Crecer esperando una familia: niños, niñas y adolescentes aguardan ser adoptados hace meses en Neuquén
Por año, son alrededor de 55 los chicos que pasan por el Registro Único de Adopción. Aparte, el organismo lanzó una convocatoria extraordinaria para familias que quieran darle un hogar a aquellos de entre 6 y 16 años, Un rango etario que necesita más miradas y que invita a ampliar la idea de la adopción.
Algunos disfrutan de los paseos al aire libre y de las actividades manuales. Otros son hermanos que comparten espacios terapéuticos y buscan crecer juntos. Una encuentra su mundo en el boxeo y la lectura de cómics; otra, en cambio, se define por su humor y su coquetería, que son parte de su esencia. Estas son algunas de las descripciones de quienes forman parte de un grupo de niños y adolescentes de entre seis y 16 que llevan años esperando una familia en Neuquén.
En el piso del edificio donde funciona el Registro Único de Adopción en Neuquén hay más que papeles y computadoras. Hay dibujos, juegos, un ambiente cálido y un equipo interdisciplinario compuesto por la directora del RUA, Gisela Maxuell, la prosecretaria Viviana Toselli, tres psicólogos, tres asistentes sociales y dos médicos, que día a día trabajan para que niños y niñas de toda la provincia encuentren una familia.
Este diciembre el organismo volvió a encender una alarma: solo diez familias completaron el formulario para adoptar.
Gisela Maxuell considera fundamental contar lo correcto: «Se dijo que había 90 familias que se habían anotado en la última inscripción, pero no es así». Toselli, por su parte, específica: «90 es lo que tenemos en el registro al día de hoy que están transitando distintos procesos…«. Lo dicen con un tono desesperanzador. Es que en realidad fueron solo diez las familias que se inscribieron y que incluso solo completaron la primera fase del proceso: llenar el formulario.

El número impacta aún más cuando se mira en detalle: “De las diez familias que tenemos inscriptas hoy a la fecha en diciembre, una sola familia se extiende hasta 11 años”. Es decir, solo una está dispuesta a adoptar a un niño mayor.
El corazón del problema está en un desfasaje histórico, que se reproduce en todo el país. “Año a año se repite este diagnóstico que tenemos de que las familias quieren bebés. Nosotros lo que disponemos son niños más grandes para ser incorporados como hijos adoptivos”, cuenta Maxuell.
La directora del organismo lo explica una y otra vez, porque la demanda social no cambia y los prejuicios siguen latente. “Cuando se piensan como padres, madres o como familia adoptiva… lo que buscan es el bebé, por distintas cuestiones, pero es así como se piensa la posible familia”.
Sin embargo, la realidad es otra: no hay bebés para adoptar. “Al año tenemos con suerte uno o dos bebés… que pueden ir hasta los tres años. Pero bebés recién nacidos… el máximo que hemos tenido es dos por año”.
Una de las cuestiones trascendentales es que cuando se declara la adoptabilidad de un niño pequeño, el proceso llega después de años de intervención del Estado en su familia de origen. “Se agotan todos los recursos antes de llegar a la adopción«, dice Toselli. Por esto es que cuando finalmente el juez declara la adoptabilidad, el niño ya no es pequeño.
Maxuell hace la diferencia: «Una cosa es llevar un procedimiento con los resguardos y las garantías constitucionales y otra cosa es hacer muy extensos procesos sin justificación y sin gestiones que correspondientes». Explica que en Argentina ya hubo casos que terminaron en la Corte Interamericana por separar niños sin el debido resguardo legal. Por eso los tiempos son largos, pero necesarios.

«En la vida del niño tiene mucho impacto todo lo que tardamos, tanto el Estado como la sociedad», asegura. ¿Por qué la sociedad? Porque para la directora del RUA, la sociedad «muchas veces tiene pensamientos que no van con el paradigma propio de la adopción«. Expone que mucho se piensa en cómo el adulto atraviesa el proceso, sin embargo, «no están pensando en quienes están esperando, que son los niños».
Maxuell detalla este aspecto clave: la adopción está pensada para garantizar el derecho del niño a crecer en una familia, no para satisfacer el deseo del adulto. “Lo que hacemos lo hacemos siempre encontrándole una familia a un niño para que pueda crecer y desarrollarse en ella, y no tanto colmar el deseo del adulto de ser padres”.
El proceso se hace bajo este sistema: se completa un formulario a través de la página web. Una vez que lo completan, presentan la documentación… y luego se inicia un proceso de diagnóstico de capacidades parentales, entrevistas con asistentes sociales, psicólogos y médicos”, detalla Maxuell. Si todo es favorable, la familia queda en condiciones de ser convocada cuando un juez lo requiera.
«Nosotros trabajamos con entre 45 y 65 niños por año en distintas situaciones», dice la directora del organismo. Sin embargo, el registro mantiene abierta una convocatoria extraordinaria, dirigida específicamente a encontrar familias para esos niños que llevan meses sin que nadie se postule para adoptarlos.
Algunos esperan desde hace un año en hogares. Otros, menos tiempo. Sin embargo, todos comparten el mismo obstáculo: la edad. “Tenemos niños desde hace un año que están en hogares para los cuales no tenemos familias y tienen desde seis hasta 16 años”.
El llamado inicialmente era provincial, pero fue necesario ampliar la búsqueda a todo el país. “No hemos encontrado familias acá, no hemos encontrado familias en las provincias vecinas, hemos pedido colaboración a la red federal y nadie que está inscripto hoy aplica a niños que tenemos en espera, que son 14”.

