“Suerte de azar”

Redacción

Por Redacción

La siguiente nota fue enviada a la directora de nivel secundario Marta Seguel y a la de escuelas técnicas EPJA Eliana Silva, a la secretaria de nivel medio Silvia Costantino y a las supervisoras de educación secundaria zonas I, II y III, Sras. Liliana Galliano, Andrea Pietro y Marcela Guidetto: Quiero manifestar mi malestar por la manera en la que se realiza la elección e inscripción en el nivel medio para el ingreso a primer año de nuestros hijos. En las respectivas reuniones informativas que se realizaron para orientar a los padres en la elección de una escuela secundaria para sus hijos se puntualizó en que cada turno es una opción. ¿Información mala, errónea o que denota la falta de previsión? Se remarcó que el alumno podía ir a sorteo por el simple hecho de no haber elegido el turno correcto, por eso era recomendable optar por los dos turnos. En muchas escuelas y a muchos alumnos les ha ocurrido que se quedaron sin la segunda opción porque todas las vacantes se cubren en el sorteo de la primera. Pregunto: ¿cómo puede haber segunda opción si ya no existen vacantes? ¿No sería correcto dejar algunas vacantes para que aquellos que no salieron sorteados en la primera opción y eligieron la misma escuela en otro turno tuvieran la posibilidad de entrar en el segundo sorteo? ¿Para qué (remarco: ¡para qué!) indican que cada turno es una opción, si al optar por el contrario en un mismo establecimiento todas las vacantes se cubren en el primer sorteo? Realmente siento indignación por la forma en la que se designa el establecimiento secundario al que concurrirán nuestros hijos. No se tiene en cuenta la trayectoria escolar del niño, no interesa el comportamiento académico de cada uno de los ingresantes con respecto al desempeño escolar, la aprobación, reprobación, promedio logrado, etc., a lo largo del ciclo escolar primario, para evitar que queden rezagados o abandonen luego sus estudios secundarios. No importa el perfil del ingresante, basta con cubrir las vacantes, aunque esto genere luego deserción de alumnos o cambios de una a otra escuela porque “no era lo que yo pensaba”, “no me gusta”, “es mucho”. Basta con esperar un par de meses para que estos movimientos empiecen a darse y pueda así surgir un espacio para que mi hijo (y otros alumnos con intereses similares) ingrese a la escuela que eligió. Y me cuestiono por qué, ¿por qué debe esperar a que quien salió favorecido por un sorteo al azar se dé cuenta de que la escuela no era lo que pensaba, que no le gusta, que es mucho? Remarco mi malestar y es subyacente el motivo: mi hijo no quedó en el sorteo de primera opción y no tiene “chances” en el de la segunda porque optó por la misma escuela en el turno contrario. De esta manera, y por efecto dominó, ninguna de las ocho opciones que eligió es factible y no tiene otra opción que “caer” en una de las escuelas secundarias “no tan demandadas”, aunque esto implique que quede lejos de nuestro domicilio, no cumpla con sus expectativas de plan de estudios y no se hayan tenido en cuenta sus elecciones e intereses. En síntesis, mi hijo, como otros tantos, no es más que un número que hay que ubicar para rellenar una matrícula, ya que las otras están colmadas. La finalidad de la presente es justamente que se revea esta situación. María Angélica Goncebatt DNI 23.628.005 – Roca

“Siento indignación por la forma en la que se designa el secundario al que concurrirán”.


La siguiente nota fue enviada a la directora de nivel secundario Marta Seguel y a la de escuelas técnicas EPJA Eliana Silva, a la secretaria de nivel medio Silvia Costantino y a las supervisoras de educación secundaria zonas I, II y III, Sras. Liliana Galliano, Andrea Pietro y Marcela Guidetto: Quiero manifestar mi malestar por la manera en la que se realiza la elección e inscripción en el nivel medio para el ingreso a primer año de nuestros hijos. En las respectivas reuniones informativas que se realizaron para orientar a los padres en la elección de una escuela secundaria para sus hijos se puntualizó en que cada turno es una opción. ¿Información mala, errónea o que denota la falta de previsión? Se remarcó que el alumno podía ir a sorteo por el simple hecho de no haber elegido el turno correcto, por eso era recomendable optar por los dos turnos. En muchas escuelas y a muchos alumnos les ha ocurrido que se quedaron sin la segunda opción porque todas las vacantes se cubren en el sorteo de la primera. Pregunto: ¿cómo puede haber segunda opción si ya no existen vacantes? ¿No sería correcto dejar algunas vacantes para que aquellos que no salieron sorteados en la primera opción y eligieron la misma escuela en otro turno tuvieran la posibilidad de entrar en el segundo sorteo? ¿Para qué (remarco: ¡para qué!) indican que cada turno es una opción, si al optar por el contrario en un mismo establecimiento todas las vacantes se cubren en el primer sorteo? Realmente siento indignación por la forma en la que se designa el establecimiento secundario al que concurrirán nuestros hijos. No se tiene en cuenta la trayectoria escolar del niño, no interesa el comportamiento académico de cada uno de los ingresantes con respecto al desempeño escolar, la aprobación, reprobación, promedio logrado, etc., a lo largo del ciclo escolar primario, para evitar que queden rezagados o abandonen luego sus estudios secundarios. No importa el perfil del ingresante, basta con cubrir las vacantes, aunque esto genere luego deserción de alumnos o cambios de una a otra escuela porque “no era lo que yo pensaba”, “no me gusta”, “es mucho”. Basta con esperar un par de meses para que estos movimientos empiecen a darse y pueda así surgir un espacio para que mi hijo (y otros alumnos con intereses similares) ingrese a la escuela que eligió. Y me cuestiono por qué, ¿por qué debe esperar a que quien salió favorecido por un sorteo al azar se dé cuenta de que la escuela no era lo que pensaba, que no le gusta, que es mucho? Remarco mi malestar y es subyacente el motivo: mi hijo no quedó en el sorteo de primera opción y no tiene “chances” en el de la segunda porque optó por la misma escuela en el turno contrario. De esta manera, y por efecto dominó, ninguna de las ocho opciones que eligió es factible y no tiene otra opción que “caer” en una de las escuelas secundarias “no tan demandadas”, aunque esto implique que quede lejos de nuestro domicilio, no cumpla con sus expectativas de plan de estudios y no se hayan tenido en cuenta sus elecciones e intereses. En síntesis, mi hijo, como otros tantos, no es más que un número que hay que ubicar para rellenar una matrícula, ya que las otras están colmadas. La finalidad de la presente es justamente que se revea esta situación. María Angélica Goncebatt DNI 23.628.005 - Roca

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