Tatuar cicatrices, un arte que sana a las personas, en Roca

Tatuar cicatrices, darles una nueva percepción. Así es el trabajo que realiza Romina Rocca, una tatuadora que utiliza su arte para darle una nueva vida a las heridas de las personas.

Desde hace tres años Romina Rocca tatúa a diferentes personas con diversos estilos, pero según ella lo que más le gusta es cubrir cicatrices, darles un nuevo sentido. Y así ha sido: ha «rallado» la piel de muchas mujeres que han pasado por situaciones dolorosas que han marcado su piel de forma física y gracias a ella hoy tienen una nueva percepción de sí mismas.

Todo comenzó cuando Romina abrió su estética junto a una colega que tatuaba. “Veía todo lo que hacía y me gustaba. Un día pensé que yo también lo podía hacer”, contó y agregó que un amigo profesional del área la impulsó y decidió comenzar.

Así empezó a contar historias a través de los tatuajes. “Hoy la cabeza de las personas es otra y eso te abre un montón de puertas. Son diferentes y sus estilos también”, expresó.

Cicatriz


Un día con tan solo 13 años Romina sufrió un accidente automovilístico que como consecuencia le dejó una fractura de fémur, cadera y le tuvieron que hacer una reconstrucción completa de la pierna. Luego a sus 18 la volvieron a chocar. “Me corté una arteria femoral, me cosieron y me suturaron mal. Tiempo después en un partido de rugby se quebró y debieron operarla dos veces. 

Con cada marca la autoestima de Romina se iba deteriorando. “Me veía al espejo y no me gustaba. No salía con pantalón corto a pesar de que hiciera 40 grados en verano”, expresó.

Decidió tatuarse y hoy de a poco se anima un poco más a mostrar su cuerpo.

Sus heridas y las de su madre que falleció por cáncer de pulmón la llevaron a desear darle un nuevo sentido a esas heridas. Comenzó a capacitarse, conocer las diferentes pieles y patologías para poder dar el mejor servicio posible.

“La primera vez que tatué fue muy difícil. Vino una chica que sufría violencia de género y le habían tirado una olla de agua hirviendo. Ella lloraba y yo le preguntaba si le dolía, me decía que no. Al final me quedé llorando con ella y me dijo que se sentía muy aliviada ”, recordó.

Y así fueron llegando más clientas. Romina, sin importar el tiempo que estuvieran, las escuchaba y acompañaba. 

“La gente que viene me cuenta sus cosas, su vida, como si fuera una psicóloga. Creo que es importante el tacto. Genero un vínculo y me apego. Lo disfruto un montón, me encanta”, señaló.

Hoy en día la tatuadora ofrece sus servicios a personas que se hayan realizado una mastectomía, que tengan heridas o cicatrices que decidan “maquillar”. “Es a lo que yo me quiero dedicar”, contó.

Heridas


Angie se realizó un tatuaje en su brazo izquierdo, en donde tenía una quemadura que le generó su ex pareja en medio de una discusión.

Representa a las personas que ama: sus hijos y su mejor amiga, Viviana, quien la impulsó a seguir y crecer. «Cubrí ese mal momento y me recuerdan lo importante que son en mi vida». Hoy son dueñas de la estética «Atenea», el cual es un lugar donde ayudan y acompañan a mujeres que no han tenido oportunidades. «Todo lo vamos a lograr juntas», expresó.

Majo tomó la decisión de tapar una cicatriz que tiene en la parte baja de su abdomen. «Hace años me realicé una cirugía bariátrica y adelgacé muchos kilos y hace dos años me realizaron una operación de remoción de piel. Me quedó una cicatriz profunda que no me gustaba. Era un inconveniente en verano y tenía resquemor en otras cuestiones de la vida. Me molestaba verla y tuve la idea de hacerme un tatuaje. Me contacté con Romina que me acompañó y fue muy profesional. Fue todo muy cuidado.

«La idea era plasmar un cambio de vida. Fue momento muy importante para mí. Estoy feliz, siento que cerré un ciclo«, expresó.

Romina se realizó una mandala alrededor de su ombligo luego de una cesárea por medio de la cual su ombligo se expandió. «Yo sentía mucha ansiedad, sabía que iba a doler, pero iba a ser gratificante tapar las estrías. Hay algunas mamás que las aman porque es un recuerdo de sus hijos, pero no es mi caso. Ahora tengo una hermosa mandala y sigo haciéndome lo que me gusta».

Sus clientas se hicieron “adictas” a la tinta y siguen yendo para “decorar” su cuerpo. Hoy en día Romina anima a quellas personas que aún no se animan.

“Todos tenemos una segunda, una tercera, una cuarta oportunidad para sentirnos en nuestro mejor auge emocional, porque podemos sentirnos bien físicamente y tener una cicatriz que nos carcome la cabeza. Hay una opción que puede ser arreglarla, maquillarla con tatuajes. Se puede, hay muchas opciones. Se lo merecen, no importa lo que los demás piensen”, finalizó.


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