Szlapelis en carro, auto y máquina voladora 20-4-03
Szlapelis en 1973, en Colonia Sarmiento, Chubut, en charla con el autor de esta nota y otros amigos. La modestia personal pero a la vez su vida de audacias sumada al desprendimiento y generosidad con que la asumió, hicieron que el lituano Casimiro Szlapelis trascendiera mucho más allá de lo que publiqué en Siete Días a mediados de los ´70 centrado en sus bombardeos de caramelos a las escuelas rurales de Colonia Sarmiento. A bordo de El Chimango, era el piloto civil en actividad más viejo del país con casi 90 años. Después que apareció «En la Patagonia», el libro de Bruce Chatwin, su leyenda rodó por el mundo. Incluso ahora: la nota publicada el domingo pasado en esta misma página, derivó en muchos correos electrónicos que demuestran la vigencia de Szlapelis. Por ejemplo Sergio Acosta de Patagones aseguró que su padre, Angel Gustavo de 83 años, fue un instructor de vuelo con licencia N° 20 que conoció y frecuentó a Szlapelis. En otro e-mail Pablo Bustelo me dijo con emoción haber leído la misma nota por Internet desde el Puerto de Santa María de Cádiz, donde reside. Por haber vivido un tiempo en Comodoro Rivadavia conoció varias anécdotas de don Casimiro que suele relatar allá en España. Me incluyó una que aquí agrego. Niebla rastrera Sucedió cuando varios pilotos del Chubut fueron invitados a un gran asado en una estancia a la que acudieron con sus máquinas voladoras. Todos esperaban a Szlapelis mientras los costillares se doraban cuando apareció en lo alto El Chimango. Los asistentes pasaron de la algarabía a la sorpresa porque Szlapelis hacía sobrevuelos pero no acertaba aterrizar. Cuando, con dificultades, el viejo piloto lo logró, los alborozados saludos no impidieron la pregunta sobre qué le había pasado. «La niebla» dijo Szlapelis. «Pero si es un día espléndido» le aclaró el coro que lo rodeaba. Ahí fue cuando don Casimiro cayó en la cuenta de que tenía puestos los anteojos de leer: así no veía a un metro. En el reportaje que le hice en 1973 Szlapelis contó otras historias aéreas, pero desechó algunas que le atribuían, como que ataba partes del avioncito con alambres y hasta tenía una reparación con lona («admito que una vez un alambre me salvó» me dijo en tono más bajo). Lo que es cierto es que volaba a poncho porque había anulado la calefacción de la cabina a fin de elevar la temperatura del motor: «si no en invierno se me escarchaba el carburador», explicó mostrando una foto en vestimenta gaucha. Además de los bombardeos con caramelos, su avioneta estuvo siempre a disposición de actos solidarios y traslados de enfermos. «También tuve que simular bombardeos bélicos». Para que la memoria acudiera intacta, don Casimiro estiró con los pulgares sus infaltables tiradores. Hamacó levemente su cabeza encasquetada en su clásico sombrero de paja y relató su alistamiento militar. «Fueron los oficiales del regimiento 25 asentado acá en Sarmiento quienes me lo propusieron en ocasión de unas maniobras militares en la región» confesó. Al aceptar la propuesta el cuartel lo proveyó de combustible y bolsitas con harina. Una breve instrucción táctica llevó a este viejo poblador a atacar a tropas supuestamente enemigas, elegir el lugar y momento para emprender el descenso en picada y bombardear. Pero «quise estar seguro que no me tirarían con ametralladoras y como parece que me mostré dudoso, entonces me pusieron un oficial en el avión. Y el resultado debe haber sido bueno porque después siempre me llamaron». Del carro al automóvil El día que lo conocí, 29 años atrás, dos amigos me esperaron el aeropuerto de Comodoro Rivadavia y recorrimos los 160 kilómetros hasta Sarmiento que mi entrevistado, poco después me contó haberlo superado por primera vez en 6 días. «Fue