El Tren Solidario llega a Neuquén con una enorme carga de ayuda y un museo que guarda historias únicas
En su cruzada número 62, la formación recorre la Patagonia con 160 pasajeros voluntarios, entre 30 y 40 toneladas de leña y una importante carga de donaciones. La iniciativa nació hace 25 años y ya recorrió más de 50.000 kilómetros por el país.

El Tren Solidario avanza sobre las vías de la Patagonia. En su cruzada número 62, la formación va con destino a Senillosa y con una parte de su carga destinada a instituciones de Zapala, en un recorrido que combina solidaridad, memoria ferroviaria y el entusiasmo de volver a poner en movimiento una iniciativa que lleva 25 años atravesando la Argentina.
“Bueno, el Tren Solidario tiene una trayectoria de 25 años. Arranca en el año 2001”, cuenta Sergio Damián Rojas, director del Tren Solidario. La iniciativa nació como parte de un programa de Responsabilidad Social Empresaria de la revista Rieles y desde entonces no dejó de sumar kilómetros ni historias.
Son más de 50.000 kilómetros recorridos por el país y más de cuatro millones de kilos de donaciones entregados “a lo largo y a lo ancho de nuestro país”, resume Rojas. Detrás de esas cifras hay viajes, estaciones, pueblos, instituciones y personas que se encontraron en el camino alrededor de una misma idea: que aquello que para alguien puede ser una pequeña ayuda, para otro puede significar mucho.
Esta vez, además, el viaje tiene un significado especial. Es la segunda vez que el Tren Solidario llega a Senillosa. La primera fue en 2007 y al Alto Valle de Río Negro, el primer viaje fue en 2024. Ahora llega con 11 vagones, un tren muy largo de pasajeros como hace muchos años no pasa por el Valle.
“Para nosotros, volver a surcar las vías hacia la Patagonia de nuestro país nos pone muy contentos”, dice Rojas. No es solamente el regreso a un territorio conocido. Es también la posibilidad de volver a ser útiles en una zona donde las condiciones climáticas generaron necesidades concretas.
La carga habla por sí sola. Hay entre 30 y 40 toneladas de leña que serán enviadas a Zapala, además de alimentos no perecederos, ropa de abrigo, frazadas, colchones, algunos muebles, agua mineral, juguetes y libros. Y arriba del tren también viajan personas. Son 160 pasajeros voluntarios que decidieron sumarse a la cruzada.
“Son pasajeros comunes que se anotan para viajar en el tren como voluntarios”, explica Rojas. No son integrantes de la revista ni necesariamente personas vinculadas con el mundo ferroviario. Son vecinos, trabajadores, familias y personas que encontraron en esta experiencia una manera concreta de participar.

