La apasionante historia del hospital de Allen, el primero de la Patagonia

Fue inaugurado en 1925 con un concepto integrador. El predio, de 10 hectáreas, tenía pista de aterrizaje y huerta. Roberto Balmaceda, quien trabajó allí, lo describe en detalle.

08 sep 2018 - 07:40

Del primer hospital de la Patagonia sólo queda un pabellón que se viene abajo.

El edificio data de 1925, y está ubicado en la calle San Martín al 800 y fue donado a la Universidad Nacional de Río Negro, que se comprometió a restaurarlo para usar las salas como aulas. El resto fue demolido en 2016.

Roberto Balmaceda tiene 73 años, es licenciado en servicio social, historiador y trabajó en el viejo establecimiento y en el hospital neuropsiquiátrico aledaño. “El hospital de Allen formó parte de un proyecto integrador de nosocomios a nivel nacional que se caracterizaron por un sistema arquitectónico pabellonado”, cuenta. El edificio allense fue el primero que se construyó con estas características.

La concepción era de una colonia agrícola, disponía de huerta, granja y cocinaban el pan. Todo se producía en el hospital, con la labor del personal y los propios pacientes.

El predio era de 10 hectáreas, contaba con una pista de aterrizaje para los aviones sanitarios y los pacientes podían desplazarse en lugares amplios.

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¿Por qué Allen?

Fundada en 1910, Allen tenía un poco más de 1.500 habitantes en 1912, cuando se construyó el hospital. Vivía allí el presidente de la Cooperativa de Irrigación Patricio Piñeiro Sorondo, que además fundó el pueblo. El riego fue factor de poder para el desarrollo de la actividad frutícola. Sorondo era terrateniente y miembro del Jockey Club de Buenos Aires. Además, cuñado del ex presidente Manuel Quintana, que gobernó en 1904.

Fue Sorondo quien propuso a Allen como el lugar para la construcción de este hospital cuando todos apuntaban a Neuquén, en pleno apogeo con su actividad comercial.

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Recuerdos

En 1982 Balmaceda ingresó a trabajar como asistente social, junto a su colega Mirta Agostino. “Batallamos de entrada para desterrar aquella imagen del trabajador social que solo hace tareas administrativas o consigue cosas para los internados”, explica.

Junto a psicólogos, psiquiatras, médicos, laborterapistas, kinesiólogos y fonoaudiólogos trabajó en la admisión de los pacientes y confección de historias clínicas, que incluían aspectos sociales, económicos, culturales y vínculos familiares. De esta manera se planificaba la rehabilitación y la terapia familiar.

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Separados

Mientras muestra fotos, el historiador ojea un libro llamado Registro del Sistema arquitectónico de pabellones en hospitales de América Latina que se publicó en 2014. En esas páginas describió como era la estructura y la atención en ese edificio simbólico para la ciudad. “Eran cuatro edificios de dos plantas y estaban separados por jardines o pequeñas calles con el propósito de separar las patologías”, explica.

En cada edificio funcionaba una unidad hospitalaria. Había cirugía, ginecología, obstetricia y odontología. “Las especialidades tenían que ver con las enfermedades de la época como la tuberculosis y la lepra”, menciona.

El objetivo era separar las patologías. Regía en ese momento el “higienismo”. La causa de las enfermedades se adjudicaba a los “miasmas” emanación o fluidos malolientes suspendidos en el aire, proveniente de cuerpos putrefactos, restos orgánicos o aguas estancadas. Con el descubrimiento de los “microbios” del francés Louis Pasteur y el desarrollo de la “Microbiología” como teoría, esta concepción de la salud fue abandonada después.

El director tenía su casa, que compartía con el resto de los administrativos. Allí vivían estas familias y ese pabellón se llamaba “La Casona”. En 1928 había duplicado el número de camas a 88. En 1932 se instaló el primer servicio de Rayos “X” y primer “Centro de Atención de la Tuberculosis” en la región hasta el año 1977.

A partir de 1940 se comenzaron a construir otros hospitales como el Castro Rendón en Neuquén y el de Viedma.

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El programa de ATC

En su afán por contar la historia del primer hospital de la Patagonia, en 1987 Balmaceda se contactó con el equipo del programa televisivo “Argentina Secreta” de ATC (Argentina Televisora Color) dirigido por el documentalista Roberto Vacca. El grupo vino por primera vez a la región para filmar un reportaje sobre el hospital con costos (pasajes para cinco personas en avión , alojamiento y comida por una semana) además de un vehículo doble cabina a disposición. Se realizó gracias al aporte de dos gremios provinciales UNTER y UPCN.

Allí recorrieron el edificio que en un principio, tuvo capacidad para 100 pacientes con internación. “Después se fue ampliando y superó los 200. El proyecto estaba pensado a largo plazo y era para una mayor capacidad pero no se pudo concretar por los cambios de gobiernos”, cuenta Balmaceda.

“Desde Pediatría a la farmacia o recepción había que caminar una cuadra porque las oficinas estaban en diferentes pabellones...”.
Tomás Herceg, exdirector del hospital.
Eran cuatro edificios de dos plantas, separados por jardines o pequeñas calles con el propósito de separar las patologías.
Para 1928 había duplicado el número de camas, que eran por entonces 88. Luego llegaría a tener capacidad para más de 200 internados.
Un proyecto a largo plazo
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El decreto de construcción fue en 1912. El hospital de Allen fue parte de un proyecto a largo plazo que tuvo como objetivo crear varios pabellones pero no se logró completamente por los cambios de gobierno.
La reconstrucción
del edificio
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La construcción había finalizado en 1916 pero tuvo que volver a edificarse porque el arquitecto José Carella no respetó los planos originales. El impulsor del proyecto fue el doctor Domingo Cabre.
El primer equipo de atención
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Su primer director fue el doctor Ernesto Accame, cuyo nombre lleva el nosocomio hasta hoy. Los pabellones se dividían por patologías y las especialidades eran cirugía, ginecología, obstetricia y odontología.
La decadencia que nadie logró evitar
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En 1985 comenzó a decaer por la falta de mantenimiento y se trasladó al pabellón de Neuropsiquiatría. En 2016 fue demolida la casa del director y solo quedó un pabellón que fue donado a la UNRN.
Allen

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