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Sólo el 38% de varones jóvenes reconoce la violencia de género

A la mayoría de los varones les cuesta identificar y condenar conductas y actitudes relacionadas con violencia sexual según un relevamiento que realizó una ONG entre adolescentes de cinco distritos del país. Recomendaciones y advertencias



COMPORTAMIENTOS

“El 80 por ciento de las chicas reconoce y rechaza la violencia sexual y en los varones, ese porcentaje es sólo del 38 por ciento, uno de los datos significativos que nos muestra que la igualdad de géneros está pendiente en las relaciones afectivas de las nuevas generaciones”, afirma Lucila Trufo, comunicadora de la asociación civil Trama, ong que junto al Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas realizó la investigación “Jóvenes, las relaciones de pareja y malos tratos en el noviazgo”.

Laura Rozados, integrante de un programa de extensión de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) que dictó talleres durante más de una década en la provincia para prevenir la violencia entre novios adolescentes, hizo una observación con respecto al concepto de violencia sexual.

“Hay que ver qué están entendiendo por violencia sexual, porque puede ser –acotó- que entiendan que se trata solamente de una violación. Pero, la presión para tener una relación también es violencia. Hay muchas situaciones que no están visualizadas como situaciones de violencia sexual”, advirtió.

En ese sentido, ejemplificó diciendo que en algunos casos las chicas acceden a tener una relación sexual debido al miedo a perder su pareja.

Sin dudas, lo que más se visibiliza es la violencia física mientras que otras pasan inadvertidas, como es el caso de la violencia psicológica o verbal, o inclusive la violencia económica y patrimonial.

“Por eso, cuando se consulta sobre violencia sexual es probable que se piense en las más cruentas, como las violaciones. Las otras no se reconocen”, insistió Rozados.

Además, llamó la atención sobre los controles que ejerce generalmente un miembro de la pareja sobre el otro, tanto mujeres como varones. “Lo del control se ve cada vez más, a través de la tecnología, como el celular o las redes sociales. Son las situaciones que se siguen viendo con más frecuencia y no son registradas como situaciones de violencia: por el contrario, se cree que una pareja que cela es una pareja que quiere, una pareja que controla es alguien que protege. No se reconoce que es lo contrario, ni se advierten los efectos que eso tiene sobre la persona. Alguien que está siendo controlado termina atormentado por ese control y entra en una situación de entrampamiento de la que les resulta difícil salir”, explicó.

Se trata de convicciones que se derivan de la concepción del amor romántico que está fuertemente internalizado en el imaginario colectivo.

“Hay un aparato de reproducción de esos esquemas que funciona a través de la familia, los medios de comunicación, las redes sociales, las canciones, las películas. Toda la industria cultural reproduce ese modelo de amor y va más allá del tipo de pareja”, aseguró.

Recomendaciones

Cuando se le consultó sobre cuál es la recomendación para padres y docentes frente a un caso de violencia entre novios adolescentes, Rozados remarcó la necesidad de tener en cuenta que les resulta muy difícil terminar una relación.

“Los jóvenes en esos casos necesitan acompañamiento, por lo general no saben cómo hacerlo. En este sistema sociocultural del patriarcado lo más fácil es prohibir o sancionar y eso no sirve, porque lo más probable es que terminen mintiendo”, aseguró.

En cambio, lo recomendable es sostener un acompañamiento y buscar ayuda si es necesario, para poder facilitarles “que se vayan dando cuenta cuál es la situación que están viviendo y puedan tomar su decisión sin que sea la decisión de los padres”.

La violencia física está clara para los adolescentes

“Yo tengo un montón de amigas a las que el novio les pega, están hace un montón de años pero no quieren dejar por miedo a que el chabón le pegue, le haga algo”, aportó una joven en uno de los grupos participativos, recupera Laura Rozados.

Su testimonio es parte del 80 por ciento que consideró que una bofetada en una discusión de pareja es un hecho grave, mientras que el 85,2 por ciento de las mujeres identificó los riesgos de una amenaza de golpe, pero en los varones esta percepción bajó casi 13 puntos porcentuales.

“Salvo la violencia explícita, a los chicos les costó identificar los malos tratos psicológicos. Creemos que ahí reside el desafío de las intervenciones para prevenir y erradicar la violencia de género en las parejas jóvenes”, aportó la indagación.

“¿Quién propone ir al telo?”, preguntó una de las coordinadoras de los grupos de reflexión que realizó la asociación civil Trama, y la mayoría de las chicas contestó que es el hombre el que decide, que hay que ir porque si no él va con otra. En este orden, otra conclusión de la investigación es que a las mujeres “se les sigue pidiendo que ejerzan un rol de control de ese impulso masculino”.

El efecto del control sobre la pareja, potenciado por las redes sociales, fue sintetizado por una de las jóvenes. “Él me controlaba mucho y quería la contraseña de mi Facebook para borrar a los que yo tenía. Y yo le decía: ‘No, entrás a mi muro todos los días’. Era mucho control, yo me sentía asfixiada”.

Ellos, mayoritariamente, siguen actuando en sus relaciones afectivas “en base a roles tradicionales, donde la mujer es sumisa, se ocupa de la casa, a pesar de ser hijos de madres que trabajan fuera del hogar y son estudiantes”, explicó Mónica Trufo, quien coordinó el trabajo. Durante las charlas con los jóvenes fue “unánime la opinión de que a las mujeres no hay que pegarles porque eso los hace menos hombres, los degrada en su masculinidad”, concluyó el estudio.

Pero la falta de identificación de la violencia sexual por parte de la mayoría de los encuestados “es un indicador de las diferencias de roles de género y el ejercicio de poder sobre los cuerpos y los deseos sexuales de las mujeres”, señaló la comunicadora.

Agencias


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