en un carro con mi padre y hermanos en 1903 después de haber llegado en el transporte nacional 1º de Mayo», me dijo aclarándome que el camino se hacía entrelazando aguadas y pastaje para los animales. Enseguida me di cuenta que estaba frente al testimonio vivo más valioso de la región, ya que el aeropuerto en el que acababa de aterrizar estaba en el lugar que en 1929 él mismo hizo los primeros alistamientos como pistas, «un triángulo de mil metros de lado que trazamos con un hermano con una rastra tirada por un Ford y en donde en noviembre de ese año aterrizaron los primeros vuelos de la Aeroposta». Eran dos aviones Laté (25 y 28) de 4 y 6 pasajeros. Desde entonces hasta el 15 de octubre de 1972 en que Szlapelis en el Aeroparque Jorge Newbery le estrechó la mano a los astronautas Donald Slayton y James Lovell «no sólo viví apasionado por volar sino que abarqué una increíble historia de progreso tecnológico». ¿Cómo fue a dar este lituano en la Patagonia? Nació en Kupisky el 1° de octubre de 1884, primer hijo de la mamá Sofía, la segunda esposa de Justino Szlapelis y agregado a otros hermanos del primer matrimonio. Otros nacerían en la Argentina, prole sumada de 8 varones y dos mujeres. En Lituania, que vivía bajo el opresivo régimen del Zar, estalló un movimiento de liberación ahogado con fusilamientos y destierro. «Mi abuelo fue llevado a Siberia y de allí escapó a Japón. Finalmente llegó a la Argentina y se estableció en Entre Ríos». Arrancar de culata Cuando la familia decidió seguir al abuelo rebelde, Casimiro tenía un año de edad. Pero muy pronto el abuelo aceptó un cuarto de legua (625 Has.) que el gobierno entregaba en la Colonia Pastoril Sarmiento. Parte de la familia lo siguió, incluso algunos hermanos mayores de Casimiro. El resto marchó a la Patagonia sólo cuando una manga de langostas devastó campos en Gualeguaychú y «sólo se salvó el alambrado. En el barco a la Patagonia viajamos con presos a Ushuaia que los hacían pelar papas». Casimiro tenía 9 años cuando llegó «al hermosísimo valle del Senguer». Fue a la escuela 22 pero lo mandaron a Comodoro para estudiar con el maestro Isidro Quiroga. Su inquieto abuelo ya se había ido nuevamente pero murió apenas embarcado, por lo que fue enterrado en Puerto Madryn. En Sarmiento, aunque lo deslumbraba la tecnología de cuanto aparato estaba a su alcance, Casimiro se hizo labriego y esquilador, conoció a los aborígenes, sus costumbres y lonkomeos. En Comodoro «vi llegar a los Boers con sus negritos esclavos que aquí fueron liberados». Para 1917 su hermano José compró un proyector de cine Edison y Casimiro fue el operador de una única película que repetía los sábados a 60 centavos la función, ganancia del hotelero («pero yo comía gratis en el hotel toda la semana»). A los 33 años recibió la propuesta de un ingeniero Larrea (de la firma española Larrea, Ortega y Rodilla) para ser chofer de un automóvil que uniría Sarmiento con Comodoro. Adujo no saber manejar pero le proveyeron del manual del auto y «porque si manejas el chirimbolo del cine podrás con el auto». Pero apenas lo arrancó tuvo que pagar botellas y frascos destrozados al meterse de culata en una almacén de ramos generales. Corría 1917 y se venía la huelga petrolera. • De Río Negro al Senado. El 20 de abril de 1903 los vecinos de Choele Choel colmaron de felicitaciones al gobernador José Eugenio Tello: el jujeño acababa de ser elegido senador por su provincia natal. Sus 9 años de gobierno conformaron a los rionegrinos que sospechaban conseguir ventajas desde el Senado Nacional. • Canal Galés. También en esta semana de hace un siglo el canal de los galeses en la Isla Grande de Choele Choel tenía cavados 10 kilómetros de 16 metros de ancho en superficie, 6 en el fondo y 3 de profundidad. Trabajaban 