Muere niño con difteria, padres rechazaron vacunarlo

En España se reavive el debate sobre la obligación de vacunar a los niños a partir de la muerte de un chiquito con difteria.

EN ESPAÑA

Un niño de seis años que se convirtió en el primer niño en contraer difteria en España en 29 años falleció a causa de la enfermedad en un hospital de Barcelona.

Bianca Pont, portavoz del Hospital Universitario Vall d’Hebron, dijo en un comunicado que el paciente, que estaba ingresado en la unidad de cuidados intensivos de pediatría desde el 30 de mayo, falleció este sábado.

Este fue el primer caso de esta enfermedad infecciosa que se diagnostica en Cataluña, en el extremo noroccidental del país, en 32 años y el primero en España desde 1986.

El niño había vivido en Olot -una pequeña ciudad al norte de Barcelona, cerca de la frontera con Francia- y no recibió la vacuna contra la enfermedad por decisión de sus padres.

¿Qué es la difteria y por qué es peligrosa?

Es una de las enfermedades consideradas prevenibles mediante vacunación, que forma parte del calendario establecido para inmunizar a los bebés y niños frente a posibles brotes. La enfermedad está causada por una bacteria (Corynebacterium diphteriae) que habita en la boca, nariz y garganta y que se contagia por vía respiratoria, mediante tos y estornudos. Tras el contagio, la incubación dura pocos días (de dos a cinco), aunque algunos infectados no muestran síntomas pero sí pueden contagiar.

Los síntomas de la difteria incluyen daño en la garganta, fiebre elevada, tos, estornudos, dolor de cuello y obstrucción en las vías respiratorias por la aparición de unas membranas que impiden respirar. La mortalidad es del 5%-10%. El período de contagio máximo es de dos semanas en la fase aguda, aunque los portadores crónicos pueden excretar la bacteria durante meses.

La bacteria no solo afecta a las vías respiratorias; también produce una toxina que al entrar en el torrente sanguíneo afecta a otros órganos como los riñones, el cerebro y el corazón. Una posible complicación es la inflamación del músculo cardíaco o miocarditis. El sistema nervioso también puede verse afectado y provocar parálisis temporal.

La importancia de vacunar

La Organización Mundial de la Salud estima que las vacunas evitan entre dos y tres millones de muertes cada año. Sin embargo, al no llegar a todo el mundo, dos millones de personas fallecen anualmente por patologías prevenibles. La poliomielitis, un mal que ocasiona terribles secuelas, está cerca de su erradicación gracias a la inmunización, que también ha logrado rebajar la mortalidad del sarampión en un 74% en solo una década (de 2000 a 2010). Esta enfermedad, que puede ir camino de su completa desaparición por medio de las vacunas, como sucedió con la viruela, está reapareciendo en algunos países ricos donde estaba prácticamente suprimida. En estos mismos lugares, la difteria, una dolencia causada por una bacteria que se caracteriza por la inflamación de las vías respiratorias, es una anécdota, cuando no inexistente.

En España la inmunización no es obligatoria. Puede rechazarse por motivos de conciencia, por simple ignorancia o por creencias, como sucedió con el menor de Olot, que murió este sábado. Sus padres son contrarios a las vacunas y partidarios de las medicinas alternativas.

A la vista de la efectividad de las vacunas y de lo que puede suponer rechazarlas, la pregunta es: ¿Qué lleva a unos padres a poner en peligro la vida de sus hijos innecesariamente? ¿Cuáles son estos motivos de conciencia o ideológicos que se anteponen a la salud y al avance científico? El pediatra Carlos González, autor del libro En defensa de las vacunas (Temas de hoy, 2011), explica que a medida que la enfermedad va desapareciendo y la población la olvida (los más jóvenes ni siquiera han visto sus consecuencias), el miedo a la dolencia se convierte en temor a los efectos secundarios de las vacunas, que aunque pueden existir, son escasos y, en la grandísima mayoría de los casos, leves. “Estos miedos están alimentados por falsas creencias de los padres. Generalmente, quienes deciden no vacunar a sus hijos están muy informados: han leído libros y visitado decenas de páginas de internet, pero están muy mal informados”, explica.

Y aquí entran en juego los antivacunas. Mientras organizaciones internacionales recaudan miles de millones de pesos cada año para llevar las vacunas allí donde no pueden permitírselas, en los lugares donde sobra el dinero para ellas hay un movimiento que las rechaza. Como apunta J. M. Mulet en su libro Medicina sin engaños (Destino, 2015), “en algunos barrios de California la tasa de vacunación está al nivel de Sudán del Sur”. Los antivacunas inundan internet con falacias y mitos que exageran sus efectos secundarios, falsean los datos para minimizar la efectividad de la inmunización, meten el miedo en nombre de “lo natural” frente a “lo químico”, esbozan teorías conspirativas de las farmacéuticas y los Gobiernos y aprovechan los errores y las negligencias que han existido en la historia de los tratamientos como ejemplos para apoyarlas. Todos estos argumentos están detalladamente refutados por González en su libro.

Fuentes: El País y agencia AFP


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