La mayoría de los casos actuales son niños solos, no grupos de hermanos. “Tenemos algunos, aunque no son la mayoría». Sin embargo, en los casos de grupos numerosos, de cuatro o cinco hermanos, la realidad también se repite: no hay familias dispuestas a recibirlos a todos.
“Nos encontramos con que no hay familias que adopten un grupo de cinco hermanos, por distintas razones, económicas o de tiempo”. Por eso, en los últimos años los jueces adoptaron otro criterio. “Se determina separarlos con todo lo que eso conlleva, pero con familias que se comprometan a mantener el vínculo, que se visiten y se frecuenten con mucha continuidad en el tiempo”.
Aunque la mayor parte de las familias inscriptas residen en Neuquén capital, el Registro trabaja en todo el territorio provincial. “Tenemos competencia en toda la provincia”, explican, y por eso el equipo técnico viaja de manera permanente a Junín de los Andes, Villa La Angostura, Zapala y otras localidades. Muchas veces, los niños que esperan una familia viven en hogares del interior, mientras que las familias postulantes están radicadas en la capital, o al revés.
Esta distribución obliga a un trabajo territorial sostenido. “A veces el niño reside en Neuquén y la familia en Villa La Angostura. Entonces esafamilia debe viajar para los primeros encuentros”, detallan. “Replicamos todo el seguimiento en el interior, con cada etapa del proceso”, remarcan.
La frase resume todo es que hoy hay niños y niñas esperando ser adoptados. Y es, claramente, el mensaje que la dirección quiere que llegue a la comunidad. “Siempre se habla de cuánto hay que esperar para adoptar… Pero hoy tenemos niños esperando por una familia”.
La invitación es directa: que más personas se piensen como posibles familias adoptivas, especialmente para chicos más grandes, hermanos o con situaciones de salud.
Un libro para entender la adopción
«Hoy, después de dos años y medio juntos, podemos ver que hemos superado un montón de pruebas y desafíos, y que en el caminar diario vamos aprendiendo juntos a ser hijos y a ser madres. Nuestras vidas hoy son plenas. Nos faltaban sólo ellos, nuestros hijos».
«De todo esto que contamos, lo que nos gustaría poder transmitir es no tener miedo a que a nuestras vidas llegue un adolescente y no un niño/a recién nacido/a o de pocos meses, al cual es más fácil de dar nuestra forma de pensar o nuestra impronta de cómo ser una familia. Cada familia se construye, no importa la edad. Todo termina resumido en una sola palabra: felicidad».

Estos son algunos de los testimonios que guarda el recientemente publicado libro «Adopción: entre saberes», realizado por profesionales del Registro Único de Adopción de Neuquén: Gisela L. Maxuell, Viviana E. Toselli, Verónica G. Estanislao, Dana Lucero, Karina B.Ortiz, Marina Y. Barreras, Romina F. Giménez, Fanny Diaz, Marcela Villagra y Lydia A.C. Caunedo.
«Hace un año surgió hace varios años que venimos trabajando y hemos escrito muchos lineamientos de trabajo y protocolo de actuación que acompañan a la ley que nos rige», expone Maxuell. «Nos habla de las obligaciones, los derechos, los distintos proyectos que nosotros tenemos que acompañar y llevar a cabo para cumplir con la función para la cual nos han designado».
Es por esto que hace aproximadamente un año surgió la idea de plasmarlo en un libro. «Nosotros siempre decimos que el corazón del organismo es el equipo interdisciplinario, porque son las que llevan a cabo toda la tarea de vinculación, de presentación, de los casos del seguimiento y después de la adopción», explica la directora del RUA.

Es así que nace este libro que no solo invita a adentrarse en el universo de la adopción con una mirada abierta, comprometida y humana. En él se exploran múltiples perspectivas con un propósito compartido: garantizar que cada niño, niña y adolescente tenga el derecho de crecer en una familia que les ofrezca cuidado amor y pertenencia.
La legislatura de Neuquén lo declaró de interés legislativo. Igualmente, el equipo recibió la Declaración de Interés Municipal del Concejo Deliberante de Martín de los Andes y está tramitándose la declaración de interés legislativo porteño en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para el año que viene.
Algunos disfrutan de los paseos al aire libre y de las actividades manuales. Otros son hermanos que comparten espacios terapéuticos y buscan crecer juntos. Una encuentra su mundo en el boxeo y la lectura de cómics; otra, en cambio, se define por su humor y su coquetería, que son parte de su esencia. Estas son algunas de las descripciones de quienes forman parte de un grupo de niños y adolescentes de entre seis y 16 que llevan años esperando una familia en Neuquén.
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