20 palas automáticas arrastradas por 4 caballos o mulas. Cada pala levantaba 200 kilos de tierra. • Fotos Dupuy. A pedido del ingeniero Pedro Vincent, explorador del Río Negro y del Chubut, los trabajos del canal fueron registrados por el fotógrafo Alfredo Dupuy. • Gobernador a Telsen. Según El Diario del 22 de abril de 1903, esa misma mañana partió «para Elsen (por Telsen) el nuevo gobernador Lezana». El telegrama de Rawson aclaraba que iba de gira y volvería a los 9 días. • Neuquén intervenida. Según el Tribuna del 22 de abril de 1903 la noticia de que se acercaba a Chos Malal el carruaje que traía al interventor nacional a raíz de las denuncias de los vecinos, estos consiguieron medios de locomoción para esperarlo una legua antes de cruzar el río Neuquén. • El País al frente. La caravana que marchó a encontrarse con el interventor Gallardo la encabezó el corresponsal de El País que había publicado la mayor denuncia contra el gobernador Alsina. Lo acompañaban los fuertes comerciantes Enrique Dewy, Salvador C. Trotta -principal denunciante-, Andrés Besabe, José Barletti y vecinos de todas las clases sociales. • Tribuna curiosa. Verdadero interrogatorio descargó el corresponsal del Tribuna (el 22 de abril de 1903) al interventor Gallardo, aclamado en Chos Malal. Le intrigó no se alojara en el único hotel de Manderils y lo hiciera en la gobernación. Pero Gallardo decidió recibir denuncias y que «si en medio de la plaza me hubiera podido instalarme, así lo hubiera hecho». • Ghigliani periodista. El secretario que el interventor llevó a Chos Malal dejó su porteña labor de periodista en El Tiempo. Preparó el cartel con horarios para las denuncias de los vecinos a partir del 23 de abril. También mostró la división de la casa gubernamental que no comunicaba al interventor con las autoridades. Alsina renunciaría unos meses más tarde. » «(Continuará
fnjuarez@interlink.com.
Szlapelis en 1973, en Colonia Sarmiento, Chubut, en charla con el autor de esta nota y otros amigos. La modestia personal pero a la vez su vida de audacias sumada al desprendimiento y generosidad con que la asumió, hicieron que el lituano Casimiro Szlapelis trascendiera mucho más allá de lo que publiqué en Siete Días a mediados de los ´70 centrado en sus bombardeos de caramelos a las escuelas rurales de Colonia Sarmiento. A bordo de El Chimango, era el piloto civil en actividad más viejo del país con casi 90 años. Después que apareció "En la Patagonia", el libro de Bruce Chatwin, su leyenda rodó por el mundo. Incluso ahora: la nota publicada el domingo pasado en esta misma página, derivó en muchos correos electrónicos que demuestran la vigencia de Szlapelis. Por ejemplo Sergio Acosta de Patagones aseguró que su padre, Angel Gustavo de 83 años, fue un instructor de vuelo con licencia N° 20 que conoció y frecuentó a Szlapelis. En otro e-mail Pablo Bustelo me dijo con emoción haber leído la misma nota por Internet desde el Puerto de Santa María de Cádiz, donde reside. Por haber vivido un tiempo en Comodoro Rivadavia conoció varias anécdotas de don Casimiro que suele relatar allá en España. Me incluyó una que aquí agrego. Niebla rastrera Sucedió cuando varios pilotos del Chubut fueron invitados a un gran asado en una estancia a la que acudieron con sus máquinas voladoras. Todos esperaban a Szlapelis mientras los costillares se doraban cuando apareció en lo alto El Chimango. Los asistentes pasaron de la algarabía a la sorpresa porque Szlapelis hacía sobrevuelos pero no acertaba aterrizar. Cuando, con dificultades, el viejo piloto lo logró, los alborozados saludos no impidieron la pregunta sobre qué le había pasado. "La niebla" dijo Szlapelis. "Pero si es un día espléndido" le aclaró el coro que lo rodeaba. Ahí fue cuando don Casimiro cayó en la