De repartir pizzas a tener cinco McDonald’s en Neuquén y ser uno de los mejores franquiciados del mundo
Maximiliano Recchioni comenzó repartiendo pizzas y hoy opera cinco locales de la cadena de comida rápida en la ciudad. Es el primer segunda generación de Latinoamérica en ser distinguido entre los mejores franquiciados del mundo.
Cuando Maximiliano Recchioni empieza a contar su historia lo primero que dice es que tiene cuatro hijos y que es abuelo desde hace siete. Aunque hoy sea operador de cinco locales de McDonald’s en Neuquén y uno de los franquiciados reconocidos del mundo, siente que su mayor logro es su familia. Y tiene sentido: su historia en la gastronomía comenzó de la mano de una de las personas más importantes de su vida, su mamá.
Maximiliano nació en Buenos Aires, pero siempre tuvo un vinculo arraigado con el Alto Valle. «Cuando era chico venía con mi madre y con mi padre porque ellos exportaban fruta, entonces nos pasábamos de diciembre a marzo en Villa Regina”, relata. Ese vínculo familiar con Río Negro y Neuquén nunca se cortó. Su tío jugó en el club independiente de Neuquén y su primo también. «Tengo un acercamiento muy grande con esta ciudad», asegura.
Sin embargo, su vida laboral comenzó en la capital y lejos de las hamburguesas. Maximiliano tenía 19 años y un hijo cuando entró a trabajar en una pizzería. Era repartidor. Luego terminó siendo supervisor de cinco sucursales. Fue ahí donde su amigo notó su habilidad para la gerencia. «Trabajaba conmigo y me dijo que veía en mí algo que en aquel momento lo veía solo él. Me dijo que en McDonalds estaban buscando futuros gerentes, me armó el curriculum y lo mandó», narra.

El ingreso a no fue sencillo: hubo más de 2200 entrevistas y quedaron 33 finalistas. Él fue seleccionado. “Yo fui uno de esos que entré a trabajar en McDonald’s”, dice emocionado.
Aunque el aviso buscaba “futuros gerentes” el proceso empezaba desde abajo. “Tenías que hacer tareas de limpieza, limpiar baños, pisos, hacer hamburguesas. Tenías que entender absolutamente todo lo que era el sistema, desde limpiar un baño hasta hacer una orden de compra”.
Mientras él comenzaba su carrera como empleado, su mamá tomaba una decisión que cambiaría la historia familiar. Vio un aviso en el diario donde buscaban franquiciados y decidió intentarlo. “Mi mamá fue siempre una rebelde en la vida”, cuenta. Ella tenía 50 años y terminó convirtiéndose en la primera mujer franquiciada de Argentina.
Ambos empezaron a crecer en el rubro y durante nueve meses Maximiliano tuvo que atravesar exactamente el mismo entrenamiento que cualquier empleado. “Lo que busca McDonald’s no es una persona que sepa hacer hamburguesas, sino un líder”. Su mamá trabajaba en una sucursal y él en otra. «Los domingos al mediodía nos sentábamos a charlar de lo que había aprendido cada uno», menciona.
En abril de 1998 le entregaron a su madre su primer local, en Avellaneda. Poco tiempo después, Maximiliano dejó de trabajar para la compañía y pasó a trabajar para la empresa de su madre. “No había expectativas de si quería ser dueño en algún momento. Era ir a hacer mi trabajo”.
La posibilidad de convertirse en segunda generación de franquiciados apareció años después, casi como una idea imposible. Todo comenzó en una convención internacional en Estados Unidos, cuando su padre vio sobre el escenario a tres generaciones de una misma familia vinculadas a la marca y entendió que ese podía ser el futuro de ellos: «“Mi papá dijo: ‘Ahí es donde tenemos que ir nosotros’”.