Entre ellos está Ezequiel, un vecino de Haedo cuya mujer trabaja como asistente social. Rojas lo menciona como ejemplo de esos pasajeros que, además de viajar, tienen un fuerte compromiso con la comunidad. “Tiene una actividad solidaria muy importante y es un referente de esa localidad en lo que se refiere a la recaudación”, cuenta.
La historia del Tren Solidario se construye justamente con esos nombres. Personas que aparecen en cada estación, que juntan donaciones, que clasifican, que cargan y que después vuelven a subir al tren para continuar el viaje.
“Cuando tenemos definido el destino, se hace una fecha de inscripción donde se anotan los pasajeros voluntarios y la gente que quiere donar también acerca su donación”, explica Rojas. Después llega una tarea menos visible, pero fundamental: clasificar y ordenar todo.
“Las vamos clasificando para que aquel día que salga el Tren Solidario ya tendríamos todo coordinado y todo ordenado para después entregar en las instituciones”, agrega. Pero la solidaridad no termina en la estación de partida. El propio recorrido se convierte en una cadena de encuentros.
La formación ya pasó por Cañuelas, donde recibió donaciones; luego por La Colina, una localidad ubicada antes de Coronel Suárez, donde los bomberos voluntarios se encargaron de reunir aportes; y después por Tornquist y Bahía Blanca. Finalmente, hoy por la mañana, el tren llegará a Senillosa.
Recorrer la historia del tren
La jornada en Senillosa tendrá un doble propósito. Por un lado, será el punto de encuentro con la comunidad y la entrega de donaciones. Por otro, abrirá las puertas a una parte de la historia ferroviaria argentina. Porque junto al Tren Solidario viaja el Tren Museo Itinerante, perteneciente al Museo Nacional Ferroviario de Ferrocarriles Argentinos.
“Son cuatro coches que cuentan diferentes capítulos de la historia de los trenes argentinos. Uno de ellos fue utilizado por Juan Pablo II durante su visita a la Argentina en 1982. Otro es un coche cine que circuló en el tren que unía Buenos Aires con Bariloche. También viaja un coche Pullman que formaba parte del Expreso Buenos Aires-Mendoza y un furgón de encomiendas”, cuenta Rojas.
La propuesta podrá visitarse de manera libre y gratuita. “Cuando llegamos a destino la gente va a poder visitar en forma libre y gratuita parte de la historia de los ferrocarriles”, explica.
Hay algo de regreso al pasado en esa escena: un tren que vuelve a llegar a una estación y abre sus puertas para que la gente pueda entrar, mirar, recordar o descubrir por primera vez cómo era viajar sobre aquellos coches que alguna vez fueron parte de otros recorridos.
En esta oportunidad, además, la llegada coincide con el Día del Niño. Por eso el museo será también una alternativa para las familias que se acerquen. El viaje no termina allí. Mañana, la formación estará durante toda la jornada en la estación de Cipolletti, donde nuevamente se podrá visitar el Tren Museo Itinerante.
Cuando la conversación ocurre, el tren está en movimiento. Detrás del Tren Solidario no hay una única organización actuando en soledad. Hay empresas estatales, empresas privadas, sindicatos ferroviarios, trabajadores y ciudadanos que se suman.

“Lo que nosotros logramos es ser una vía que une a un montón de actores”, explica Rojas. Por un instante busca una palabra. No hace falta demasiado. “Es la sumatoria de voluntades”, dice. Y enseguida agrega: “Una cadena de favores. Yo estoy ayudando a alguien y ese alguien va a mejorar y a su vez va a mejorar otra persona y se va, digamos, haciendo un efecto multiplicador”.
El ejemplo de Bahía Blanca
El Tren Solidario siempre está donde hay una necesidad. Rojas cuenta que una de las experiencias más recientes y contundentes fue la de Bahía Blanca, después de las inundaciones. “Nosotros participamos en los trenes de emergencia de Bahía Blanca cuando fueron las inundaciones”, recuerda.
El primer tren llegó apenas 72 horas después del temporal y transportó 1.200 toneladas de donaciones. Cinco días después llegó una segunda formación con otras 1.100 toneladas. “Fue la primera ayuda que llegó a Bahía Blanca después del temporal”, afirma Rojas.
La magnitud de aquella respuesta permitió dimensionar lo que puede ocurrir cuando diferentes sectores se ponen de acuerdo y utilizan el tren como herramienta para llegar rápidamente a donde se necesita. Según explicó la propia intendencia de Bahía Blanca, esa rápida llegada contribuyó a acelerar la recuperación de las personas afectadas.
Después de 25 años, el Tren Solidario sigue avanzando. Cambian los destinos, las necesidades y las personas que esperan en cada estación, pero permanece la misma idea: transformar un viaje en una oportunidad para ayudar.
En Números
- 25 años, 62 cruzadas, más de 50.000 kilómetros y más de cuatro millones de kilos de donaciones, 160 voluntarios que decidieron viajar.
- Toda la información está en www.trensolidario.org.

El Tren Solidario avanza sobre las vías de la Patagonia. En su cruzada número 62, la formación va con destino a Senillosa y con una parte de su carga destinada a instituciones de Zapala, en un recorrido que combina solidaridad, memoria ferroviaria y el entusiasmo de volver a poner en movimiento una iniciativa que lleva 25 años atravesando la Argentina.
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