cuenta de que tenía puestos los anteojos de leer: así no veía a un metro. En el reportaje que le hice en 1973 Szlapelis contó otras historias aéreas, pero desechó algunas que le atribuían, como que ataba partes del avioncito con alambres y hasta tenía una reparación con lona ("admito que una vez un alambre me salvó" me dijo en tono más bajo). Lo que es cierto es que volaba a poncho porque había anulado la calefacción de la cabina a fin de elevar la temperatura del motor: "si no en invierno se me escarchaba el carburador", explicó mostrando una foto en vestimenta gaucha. Además de los bombardeos con caramelos, su avioneta estuvo siempre a disposición de actos solidarios y traslados de enfermos. "También tuve que simular bombardeos bélicos". Para que la memoria acudiera intacta, don Casimiro estiró con los pulgares sus infaltables tiradores. Hamacó levemente su cabeza encasquetada en su clásico sombrero de paja y relató su alistamiento militar. "Fueron los oficiales del regimiento 25 asentado acá en Sarmiento quienes me lo propusieron en ocasión de unas maniobras militares en la región" confesó. Al aceptar la propuesta el cuartel lo proveyó de combustible y bolsitas con harina. Una breve instrucción táctica llevó a este viejo poblador a atacar a tropas supuestamente enemigas, elegir el lugar y momento para emprender el descenso en picada y bombardear. Pero "quise estar seguro que no me tirarían con ametralladoras y como parece que me mostré dudoso, entonces me pusieron un oficial en el avión. Y el resultado debe haber sido bueno porque después siempre me llamaron". Del carro al automóvil El día que lo conocí, 29 años atrás, dos amigos me esperaron el aeropuerto de Comodoro Rivadavia y recorrimos los 160 kilómetros hasta Sarmiento que mi entrevistado, poco después me contó haberlo superado por primera vez en 6 días. "Fue en un carro con mi padre y hermanos en 1903 después de haber llegado en el transporte nacional 1º de Mayo", me dijo aclarándome que el camino se hacía entrelazando aguadas y pastaje para los animales. Enseguida me di cuenta que estaba frente al testimonio vivo más valioso de la región, ya que el aeropuerto en el que acababa de aterrizar estaba en el lugar que en 1929 él mismo hizo los primeros alistamientos como pistas, "un triángulo de mil metros de lado que trazamos con un hermano con una rastra tirada por un Ford y en donde en noviembre de ese año aterrizaron los primeros vuelos de la Aeroposta". Eran dos aviones Laté (25 y 28) de 4 y 6 pasajeros. Desde entonces hasta el 15 de octubre de 1972 en que Szlapelis en el Aeroparque Jorge Newbery le estrechó la mano a los astronautas Donald Slayton y James Lovell "no sólo viví apasionado por volar sino que abarqué una increíble historia de progreso tecnológico". ¿Cómo fue a dar este lituano en la Patagonia? Nació en Kupisky el 1° de octubre de 1884, primer hijo de la mamá Sofía, la segunda esposa de Justino Szlapelis y agregado a otros hermanos del primer matrimonio. Otros nacerían en la Argentina, prole sumada de 8 varones y dos mujeres. En Lituania, que vivía bajo el opresivo régimen del Zar, estalló un movimiento de liberación ahogado con fusilamientos y destierro. "Mi abuelo fue llevado a Siberia y de allí escapó a Japón. Finalmente llegó a la Argentina y se estableció en Entre Ríos". Arrancar de culata Cuando la familia decidió seguir al abuelo rebelde, Casimiro tenía un año de edad. Pero muy pronto el abuelo aceptó un cuarto de legua (625 Has.) que el gobierno entregaba en la Colonia Pastoril Sarmiento. Parte de la familia lo siguió, incluso algunos hermanos mayores de Casimiro. El resto marchó a la Patagonia sólo cuando una manga de langostas devastó campos en Gualeguaychú y "sólo se salvó el alambrado. En el barco a la Patagonia viajamos