A un mes del incendio que se desató en Puerto Patriada: crece el cansancio físico y emocional entre los brigadistas
Los brigadistas advierten que el agotamiento físico se traduce en el rendimiento día a día. Cómo es el día a día de combate y con qué equipamiento se dispone.
“Este primer mes lo llevamos relativamente bien, con altibajos por muchos trabajos perdidos, muchas casas quemadas y altibajos morales. Esto se ve reflejado en el grupo”. Así resumió Hernán Ñanco, brigadista del Servicio Nacional de Manejo del Fuego la labor, sin descanso, que llevan adelante desde el 5 de enero.
Cada vez, admitió, el cansancio es mayor: “Cada vez rinde menos el día y duele más el cuerpo. Hemos tenido descansos de manera intermitente porque cuando uno está cansado puede cometer varios errores y, esto implica que tu vida corre peligro por poder dañarte, tomar malas decisiones en el terreno. Entonces se trata de hacer ciertos descansos cada cierto período de tiempo (siempre y cuando la situación lo merite o posibilite)”.
También lamentó la desinformación que “lleva a la gente a interpretar desde un espacio de emocionalidad y no desde la racionalidad. Cuestionan ciertas metodologías de trabajo sin fundamento. Eso también cansa”. También, reconoció, resulta agotador “volver a trabajar después de haber perdido todos los trabajos realizados. Quizás se hacen buenos trabajos en cinco días que se pierden en media hora. Esa línea que construiste a mano, con herramientas manuales, se pierde tan rápidamente que te agota”.

Esfuerzo físico
La jornada laboral arranca a las 6 de la mañana cuando los brigadistas desayunan para salir al terreno. “Hacés descansos entre fragmentos de trabajo que, ahora, son un poco más largos porque estamos mucho más cansados. Trabajamos una o dos horas y paramos unos 20 minutos, luego, seguimos”, dijo. Alrededor de las 18, abandonan el terreno. Llegan a dos horas después, por lo general, para poder bañarse, cenar y descansar lo que se pueda porque la jornada vuelve a repetirse al día siguiente.
Ñanco reconoció que “el agotamiento físico no se nota tanto en los dolores, pero sí en el rendimiento día a día”. Todo depende también de las condiciones de trabajo. Después de la lluvia -que no abunda-, el terreno está algo más húmedo y la temperatura baja, al menos, unos grados. “Los días de mucho calor que levantan mucho más el fuego, uno está expuesto a esa temperatura y te cansa más rápido. Te agota el calor, la deshidratación y trabajar con mucho humo. Sin contar que es una situación de estrés porque estás totalmente alerta. Las condiciones pueden cambiar rápidamente”, describió.
Equipamiento básico aunque no de calidad
El brigadista aseguró que cuentan con el «equipamiento básico» para exponerse al incendio, aunque mencionó que «quizás es cuestionable la calidad de los productos”: suelas de borcegos que se abren y camisas que “se rajan”. También hay móviles fuera de servicio. “Son licitaciones del 2022, 2023. Este gobierno no ha finalizado licitaciones para la compra de equipamiento, como mochilas, camisas, pantalones, borsegos, cascos, herramientas manuales, entre otras cosas. Se está tratando de hacer todo lo posible para que salga”, dijo.

Los incendios son cada vez más frecuentes y severos en la Comarca en los últimos años. En esta ocasión, al igual que el año pasado, hay dos incendios de distintos orígenes, simultáneos. “Esto implica la necesidad de cambiar ciertos paradigmas de combate. Nos abre una puerta a tener que volver a estudiar y repensar todo. También nos pone en alerta: antes había una necesidad de personal para el combate que hoy, es mayor”, consideró.
Consideró que las reuniones con científicos son claves ya que permite evaluar por qué ocurren este tipo de siniestros, cuáles son los problemas para enfrentarlos y qué hacer en un futuro con los planes de manejo previos a los incendios, desde el ordenamiento urbano, el combate de las especies exóticas, la reducción de vegetación en zonas urbanas y el combate. “Los incendios naturales, ¿se combaten o no?, ¿cuáles son las prioridades a la hora del combate? Los grandes incendios forestales no se combaten, se gestionan. Un gran incendio forestal en comportamiento extremo no se debe enfrentar pensando en detenerlo, sino en reducir el impacto que genera en las zonas en donde este ingresa”, reflexionó Ñanco.

“Este primer mes lo llevamos relativamente bien, con altibajos por muchos trabajos perdidos, muchas casas quemadas y altibajos morales. Esto se ve reflejado en el grupo”. Así resumió Hernán Ñanco, brigadista del Servicio Nacional de Manejo del Fuego la labor, sin descanso, que llevan adelante desde el 5 de enero.
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