“El abrazo de la UNCo”: de vivir en la calle a recibirse de Psicólogo
Yonatan Cid viene de una familia de escasos recursos que vivía en Bariloche. A sus 5 años, muere su madre y comienza la parte más dura de su historia. Tuvo que dejar el secundario y escapar de su casa. No bajó los brazos y se “las rebuscó” para estudiar una profesión.
Abrazo, es la palabra que apareció varias veces durante la entrevista, en la boca y en la memoria de Yonatan Cid. Nacido en el seno de una familia de bajos recursos en los barrios del sur de Bariloche; a sus cinco años (ya vivía en Neuquén) perdió a su mamá, único sostén del hogar. Vinieron tiempos más difíciles aún, se mudó de casa y de entorno. Regresó a Bariloche, a vivir con familiares. Fue víctima de todas las formas de violencia. Pero en la Universidad Nacional del Comahue, encontró un nuevo hogar.
Y a los 15 años tomó una decisión drástica: se fue de allí, escapó, vivió en la calle varios años, dejó el secundario. Para subsistir trabajó de canillita, vendió por las noches empanadas, fue repartidor de folletería y promotor de un tiempo compartido.
Los invitaron a participar de la escuela La Llave de la ciudad cordillerana, donde fue parte de un ballet de folclore. LLegaba un remanso, pero la lucha por susbsistir no terminaba aún. “Eso me ayudó a pensar que esa realidad de vivir en la calle no era la mía. Que había que hacer algo con eso para cambiarlo”, contó Yonatan.
Hasta que le llegó la “suerte”, ese término que él define como “la mezcla de preparación y oportunidad”.
Yonatan vivía en la calle, pero siempre tenía la certeza de que quería seguir estudiando. No sabía cómo. Un chico relegado en todos los sentidos, sin recursos y sin nada, siempre supo que quería “ser un profesional”.
En 2015 se mudó a la ciudad de Neuquén, a la casa de sus “abuelos” que eran en realidad tíos abuelos. El “nono” le dijo: yo te banco. Sus abuelos le permitieron finalizar el quinto año del secundario que le faltaba.

Encontró un “laburo” en una empresa petrolera y se anotó en la carrera de Psicología de la Universidad Nacional del Comahue. “Los horarios de laburo no me coincidían con las cursadas. Pedí acomodar pero en el trabajo me dijeron que tenía que elegir: el trabajo o el estudio. Renuncié, me compré una bicicleta y me fui a estudiar”, recordó Yonatan. Durante ocho años y medio, el joven viajaba ida y vuelta en bici, de Neuquén a Cipolletti, para estudiar su carrera en la facultad de Ciencias de la Educación y Psicología de la Universidad Nacional del Comahue.
“Yo venía muy perturbado, no podía tolerar la depresión, el ser consciente de esta historia que me había tocado vivir de chico, era muy doloroso cargar con eso”, agregó.
“Pero cuando empecé la facultad, la universidad pública me abrazó tan fuerte que me di cuenta que había llegado a casa. Por primera vez me di cuenta la importancia de la educación pública. Yo que pensaba que la universidad no había nacido para mí, por el lugar de donde venía y por mi historia. Y ahí estaba siendo un estudiante más”, recordó el profesional.
“Esta gestión actual nos abrió los brazos, nos abrazó para que chicos como yo podamos estudiar. Si no fuera por las políticas públicas, por la universidad pública yo no hubiera podido recibirme”
Yonatan Cid, el primer universitario de su familia.
Llegó una nueva oportunidad: mientras cursaba en la UNCo se recibió de acompañante terapéutico, algo que le dio estabilidad económica para sostener sus estudios. Luego fueron los compañeros y los docentes de la carrera que lo impujaban cada día un poco más. “A veces iba sin comer y una galletita o un mate de un compañero apaciguaban el estómago”.
Sus docentes vieron su potencial: le propusieron participar de una proyecto de investigación y así partió a la Universidad Nacional de Rosario, con una ponencia. “Fue el puntapié para terminar la carrera porque me impulsó muy fuerte, consideró Yonatan.
Y llego quinto año de la carrera y la hora de elegir una especialización y realizar sus prácticas profesionales. Eligió orientación vocacional. Fue parte de la dirección de orientación estudiantil de la UNCo y dio charlas para escuelas secundarias de la provincia.
Concursó para una beca y salió primero en orden de mérito, lo que le facilitó dar charlas en diferentes puntos del territorio de Neuquén.
El pasado 9 de diciembre, Yonatan se recibió de Psicólogo. Tenía mucho miedo y mucha ansiedad, pero también el orgullo de saber que había sido capaz de cambiar su realidad. “Esta gestión actual nos abrió los brazos, nos abrazó para que chicos como yo podamos estudiar. Si no fuera por las políticas públicas, por la universidad pública yo no hubiera podido recibirme”, concluyó el egresado.
Abrazo, es la palabra que apareció varias veces durante la entrevista, en la boca y en la memoria de Yonatan Cid. Nacido en el seno de una familia de bajos recursos en los barrios del sur de Bariloche; a sus cinco años (ya vivía en Neuquén) perdió a su mamá, único sostén del hogar. Vinieron tiempos más difíciles aún, se mudó de casa y de entorno. Regresó a Bariloche, a vivir con familiares. Fue víctima de todas las formas de violencia. Pero en la Universidad Nacional del Comahue, encontró un nuevo hogar.
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