con presos a Ushuaia que los hacían pelar papas". Casimiro tenía 9 años cuando llegó "al hermosísimo valle del Senguer". Fue a la escuela 22 pero lo mandaron a Comodoro para estudiar con el maestro Isidro Quiroga. Su inquieto abuelo ya se había ido nuevamente pero murió apenas embarcado, por lo que fue enterrado en Puerto Madryn. En Sarmiento, aunque lo deslumbraba la tecnología de cuanto aparato estaba a su alcance, Casimiro se hizo labriego y esquilador, conoció a los aborígenes, sus costumbres y lonkomeos. En Comodoro "vi llegar a los Boers con sus negritos esclavos que aquí fueron liberados". Para 1917 su hermano José compró un proyector de cine Edison y Casimiro fue el operador de una única película que repetía los sábados a 60 centavos la función, ganancia del hotelero ("pero yo comía gratis en el hotel toda la semana"). A los 33 años recibió la propuesta de un ingeniero Larrea (de la firma española Larrea, Ortega y Rodilla) para ser chofer de un automóvil que uniría Sarmiento con Comodoro. Adujo no saber manejar pero le proveyeron del manual del auto y "porque si manejas el chirimbolo del cine podrás con el auto". Pero apenas lo arrancó tuvo que pagar botellas y frascos destrozados al meterse de culata en una almacén de ramos generales. Corría 1917 y se venía la huelga petrolera. • De Río Negro al Senado. El 20 de abril de 1903 los vecinos de Choele Choel colmaron de felicitaciones al gobernador José Eugenio Tello: el jujeño acababa de ser elegido senador por su provincia natal. Sus 9 años de gobierno conformaron a los rionegrinos que sospechaban conseguir ventajas desde el Senado Nacional. • Canal Galés. También en esta semana de hace un siglo el canal de los galeses en la Isla Grande de Choele Choel tenía cavados 10 kilómetros de 16 metros de ancho en superficie, 6 en el fondo y 3 de profundidad. Trabajaban 20 palas automáticas arrastradas por 4 caballos o mulas. Cada pala levantaba 200 kilos de tierra. • Fotos Dupuy. A pedido del ingeniero Pedro Vincent, explorador del Río Negro y del Chubut, los trabajos del canal fueron registrados por el fotógrafo Alfredo Dupuy. • Gobernador a Telsen. Según El Diario del 22 de abril de 1903, esa misma mañana partió "para Elsen (por Telsen) el nuevo gobernador Lezana". El telegrama de Rawson aclaraba que iba de gira y volvería a los 9 días. • Neuquén intervenida. Según el Tribuna del 22 de abril de 1903 la noticia de que se acercaba a Chos Malal el carruaje que traía al interventor nacional a raíz de las denuncias de los vecinos, estos consiguieron medios de locomoción para esperarlo una legua antes de cruzar el río Neuquén. • El País al frente. La caravana que marchó a encontrarse con el interventor Gallardo la encabezó el corresponsal de El País que había publicado la mayor denuncia contra el gobernador Alsina. Lo acompañaban los fuertes comerciantes Enrique Dewy, Salvador C. Trotta -principal denunciante-, Andrés Besabe, José Barletti y vecinos de todas las clases sociales. • Tribuna curiosa. Verdadero interrogatorio descargó el corresponsal del Tribuna (el 22 de abril de 1903) al interventor Gallardo, aclamado en Chos Malal. Le intrigó no se alojara en el único hotel de Manderils y lo hiciera en la gobernación. Pero Gallardo decidió recibir denuncias y que "si en medio de la plaza me hubiera podido instalarme, así lo hubiera hecho". • Ghigliani periodista. El secretario que el interventor llevó a Chos Malal dejó su porteña labor de periodista en El Tiempo. Preparó el cartel con horarios para las denuncias de los vecinos a partir del 23 de abril. También mostró la división de la casa gubernamental que no comunicaba al interventor con las autoridades. Alsina renunciaría unos meses más tarde. " "(Continuará
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