En 2005 le preguntaron a Maxi si quería convertirse en segunda generación franquiciada. “Yo tenía 30 años y no entendía nada de lo que me estaban hablando”, se ríe. Pero aceptó el desafío. Al año siguiente realizó una presentación oficial ante las autoridades para ser la segunda generación de Argentina. «Era algo completamente alocado el pensar en eso, porque no existía en la Argentina lo que era la segunda generación, en realidad en Sudamérica, y había que traducir el manual de todo lo que pasa en Estados Unidos, llevarlo a las normas y las reglamentaciones de Argentina de lo que representaba ser la segunda generación«, relata.
Maximiliano se postuló para aspirante a segunda generación. «Ahora ponete a trabajar» le dijeron. Así Maximiliano comenzó a estudiar. «Yo iba aprendiendo de mi mamá, de mi papá y de los cursos en la Universidad de la Hamburguesa, que queda en San Pablo», cuenta. Lo que vino después fue inédito, en marzo del 2013 se transformó en la primera segunda generación de Latinoamérica.
Pero ese mismo año apareció otra posibilidad enorme: mudarse al sur. Su madre soñaba con venir a Neuquén y desde la compañía les dieron una oportunidad inesperada. “Nos dan la posibilidad de venir a Neuquén en el 2013, cambiar dos locales en Buenos Aires por cuatro locales en Neuquén y empezar una nueva aventura”, relata.
La decisión implicó un cambio de vida completo. “Nos tiramos a la pileta porque confiamos plenamente en la marca”, recuerda. Además de su familia, viajaron junto a cinco empleados de Buenos Aires. Cuatro de ellos todavía viven en Neuquén. “Se hicieron familia, se casaron, tuvieron hijos. A todos nos ayudó Neuquén”.

Desde entonces, el crecimiento fue constante. En 2015 abrieron el local del Alto Comahue. La pandemia obligó a cerrar el del Walmart, pero en 2025 inauguraron el nuevo local de calle Planas y recuperaron los cinco puntos de operación. Ese mismo año recibió la noticia más importante de su carrera. “Me llaman por teléfono para comunicarme que había sido elegido como uno de los 30 mejores franquiciados del mundo”.
El reconocimiento de la corporación con el Fred L. Turner, Golden Arch Award tiene un peso especial e inédito: además de haber sido elegido como uno de los 30 mejores franquiciados del mundo, es el primer segunda generación de Argentina y Latinoamérica. “Estamos tan poco acostumbrados a recibir reconocimientos”, reflexiona. “Que te digan ‘hiciste bien tu trabajo’ no pasa seguido”.
El premio será entregado formalmente en 2026, durante la convención mundial que se llevará a cabo en Las Vegas, Estados Unidos el próximo fin de semana.
Para explicar lo que sintió, recurre a una imagen futbolera. “Viste cuando Messi recibió la Copa del Mundo y se dio vuelta mirando a Antonela diciendo ‘ya está’? Bueno, esa es la sensación que yo tengo”. Hoy, después de casi tres décadas en la empresa, asegura que sigue enamorado del trabajo. “Hace 30 años que estoy. Todos los días descubro cosas nuevas”.
Hoy tiene casi 400 empleados, con un promedio de edad de entre 22 y 24 años. “Son los que nos van a gobernar el día de mañana”, dice. Para él, el trabajo tiene también una función social. “Siempre digo que somos la universidad del trabajo”. Y es así. «El adolescente sale del colegio y dice quiero tener mi primer trabajo y viene a trabajar a McDonalds», mientras lo dice, recuerda una frase de su mamá: «El primer trabajo tiene que ser como el primer novio, ese del que no te olvidas, te acordás para toda la vida».
Por eso insiste tanto en la formación y en transmitir valores. “En la vida hay que ser sincero, honesto, trabajador, agradecido y generoso”.
Aunque sus hijos ya están todos encaminados profesionalmente, no sabe si alguno continuará el legado familiar. “La vida de ellos no es la misma que era la mía”, reconoce. Pero tampoco piensa retirarse pronto. “No estoy pensando en correrme por mínimo los próximos 15 años”.
Mientras tanto, sigue imaginando proyectos. Habla del foodtruck que llevaron a la Fiesta de la Confluencia, de nuevas ideas para Neuquén y del desafío permanente de crecer en una ciudad que define como “muy veloz”. «Hay que ser muy cautelosos. Vamos a ver que depara el destino».
Al final de la charla vuelve al chico que empezó repartiendo pizzas y deja un mensaje para quienes sueñan con crecer. “No hay tamaño para soñar”, afirma. “Siempre hay que soñar en grande”. Y completa: “Son más los no que los sí con los que te vas a encontrar, pero atrás de cada no siempre hay un sí. El fracaso es aprendizaje. Esa es la posibilidad que tenemos para movilizarnos y hacer algo distinto».
Cuando Maximiliano Recchioni empieza a contar su historia lo primero que dice es que tiene cuatro hijos y que es abuelo desde hace siete. Aunque hoy sea operador de cinco locales de McDonald's en Neuquén y uno de los franquiciados reconocidos del mundo, siente que su mayor logro es su familia. Y tiene sentido: su historia en la gastronomía comenzó de la mano de una de las personas más importantes de su vida, su mamá.
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