciente afluencia de visitantes durante el verano.

Es entonces crucial que el Estado se anticipe, planificando la ocupación del territorio, promoviendo permanentemente una cultura preventiva en la sociedad y actuando de manera eficiente durante la emergencia.

En Norpatagonia, la prevención y el combate de incendios de vegetación se trata de una construcción colectiva, en donde el Splif articula permanentemente con la Administración de Parques Nacionales, los Servicios Provinciales del Chubut y Neuquén, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego y la Protección Civil.

Coincido plenamente sobre el uso de las herramientas de promoción nacional para el manejo de nuestros bosques, pero de ninguna manera esto nos conducirá “a un futuro en el que los incendios forestales sean un recuerdo lejano”.

La problemática del fuego de vegetación es compleja y no se reduce únicamente al manejo forestal.

El cambio climático, turistas desaprensivos o intereses inmobiliarios -los cuales en la nota parecieran minimizarse- son solo algunos de los elementos a los que se suman muchísimos otros que debemos considerar al momento de abordar mediante acciones preventivas, de preparación y supresión, la disminución en la cantidad y en la superficie afectada por los incendios forestales y rurales.

Vivimos en un ambiente (físico y humano) en donde los incendios de vegetación nunca serán un lejano recuerdo. Solamente podemos entre todos reducir su ocurrencia y daños, en la búsqueda de poblaciones menos vulnerables, logrando así un avance significativo como comunidad.

* Ingeniero forestal. Coordinador del Splif


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